“En Irlanda explico que la bofetá de calor al salir es como abrir un microondas”

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Garreth Lee
Como tantos otros extranjeros, Garreth Lee fue acogido en Dos Hermanas como uno más. Actualmente es encargado de una pizzería.

Trabajaba de pescadero cuando entró una sevillana y se enamoró. El amor también le trajo a Dos Hermanas, donde Garreth vive desde 2005. Estas son sus vivencias

Garreth Lee se considera “un bicho raro”. Cierto es que llama la atención su acento anglosajón, intercalado con ojús y miarmas. Pero, por lo demás, este irlandés de Limerick, de 42 años, es un personaje muy integrado en Dos Hermanas. Sus dos hijos, Adam y Gema, de 12 y 10 años, son nazarenos. 

¿Qué idioma se habla en tu casa?

En casa se habla español, ten en cuenta que mi mujer, Marta, es de aquí. ¡Pero cuando me enfado sí que hablo en inglés!

¿Desde cuando vives en Dos Hermanas?  

Desde el 2005. Ya voy poco por Irlanda. Cuando voy, una vez cada dos años, es para enterrar a alguien, la última fue mi madre. Tengo mi vida completamente hecha aquí. Si yo fuera un irlandés en Irlanda, sería como Novita sin Doraemon: un pringao.

Complétame esta frase: en 1998, yo estaba trabajando en una pescadería de Irlanda cuando… 

… cuando entró a comprar pescado una sevillana de Pino Montano, Inés, que estaba allí con una beca Erasmus. Me llamó la atención y quedamos esa noche. El segundo día ya hubo beso y a los cuatro meses me cojo el primer avión de mi vida y me planto en su casa de Pino Montano. Teníamos los dos 18 años.

¿Te quedaste en su casa o en la de sus padres? 

En la de sus padres. Adoptaron a un guiri como mascota. Aquello duró un año, como los amores de verano. Pero no me fui. Alquilé un piso junto a la Torre de los Perdigones y me eché una segunda novia. Pero tampoco funcionó.Tenía yo 21 años y dos opciones: quedarme aquí ligando o irme a ahorrar manteca a Irlanda. Y eso fue lo que hice, pero me lo gasté todo en cerveza y no ahorré. Pero la vida en España me atraía, incluso me sentía un guiri en Irlanda, notaba que no encajaba, y al año y medio volví de nuevo. Conseguí trabajo en el Flaherty’s, el famoso pub de la calle Alemanes, donde fui encargado desde  el 2007 hasta el cierre en 2011. 

¿Y fue en el Flaherty’s donde apareció el amor definitivo?

Sí. El dueño me dijo que estaba montando un bar en Sotogrande, y allí me iba a ir cuando aparecieron Marta y una amiga y se pidieron un cafelito. Estaban montando las sillas de la Semana Santa. Antes de entrar, le dije a mi compi: “A las dos próximas que entren nos las ligamos”. Y así fue. Eso fue en Semana Santa de 2005 y el beso nos lo dimos en la feria. Ese año nos vinimos a Dos Hermanas y estamos casados desde el 2008.

En Dos Hermanas estoy muy integrado. Si yo viviera en Irlanda, sería como Novita sin Doraemon: un pringao

Si no te fuiste tras aquel primer fracaso amoroso es porque te gustó esto. ¿Qué es lo que más te llamó la atención de Sevilla?

Lo que más me gustó fue la gente, la forma de vivir, la multitud de temas de conversación. En Irlanda las conversaciones son monótonas. También me encanta lo de comer en la calle. Parece que las 24 horas de aquí son más que las 24 de Irlanda. 

Y lo que más me chocó fue el aire caliente. En Irlanda nunca viví esa sensación. La única manera de explicar allí lo que es la bofetá de calor al salir a la calle es decirles que es como abrir un microondas.

Con el idioma veo que no has tenido problemas…

No, y eso que soy disléxico. De leer estoy fatal, pero de labia ando bien. “Vale” es la primera palabra que un guiri aprende. Sirve para todo. Lleva pausa por delante y por detrás, pero puedes meter la pata. He tenido un viaje de anécdotas con el andaluz. A un albañil moñiguero de Los Palacios, Paco, que vino a hacerme una obra en el baño, empecé a entenderle a los 4 o 5 días.

¿Cómo te ganas la vida?

En la hostelería. Actualmente soy el encargado de unas pizzerías en el centro de Sevilla, que se llaman Piazza di Pezzi. Una está en la Alameda, otra en Alvareda y la otra en Las Setas. En el mundo de la hostelería hay que tener psicología y yo la tengo.

También montaste una pizzería  en Dos Hermanas, ¿no?

Sí, al cerrar el Flaherty’s me quedé parao, perdí peso, me sentía mal y el médico me dijo que era anímico. ¡Claro, miarma, mi cabeza era una olla exprés! ¡Necesitaba trabajar! Me contrataron  en  el restaurante italiano Pommodoro, en el O’Neills de Paseo de Colón… Pero tenía el gusanillo de montar mi propio negocio.  Vivía entonces en la Cuesta de los Marchaos y veía pasar muchas motos de reparto, pero en Dos Hermanas  solo había tres pizzzerias: Ciao, Telepizza y Transilvania. Así que monté en Dos Hermanas “Pizzería Brooklyn”, en la calle Ávila, por los “Pisos de Chocolate”.  No salió muy bien el negocio. Estuvo abierto año y medio.

¿Qué es para ti Dos Hermanas?

Para mí Dos Hermanas es una ciudad dormitorio, donde se vive bastante bien. Y La Motilla, donde vivo, es “república independiente”. La gente aquí tira más a las fiestas de Sevilla que a las de Dos Hermanas. 

¿Cómo se llama el alcalde de Dos Hermanas?

Ahora mismo no lo recuerdo. 

¿Qué haces en tu tiempo libre?

Soy motero, tengo una CBR 600, aunque solo la utilizo como medio de transporte. También soy un friki de los drones, la robótica y la tecnología. Tengo un perro y un humanoide pequeñito. 

¿Cómo que un humanoide…? 

Sí, es un robot humanoide que anda por casa.

Así de peculiar y divertido es Garreth, “un bicho raro” como él dice. Un nazareno de Irlanda.

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