Gentes de la Sierra de Béjar en Dos Hermanas (I)

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Béjar

Se me va a permitir que, igual que la semana pasada hablé de la Venta de la Pelá, propiedad de mi bisabuela, dedique hoy este artículo a la familia de mi padre, establecida en nuestro pueblo. Proviene mi familia paterna del lugar de Puerto de Béjar en el partido judicial y comarca de la ciudad de Béjar en la provincia de Salamanca y obispado de Plasencia. Es el pueblo de mis mayores un bello pueblo de la Sierra de Béjar que durante un período muy grande de su historia fue un importante centro fabril con fábricas de curtidos y almacenes de madera –propiedad estos últimos de mi familia-que lo hicieron un caso único en Castilla-León de lugar industrial de tamaño pequeño, como dicen los historiadores que han analizado este caso singular.

Era mi abuelo Germán Calderón Miña, nacido el 31 de julio de 1894 en la calle  Quemada y bautizado el 4 de agosto del mismo año por el párroco don Juan Peña Sánchez en la única Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción del lugar. Su padre era Manuel Calderón Sánchez-Morales de oficio calderero y su madre Julia Camila Miña García, hijos respectivamente de Juan Calderón Calderón y Juana Sánchez-Morales Esteban y de Domingo Miña Blázquez y Mariana García Martín. Todos eran naturales de Puerto de Béjar menos su abuelo paterno Giovanni Calderaro, que los curas de Puerto convirtieron en sus partidas en Calderero y Calderón, natural de la Parroquia de San Giuseppe del lugar de San Constantino en la ciudad de Rivello en la Basilicata del antiguo reino de Nápoles. Era de profesión calderero. Hay que recordar que la bella Rivello era ciudad muy rica por la existencia de numerosos artesanos, que compraron dos veces la libertad al duque de San Severino.  En cuanto a mi abuela era María Martín Lomo, natural también de Puerto, nacida el 25 de enero de 1892, festividad de la Conversión de San Pablo, en la calle del Humilladero –conocida popularmente por Portugalillo- y bautizada el 31 del mismo mes, hija de Martín Martín Seoane de oficio carpintero y de Engracia Lomo Muñoz de la Hoya, hijos de Antonio Martín González y de Juana Seoane Hernández y de José Lomo González y de Facunda Muñoz de la Hoya Hernández-Mollón. Mi tatarabuelo José Lomo era arriero y mi tatarabuela Facunda Muñoz de la Hoya la adinerada panadera de la calle Mayor.

En nuestro pueblo de origen los Calderón eran artesanos, familia de pocos recursos, aunque mis tatarabuelos tenían un criado llamado Ramón Palacín. En cuanto a los Martín era una de las familias más adineradas del pueblo por la posesión, como hemos dicho de almacenes de maderas, aparte de ser mi tatarabuela Juana Seoane- cuyo padre era de La Gudiña en la provincia y obispado de Orense- una de las mayores hacendadas del lugar. Uno de los hermanos de mi bisabuelo Julián Martín Seoane, mozo soltero y dueño de un almacén de maderas, fue alcalde del lugar y gran contribuyente al igual que sus dos hermanos –mi bisabuelo Martín y su hermano Francisco ambos carpinteros- también estaban en la lista de los cuarenta mayores contribuyentes, en un pueblo donde existían dos familias muy ricas y potentes en la comarca e incluso la nación como eran los Gregorio y los Harguindey, estos últimos de origen vasco francés, fabricantes de curtidos y emparentadas con las grandes familias de Plasencia –Silvas y Delgados- y con los Olleros de la rica Béjar.

Pues bien, mis abuelos casaron el 9 de septiembre de 1920. Ella tenía treinta años y él veintiocho. Los casó el párroco don Florentino Gómez. Mi abuelo trabajaba en una fábrica de la que se fue para montar un negocio de camiones con su cuñado Miguel Mazo –esposo de su hermana Dominica-. Después se rompió la sociedad y quiso volver a la fábrica donde no fue readmitido. Trabajó entonces para peón del ayuntamiento hasta que su amigo Eusebio González Martín, rico empresario del lugar –posterior en su fortuna a los antedichos Gregorio y Harguindey-  y cuya familia debía favores a nuestro tío Julián que fueron ampliamente correspondidos, lo contrató para su imperio maderero. Primero vivió con su mujer y sus hijos en Aldeanueva del Camino, lugar de la provincia de Cáceres y que tenía dos parroquias, San Servando del obispado de Coria y Nuestra Señora del Olmo del obispado de Plasencia, para luego pasar de encargado al importantísimo almacén de maderas de Dos Hermanas, situado primero en la calle Isaac Peral- vulgo la Cuesta de los Marchaos- y luego en la Avenida de Andalucía, vulgo la Carretera Vieja. Era éste un almacén de maderas y tonelería importantísimo donde trabajaron muchísimos toneleros nazarenos, que todavía recuerdan a mi abuelo y a su familia.

Mis abuelos se establecieron primero en la calle Real Utrera, en la casa que precisamente ocupa hoy la Capilla de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder. Luego, pasaron al almacén de la Cuesta de los Marchaos, donde vivían también Alberto García, natural de Aldeanueva del Camino, y su mujer María González Martín, hermana de Eusebio González. Por último, compraron la casa de la calle San Alberto, que hasta hoy ha sido propiedad de la familia y donde reside el autor de estas líneas. Entraron así en una de las calles más antiguas del pueblo.

Los hijos de mi abuelo  fueron tres, todos varones. Mi tío Alfredo, el mayor, nació el 6 de enero de 1924, siendo bautizado el 20 del mismo mes y año. Fue jefe del almacén en Eusebio González y luego trabajó con Miguel Espina Martín, de la gente de los Chaparrejos. Casó con la nazarena Paula Carrillo Correa, hija de Vicente Carrillo Sánchez y Justa Correa Entonado, criada en la desaparecida Huerta de San Agustín, propiedad que fue de José Agustín Baena de León Caro y Elena Molina de Muela, mítica camarera de la Virgen de Valme. Fue padre de mis primos Germán, interventor del Banco Comercial Trasatlántico, y Luis, jefe del almacén de maderas de Sevilla de mis primos los García-Miña. Mi tío era persona recta, muy aficionado a la música y al campo, muy vinculado también como toda la familia a su pueblo aunque quería mucho a su Dos Hermanas. Vivió en una casa familiar de la Carretera y luego en la calle Tarancón, donde murió. El segundo hijo fue mi tío Martín, que estudió mecánica en Guadalupe donde Eusebio González tenía negocios –mi tío fue hasta su muerte caballero de la Virgen de Guadalupe, una de sus grandes devociones-. Luego trabajó de chofer con los González y, por último, abrió su taller de mecánica. Casó con mi tía Josefa Bogallo Sánchez, natural de Puerto de Béjar. Sus hijos son cuatro: tres mecánicos de muy buen hacer y éxito Martín, Germán y Juan Antonio y otro administrativo, mi primo Pepe. Era mi tío persona muy sencilla, trabajadora y devota, religiosa en todos sus sentidos y muy amante también de su pueblo y de Dos Hermanas. Vivió en su casa familiar de la calle Carlos I.

En cuanto a mi padre se podría decir mucho de él. Estudió en las Escuelas del Ave María, al igual que mis tíos, y luego en los colegios de Nuestra Señora del Águila y San Pedro, de los Salesianos de Alcalá de Guadaira y Triana respectivamente. Luego estudió Perito Mercantil. Trabajó como administrativo en Eusebio González, en la banca Borrero de corresponsal y en el Banco Español de Créditos donde fue apoderado y director. Era mi padre, que merece un artículo muy largo por sus muchas vertientes, persona muy devota, habladora, aficionado a la lectura y a la música, culto y también muy amante de su pueblo. Era valmista, rociero y veracrucista, sobre todo lo último perteneciendo a las tres cofradías que dan culto a estas imágenes y ocupó muchos cargos en Vera-Cruz, entre ellos tesorero y fiscal. También era socio del casino, de la Peña Bética,  de la Peña Juan Talega y de Anidi. Participó y mucho en la vida local, siendo hoy muy recordado por todo ello.

Casó con mi madre, Francis Alonso Muñoz, hija del pelantrín, capataz y tratante de ganado Antonio Alonso Madueño y de la carnicera  Anita Muñoz Blanco, de rica  familia con carnicería en la plaza. Tuvieron un solo hijo, el autor de estas líneas, que es historiador y profesor.

Pero no he hablado apenas nada de mis abuelos y veo que se me acaba hoy el papel. Prometo hablar de ellos en la próxima entrega de este singular y entrañable artículo.

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