¿Es nuestra ciudad de Dos Hermanas velis nolis siquiera una ciudad devota?

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Ante esta pregunta del título espero contestar con mediana claridad y mediana prudencia

Este no es un artículo que pretenda ser histórico. Es un artículo de opinión mas soy medianamente consciente de que hablo de un tema o de unos temas que han hecho historia en nuestro querido pueblo, en nuestra queridísima ciudad.

Se han celebrado con gran esplendor las misiones parroquiales de Santa María Magdalena. Antes habían tenido lugar las de Nuestra Señora del Rocío. Ahora, con gran afluencia de fieles, se están reuniendo para las misiones en el Ave María y San Luis. Dos Hermanas, nadie me lo negará, vive la primavera misional, está en la cresta de la ola de este movimiento que sacude la Iglesia de Cristo.
En Santa María Magdalena se ha trasladado a la misma Iglesia Mayor Jesús del Gran Poder y, además, ha salido la Virgen.

La salida de nuestra celestial protectora ha sido un acontecimiento único. Yo no lo vi. Tampoco me hizo falta verlo aunque no cabe duda que lo eché de menos, muy de menos por supuesto. Yo sé, más o menos como es Dos Hermanas y lo que pasó me reafirma en mis convicciones más profundas. Que tantos, tantísimos nazarenos salieran a ver a la Virgen sólo quiere decir que Dos Hermanas, a pesar de la modernidad, la nefasta política -aunque muchos políticos, quizá la mayoría silenciosa de ellos luchan denodadamente por el pueblo que representan aquí y en Pekín-, la enemistad hacia una institución con muchos fallos pero tan benemérita como es la Iglesia de Cristo, en fin que Dos Hermanas sigue siendo un pueblo en mucho esencialmente devoto. Lo es. No me cabe duda. Conozco demasiados ciudades, villas y lugares –demasiadas localidades- como para pensar lo contrario.

Nuestra ciudad a pesar de los evidentes cambios, de los  grandes cambios, en mucho sigue siendo la Dos Hermanas devota de Cecilia Bölh de Faber, de nuestra querida Fernán Caballero. Creo, después de observar mucho que es así.

Esta ciudad ha vivido muchos y traumáticos cambios. O quizá no tan traumáticos por la influencia como gota de agua que cae y cae del mundo de las devociones, de la devoción a nuestra Virgen, a la de los Dolores, al Cristo, al Gran Poder, a San José, a la Milagrosa, al Niño de la Alegría, a tantas y tantas devociones de Dos Hermanas. Las hermandades que representan casi siempre a las veneradas y venerables imágenes han servido normalmente como elemento aglutinador del pueblo, que han unido con lazos indisolubles a las viejas familias, a la de mi madre por ejemplo y lo digo con orgullo, con las nuevas familias, a la de mi padre por ejemplo y lo digo con el mismo orgullo. Todos nos hemos puesto bajo el manto de nuestra Virgen, de Santa Ana y de San Sebastián. Más o menos. Menos o más.

Y es importante y principal también decir que para que este fenómeno se diera lugar no han tenido trascendencia o muy poca o relativamente poca los ideales políticos de las personas. Todos conocemos pías gentes de Derecha y descreídos de la misma opción. Todos conocemos también pías gentes de Izquierda y descreídos de la misma opción. En Dos Hermanas y fuera de ella.

A su vez es importante que las cofradías u otras instituciones similares representan mucho el mundo festivo tan caro para la inmensa mayoría de las personas.  Que todo el mundo quiera participar en la alegría que suele emanar de la fiesta religiosa –siguiendo el verdadero espíritu de Cristo y el Cristianismo que no es ni mucho menos aunque muchos se crean lo contrario el de las caras tristes- ha hecho que se participe con devoción, con amor en las fiestas de este tipo. Y ahí está la romería de nuestra Virgen como principal fiesta de Dos Hermanas. Y ahí está el Rocío. Y ahí está la Semana Santa. Y las Cruces, y Santa Ana y las procesiones de gloria marianas, y la romería de la Virgen de los Ángeles de Montequinto y, sobre todo y ante todo, el Día del Señor: el Corpus Christi, fiesta por cierto no tan conocida como debiera pero alegre hasta lo máximo, hasta la extenuación – y que no se tome está palabra como palabra negativa- en algunos casos.

En fin, Dos Hermanas, pienso yo, es un pueblo devoto. Un pueblo de buenos curas y malos toreros aunque ello cambie evidentemente. Un pueblo cuyas misiones de la Iglesia Mayor son celebradas por la devoción que hemos mostrado y por la Fe que hemos defendido por nuestro excelentísimo prelado y por todas la archidiócesis para nuestro orgullo de nazarenos, hijos de Santa Ana y Santa María la Reina de Cuarto. Un  pueblo donde son devotos no sólo los católicos sino también las confesiones distintas al Catolicismo Romano. Un pueblo desde luego muy marcado por la Fe. De nuevo, en fin, estamos en una ciudad en que a pesar de los pesares, de la diversidad, de ese modernismo que todo lo inunda y que, desde luego para mi, es bueno en el 90 por lo menos por ciento, de los enemigos de la fe y de muchos inconvenientes que todos sabemos se vive el espíritu de Cristo y el Amor a María con denodada intensidad.

Y acabo ya. Sólo me queda decir que Dos Hermanas para mi es así. Y yo me alegro como me alegro de haber nacido en Andalucía, la Tierra de María Santísima, y en este pío pueblo. Yo sé que todo no es de color de rosas pero, desde luego, es más de lo que muchos piensan y menos de lo que piensan otros.

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