“Buscábamos una joyería de estética ochentera y la sorpresa es que la encontramos en Dos Hermanas”. Más de cinco minutos del metraje del filme están rodados en el interior del taller
El 5 de diciembre de 2025 se estrenó en cines la película “Golpes”, protagonizada por Luis Tosar y Jesús Carroza y dirigida por Rafael Cobos (ganador del Goya a mejor guion por “La isla mínima”). Se alzó con seis estatuillas de los Premios Carmen y dos premios Asecan a la mejor película y dirección novel.
Poca gente sabe en Dos Hermanas que más de cinco minutos del metraje de este filme, que recrea el cine quinqui de la transición española, fueron rodados en pleno centro de nuestra ciudad, concretamente en el interior de la Joyería Palomo, en la calle Santa María Magdalena. La joyería es atracada por “Migueli” (Jesús Carroza). Sin embargo, es el “inspector Sabino” (Luis Tosar), hermano del ladrón, quien aparece en escena llevando a cabo las pesquisas policiales.
Estética ochentera
“Buscábamos una joyería con estética ochentera, ya que “Golpes” transcurre en 1982”, nos comenta Nieves González, jefa de localizaciones de la película. “Visité algunas, pero me sorprendió que la joyería que buscábamos estuviera en Dos Hermanas. Era perfecta, porque tiene entrada trasera. En la secuencia los vehículos de la policía entran por detrás y Luis Tosar la recorre desde detrás, pasa por el taller y se asoma desde dentro de la puerta principal, la que da a Santa María Magdalena”. Curiosamente, en la película, la calle trasera de la joyería está grabada en Triana, pero cuando Luis Tosar entra, se encuentra ya en la joyería Palomo. Trucos del cine.

20 camiones
El día del rodaje fue el 18 de marzo. “¿Sabes la que montaron?”, exclama Eli Palomo, una de las propietarias de la joyería. “A las siete de la mañana ya estaban aquí. La calle Huerta estaba llena de camiones y furgonetas. Por lo menos 20. Y unas cuantas carpas. El vecindario estaba sorprendido. En mi cochera montaron el área de descanso de los actores, y en la de mi vecina, el catering. El día estaba malo, e incluso llovió. Dejé mi salón para que se resguardara parte del equipo, y yo me metí en casa de mi vecina”.
Unos días antes, parte del equipo de Vaca Films ya se había ocupado de adaptar el taller. “Quitaron los cristales de las vitrinas y mostradores, sustituyeron la luna por una de silicona y reprodujeron piezas de las máquinas en 3D porque se iban a romper”, comenta Francisco José Palomo. “Bajaron cuadros de nuestra casa y dejaron en la pared una foto mía de comunión. Se trataba de que pareciera de verdad una joyería de 1982 y no hubiera ningún elemento discordante. Hasta colocaron un calendario del año 82”.
Entramos en el taller de la joyería (que hoy está cerrada y a punto de ser vendida), y hacemos el mismo recorrido que el inspector Sabino hace en la película. Todo está prácticamente igual: la caja fuerte, el reloj, el flexo, la lámpara con la lupa, las herramientas de joyero, el polvo en suspensión. Eligieron bien el lugar, porque el interior de la joyería Palomo parece haber salido del túnel del tiempo. “Falta un ventilador”, dice Francisco José, y señala la marca en la pared. “Estaba ahí colgado, y a una italiana del equipo le gustó. Así que lo desatornillé y se lo regalé”.
Eli se ha quedado como recuerdo un pequeño zapatito de alpaca que estaba a la venta en la joyería verdadera y que protagoniza una escena de la película: “Los choris se llevan de la joyería todo lo que pueden, pero uno de ellos ve un zapato de plata para su hijo y, al meter la mano en la máquina de chorro de arena, quedó atrapado. No pudo sacar la mano y Luis Tosar lo trincó con las manos en la masa”.
Tosar, concentrado
A los hermanos Palomo, que recibieron una compensación económica por prestar su joyería, les hubiera gustado hacerse alguna foto con los actores, sobre todo con Luis Tosar, “el de las cejas de cepillo”. Pero no pudieron. “Nos pidieron que no lo distrajéramos. Tosar estaba muy concentrado”.
Pero lo vieron muy de cerca, así como al resto de actores: los dos policías, la dependienta, el atracador. “El director, Cobos, venía vestido de etiqueta, con un abrigo de tres cuartos, muy elegante”.
A las 8 de la tarde ya había concluido el rodaje. Recogieron y se fueron. La joyería Palomo desaparecerá, pero dejará dos huellas imborrables: una, en la memoria de los nazarenos. La otra, en el cine.



































