Tardes de fútbol y toros en Casa Murube: la llegada de la tele aumenta la clientela

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Murube
La bodega dispone de cinco bocoyes, donde se vierten los vinos suministrados por Bodegas Camacho, de Bollullos Par del Condado.

1964

La taberna, situada en calle Canónigo, es punto de encuentro de diversos gremios de Dos Hermanas

Renovarse o morir. Antonio Murube, gran amante de los refranes, ha aplicado esa máxima a su negocio. En “Vivas Hermanos” ha comprado lo último del emergente mundo de los electrodomésticos: un televisor, marca “Aspes”. El gancho de ver en directo los partidos de fútbol y las corridas de El Cordobés (el torero de moda), ha atraído aún más a la ya fiel clientela de esta taberna, que antes seguía los grandes eventos a través de la radio y ahora no se despega de la pantalla los días que televisan los toros. Incluso en los almacenes de aceitunas dan permiso para adelantar la hora de salida las tardes en que hay corrida. Los clientes de Casa Murube, integrantes de diversos gremios (yeseros, panaderos, poceros, albañiles, toneleros, transportistas, mancheneros…) cobran sus salarios los sábados, así que llegan el fin de semana con los bolsillos llenos. Si alguien dejó fiado, el sábado es día de pago. Lo del televisor ha sido, sin duda, una buena idea de Antonio.

Como tantas otras. En estos diez años (abrió en 1954) se ha hecho querer y ha sabido ganarse a la parroquia nazarena, a la que agasaja con aceitunas o altramuces (de “El Lucero”) con cada servicio. A la gran diversidad en bebidas (vinos dulce y blanco, anís dulce y seco, coñac, en los últimos años también la cerveza…) y tapeo (destaca el chorizo cocido, que prepara en su casa su esposa,  Rosario Galán; como el resto de las tapas, a 10 reales) hay que resaltar el buen ambiente creado con juegos como los dados, el rano y el hongo, en los que los perdedores pagan la convidá.  En el rano, la máxima puntación es para quien mete la ficha por la boca abierta de una rana de hierro; en el hongo (una mesa con doce “hongos” de goma y dos agujeros en los extremos) gana quien introduce sus cinco bolas en el agujero del contrario.

Antonio Murube (derecha) junto a Juanillo, tonelero y cliente de la taberna. Delante de ellos, el juego del hongo, en la bodega. Foto tomada el 2 de enero de 1963.

Otra ocurrencia de Murube ha sido la de contribuir, aceptando pequeñas cuotas, a que cada cliente pueda llevarse a casa una cajita de licores por Navidad. Como el poder adquisitivo es corto, ha creado un bote en el que cada cual aporta semanalmente lo que puede (dos o tres duros) desde septiembre, de manera que al llegar diciembre tienen casi pagadas todas las botellas. Antes de la Nochebuena se las llevan en una caja de cartón.

Casa Murube se ha convertido en un punto de encuentro en Dos Hermanas. Hoy mismo, han sido los propios clientes los que han ayudado (a cambio de una convidá de la casa) a trasegar, desde el camión rojo (marca Ebro) que ha llegado de Bollullos, el vino hasta los bocoyes de la taberna. Antes, se han lavado con agua caliente y sosa, se han enjuagado y se les ha metido la pajuela. Al mantenerse esta encendida (señal de que el lavado ha sido correcto y están desinfectados), se ha vertido el vino.

Hoy torea El Cordobés. Ha sido el gran tema de conversación esta mañana. Tras el cierre del mediodía, alguien ha colocado una silla en la puerta de Casa Murube. Para quien la divise desde lejos, es la señal de que el local está abierto, y el nuevo televisor, a punto de encenderse.

En el mostrador … ver, oír y callar

Nacido en 1927 en Los Palacios, Antonio Murube Fernández llegó a Dos Hermanas con 18 años. En calle El Ejido regentó una taberna durante cinco años, y en 1954 abrió, en calle General Franco (Canónigo), ‘Casa Murube’, en un local que antes fue patio de ganado y después droguería.

Lo primero que enseña a sus aprendices es su lema: “ver, oír y callar”, fundamental para una buena atención al cliente. Lo segundo: que no falten nunca la tiza en la oreja (para no olvidar apuntar cada servicio) y, en la cintura, el mandil, para limpiarse las manos al fregar y no salpicarse los pantalones. En la foto, tomada el año pasado (1963) junto a su ayudante Fernando Estévez, se observa el transistor de radio en la pared y, tras ellos, el frigorífico, por cuya puerta superior se introduce una barra de hielo, que enfría las bebidas al derretirse. El sueño de Antonio, ahora que ya incorporó el televisor al mobiliario, es adquirir la última moda; un frigorífico ¡eléctrico!

Murube

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