
La calle Romera se convirtió entre 1975 y 1984 en el corazón comercial de la ciudad. “Aquello era una feria”, dicen hoy sus empleadas, a las que hemos reunido
Se repartieron octavillas por Dos Hermanas para anunciar el día de la gran inauguración. Corría marzo de 1975. Abría sus puertas, a bombo y platillo, “Europrix”, un edificio de dos plantas que ponía al alcance de los nazarenos productos que hasta entonces solo podían comprarse en grandes capitales como Sevilla.
Dos Hermanas entraba a formar parte de un elegido ramillete de 17 ciudades de tamaño medio, seleccionadas por el grupo Europrix-Catalsa para su expansión comercial en Andalucía y Cataluña. Unos años antes, en 1971, había aperturado en Dos Hermanas “GICOS” (ubicado frente al Ayuntamiento, en el actual “Vértice”, y también en la acera de enfrente), empresa absorbida por el Banco Industrial de Cataluña, que crea el holding Europrix.
Un viejo almacén de aceitunas
Como unos años después hizo la Discoteca 2001, “Europrix” también eligió un antiguo almacén de aceitunas para ubicar sus grandes almacenes. Fue en el antiguo almacén de Manolito Gómez, en la calle Romera (hoy, un bazar). María Amparo, una de las primeras empleadas, recuerda que le llamaban “El Corte Inglés de Dos Hermanas”. En la planta baja se vendía perfumería, discos, menaje, tejidos, cortinajes, zapatería, bolsos, marroquinería y bisutería. “En la planta superior”, recuerda Charo, “subiendo a la derecha estaba la sección de ropa de señora con sus probadores, además de la lencería, ropa de baño y de bebé. En el centro estaba la ropa de niños y al fondo la sección de caballeros y la caja”.
La locura
Hilo musical, discos, escaleras mecánicas… Todo era nuevo para los nazarenos, que se lanzaron con pasión e incluso arrebato a disfrutar de sus grandes almacenes. “En Dos Hermanas solo vendía algunos discos Casa Navas, pero nuestra sección de vinilos era espectacular. Aquello era una feria. Había gente que venía solo para subir y bajar por las escaleras mecánicas, y había que pararlas, porque se convertía en un cachondeo”, señala Nati. “Un día de rebajas podían caber allí 400 personas”. Y Charo añade: “Cuando llegaba la hora de salir, nunca podíamos. Los novios tenían que esperarnos más tiempo. Había mucho público y no se iba. Un día pregunté si nos pagaban horas extras y me pusieron mala cara”.
Saliendo con la ropa puesta
Europrix mantuvo abiertas sus puertas hasta septiembre de 1984, aunque su declive se debió a una mala gestión desde Cataluña (que obligó a una paulatina reducción de empleados hasta su cierre definitivo) y no a la falta de ventas, pues en Dos Hermanas estas nunca decayeron. “Aquí venía El Cabrero, el cantaor, para ver si se vendían sus cintas, y Los del Río venían a firmar discos”. Por entonces no había alarmas, así que “también había mucha gente que robaba. Discos se llevaban lo más grande, y también las pillamos con juegos de sábanas en medio de las piernas”. Charo recuerda haber pasado el apuro de pillar a conocidas del pueblo saliendo de la tienda con las prendas puestas: “Les decía: o te vas al probador y te quitas esa ropa o te mando a la oficina con el encargado”.
Te casas y… para casa
De los 34 empleados que llegó a tener Europirx, la mayoría eran mujeres, cuya vida laboral solía terminar con el matrimonio. “La que se casaba, se retiraba”, recuerda Mari Carmen.
Con un sueldo que rondaba las 7.500 pesetas, tenían un horario partido: de 9,30 a 13,30 y de 16,30 a 21,00. Un día muy especial era la noche del 5 de enero: “Ese día no volvíamos a casa tras el cierre. Nos quedábamos toda la noche preparando las rebajas, que abrían al día siguiente. La Chaparreja nos traía una olla de puchero. Nos lo pasábamos muy ben, pero era un trabajo bestial”.
Música prohibida
Aunque el hilo comercial se controlaba desde la oficina, “nosotras a veces poníamos las canciones que nos gustaban, de Los Beatles, Pink Floyd, Julio Iglesias… Lo que nos tenían prohibido es que pusiéramos la banda sonora de “Je t’aime moi non plus”, porque era muy erótica.
Para fomentar las ventas, la empresa aplicaba algunas estrategias. Mari Carmen recuerda que “nos daban un reconocimiento a quien vendía más y eso hacía que nos picáramos entre nosotras”. Elvira, que atendía la sección de perfumería, dice que los jefes la conminaban a vender los perfumes de precio más alto. “Nosotras íbamos supermaquilladas, pero la marca que nos poníamos era Pinaud, de las más baratas. Como las clientas querían parecerse a nosotras, le vendíamos Lancaster, que era el triple de caro”.
Loli, cuya hermana gemela también tabajaba en Europrix, casi tuvo un altercado con una clienta: “Me pagó con un billete de 5.000 pesetas y fui a buscar cambio. Antes de que yo llegara con el cambio, la clienta se encontró con mi hermana, que era clavada a mí, y le dijo: “¿Y mi cambio?”. Y mi hermana le contestó: “¿Qué cambio? Usted a mí no me ha dado ningún dinero”. ¡Menos mal que llegué a tiempo, porque empezó a dar voces!”
Los clientes del “libro negro”
Las ventas iban tan bien que Europrix implantó un sistema de crédito: los clientes podían financiar sus compras con una tarjeta por la que se pagaban mil pesetas mensuales. “Pero había un grupo de clientes especiales que podían irse sin pagar, familias pudientes a las que se les apuntaban las compras en un libro negro y pagaban cuando querían”.
Se cumplen 50 años de la apertura de Europrix, un fenómeno social en aquella Dos Hermanas de los 70/80 que empezaba a desperezarse tras el fin de la dictadura franquista.
“Eramos las elegidas, las más guapas del pueblo, nos sentíamos como Las chicas del cable ”
La llamada de “El Nazareno” para realizar este reportaje ha provocado que algunas de las dependientas de Europrix vuelvan a verse 50 años después de su apertura. Todas recuerdan con cariño aquella época, en la que se convirtieron en “las elegidas del pueblo”. “Ser de Europrix te marcaba”, dice Nati. “Éramos todas muy jóvenes (entre 14 y 21 años) y guapas , como las de la serie Las chicas del cable. Íbamos por la calle con nuestro uniforme y la gente te miraba”.
Pero no fue fácil entrar a trabajar en Europrix. “La selección fue dura, tuvimos que hacer un curso de PPO (Promoción Profesional Obrera) y pasar tres entrevistas con los catalanes”, recuerda Ana.
En la conversación, entre risas y cuchicheos, afloran las anécdotas. “¿Te acuerdas una promoción que había que por cada mil pesetas de compra se obsequiaba al cliente con una botella de cava? Cogimos una botella y bebíamos sin que nos viera nadie. ¡Yo veía a la gente doble!”. Mari Carmen se remonta a 1980: “¿Os acordais que todos los años comprábamos lotería de Navidad? Pues aquel año, nuestro jefe, José Manuel, dijo que no compraba y nosotras djimos que tampoco. ¡Pues se vendió el gordo de El Niño en la Peña Sevillista! ¡20 millones al décimo!”


































