Álvaro Pareja Rivas, un destacado comerciante y cofrade nazareno

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Álvaro Pareja Rivas

‘Alvarito’ es, sin duda alguna, uno de los cofrades más destacados del siglo XX nazareno

Siendo como es Álvaro Pareja Rivas, ‘Alvarito’, un reconocidísimo e importante comerciante y un, no menos, reconocidísimo e importante cofrade, no existen apenas trabajos en que se refieran a él. Existe una entrevista de octubre de 1987 y, por supuesto, numerosas referencias pero falta una biografía de conjunto. Con la ayuda de su hijo, José María Parejo Olmedo, voy a intentar pergeñar unas líneas sobre este gran cofrade al que de niño tuve la dicha de conocer ya que no sabría decir si me llevaba más tiempo en San Sebastián y en la casa de hermandad de Vera-Cruz -que era mi hogar natural dada la vinculación de las dos ramas de mi familia a la cofradía del Señor de San Sebastián- o en la casa de hermandad de la Oración en el Huerto, confraternidad de la que era y son mis primos paternos y mis mejores amigos.

Pero, entrando en la vida de Álvaro Pareja Rivas, nuestro protagonista y destacado cofrade y comerciante como hemos puesto en el título, diré que nació en la calle Lope de Vega número 16, el 25 de septiembre de 1907, a las 12 horas. Era hijo de Álvaro Pareja López, de profesión tonelero, y de Concepción Rivas Muñoz, ambos naturales de nuestro pueblo. El matrimonio, a parte de Álvaro tenía dos hijas: Concepción y Josefa. La primera casó con Antonio Jiménez Chacón, de la gente de los ‘Cocoreras’, hermano mayor que fue del Rocío, y la segunda permaneció soltera. Álvaro fue bautizado en la Parroquia de Santa María Magdalena, Mayor y Más Antigua y única en esas fechas de la entonces villa, en octubre de 1907.

Como muchísimos varones nazarenos estudió primaria en las prestigiosísimas Escuelas del Ave María bajo la dirección del culto sacerdote don Gerardo Cano Gutiérrez.

A los diez años, comienza a trabajar con sus padres en el comercio de comestibles que abren en la misma calle Lope de Vega, posiblemente de los que siguen en activo uno de los más antiguos de Dos Hermanas pues la mercería y la corsetería de la Plaza de Menéndez y Pelayo -La Plazoleta- son sus herederos. Hay datos de que se abrió hacia el año 1910.

Hace el servicio militar en Sevilla en el cuerpo de Ingenieros -del que es patrón el Santo Rey Fernando III- siendo soldado excedente de cuota.

Con veintinueve años, es movilizado para ir a la Guerra Civil a la ciudad de Almansa (Albacete), destinándolo a Belvis de la Jara (Toledo). Pero tuvo la suerte, o la ayuda divina, de que el mismo día de enviarlo al frente, se impuso el toque de queda y la consiguiente finalización de la guerra.

Y a nuestro protagonista le llegó la hora de contraer matrimonio. Y lo hizo en su parroquia, en nuestra parroquia, la de tantos lectores, en Santa María Magdalena, ese puntal sobre el que gira tanto la Historia de Dos Hermanas. Casó el día 23 de abril de 1941 a las cuatro de la tarde en la Capilla de las Benditas Ánimas ante sus titulares, Jesús Orando en el Huerto y Nuestra Madre y Señora de los Dolores. Su esposa era María Olmedo Campos, sevillana del barrio de La Macarena. Fueron los padrinos su hermana Concepción Pareja Rivas y el esposo de ésta Antonio Jiménez Chacón ‘Cocorera’ y los testigos el sacristán Francisco López García, ‘Frasquito’, y José Tinoco Rodríguez, también de familia de sacristanes de Santa María Magdalena.

De esta unión nacieron tres hijos: Álvaro, nacido en 1945; José María que falleció pronto; y José María, nacido en 1951.

Alvarito, como era conocido, regentó su tienda ya en ‘La Plazoleta’ hasta su jubilación en 1972. La mercería, entre otros géneros como corsetería, juguetería, zapatería, etc. era -y es- un negocio floreciente en Dos Hermanas que frecuentaban y frecuentan las matronas de toda la ciudad. Era normal ver a nuestras madres acudir a la mercería de Alvarito. Este halo de popularidad, de negocio bien organizado y frecuentado por el público a fe mía que no lo ha perdido. Puede decirse sin temor a equivocarse que es un negocio antiguo pero también popular.

Pero, entrando en el mundo de las mentalidades, diré que las aficiones de nuestro hombre se encontraban el flamenco -le gustaba mucho Juanito Valderrama- y la tauromaquia y era seguidor de Curro Romero y, sobre todo, de Paco Camino y procuraba ir a la plaza de toros.

Mas lo que más nos interesa es su afición, su amor ilimitado, su entrega ilimitada a su cofradía, a la Oración en el Huerto, a la que vivió entregado en cuerpo y alma. Entró en la confraternidad de manos de su tío político, el destacado cofrade de la misma Joaquín Varo Jiménez, de encopetada familia de la burguesía de la villa, y pronto entró en el núcleo duro de la corporación.

Entre los años 1933 y 1939 ocupa su primer cargo en la mesa de la cofradía como alcalde, cargo con resabios de tradición y antigüedad y que desaparece con posterioridad de la hermandad. Entre 1940 y 1952 ejerce como tesorero; entre 1953 hasta 1965 como mayordomo; entre 1965 hasta 1971 como prioste primero; entre 1971 hasta 1975 como consiliario primero; entre el 4 de diciembre de 1976 hasta 1978 desempeña el honroso y difícil cargo de hermano mayor y, por último, su postrer cargo fue el de mayordomo desde el 1979 al 1981. Con lo cual se muestra que estuvo cuarenta y ocho años consecutivos formando parte de la junta de gobierno.

Paralela a su fecunda vida de hermandad fue la amistad con el también gran cofrade de la Oración en el Huerto Enrique Gómez Martínez -Enrique el Herrero- casado con Josefa Cobos Fuentes. Álvaro Pareja era gran devoto del Cristo y Enrique de la Virgen, parecía que tenían delimitadas las devociones. En cuanto a su relación con el clero de la parroquia, Alvarito guardaba más las distancias con los sacerdotes mientras que Enrique los trataba mucho. Lo cierto, y lo dicen todos los testimonios orales de la época, es que la gente de la Oración en el Huerto -ellos dos y Manuel Mejías Fornet y algún otro- tuvieron en tiempos del cura párroco don Manuel García Martín, una influencia enorme en la parroquia una vez que las turbas la incendiaran y se procediera a su restauración.

A su vez, hay que decir que Alvarito pagó el Ángel Confortador del Misterio de la Oración en el Huerto -obra del escultor alcalareño Manuel Pineda Calderón- que le costó 2.500 pesetas.

El 6 de julio de 1974, la junta de gobierno, siendo hermano mayor el maestro don Juan Reina Núñez, le organizó un homenaje a Álvaro y a Enrique Gómez al más alto nivel cofradiero y nazareno. Asistió el alcalde don Manuel Rivero Monterior: el párroco de Santa María Magdalena el virtuoso sacerdote don Valeriano Carrero Carmona; el escultor de los titulares el citado Manuel Pineda Calderón; el tallista del paso de misterio José Martínez; el orfebre Antonio Pérez Barrios; un gran número de hermanos y representantes de otras cofradías.

La esposa de Alvarito, María Olmedo Campos, también desempeñó puesto de responsabilidad en la cofradía siendo nombrada en los años cuarenta camarera mayor. Después fue nombrada camarera mayor honoraria hasta su fallecimiento el día 14 de abril de 1996.

También hizo nuestro protagonista sus pinitos literarios. Pues, el Domingo de Pasión de 1983, con 76 años es presentador del pregonero de la Semana Santa y secretario de la Oración en el Huerto el abogado Antonio Luis Márquez Tobajas.

Pero no quiero acabar este artículo sin hablar un poco de su descendencia. Su hijo Álvaro, que ha regentado el negocio de mercería hasta su traspaso a Patrocinio Gómez Salguero -una ‘Turri’- está casado con Pepi Domínguez Acuña y tiene tres hijos: Álvaro, casado con Cristina de Gracia y padres de Lucía y Álvaro; José Damián, casado con María José Sánchez y padres de Álvaro y Marta; y Juan Antonio, casado con Macarena Martín y padres de Martina y Elena. Su otro hijo, José María, que sigue con el negocio de corsetería ‘La Aurora’ está casado con Aurora Moreno Asenjo.

Alvarito murió cuando ostentaba el número 1 de hermano de su cofradía sobre las 2 de la madrugada del 7 de abril de 1991 a los 84 años de edad. El sepelio, que recuerdo perfectamente, fue una manifestación de dolor impresionante por el número de gente que asistió. Se celebró el lunes 8 de abril en Santa María Magdalena. La Virgen de los Dolores -recordemos que también es titular la Virgen del Rosario-, para esta ocasión, apareció toda vestida de negro en homenaje a este hermano que lo había sido todo y que había dejado su impronta en la confraternidad. Además, el féretro fue portado a hombros por la cuadrilla de costaleros y hermanos de su querida hermandad hasta el bello camposanto de San Pedro de nuestra ciudad. Allí descansa el que dio nombre a una de nuestras más antiguas cofradías, a la de Alvarito y que lo menos que se merece es que se le dedique una calle como destacado comerciante y no menos destacado cofrade.

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