“Estamos cumpliendo un sueño. Ojalá nuestro ejemplo sirva para que quien sienta que no está en su sitio, se atreva a dar el salto”
Me maravilla que, en plena era digital, dos chicas de 24 y 18 años apuesten por un oficio tan tradicional como la cerámica… y estén triunfando. El último gran encargo ha llegado de Florida y las ha tenido un mes ocupadas. Son Andrea y Paola Martín Gálvez, dos hermanas de Montequinto. Desprenden una energía contagiosa.
Tú fuiste la primera que te liaste la manta a la cabeza, ¿no, Andrea?
Pues sí. Mi hermana Paola siempre me ha ayudado, pero desde que tenemos tantos pedidos, vamos las dos a full.
Pero estais estudiando una carrera, ¿no?
Sí, en mi caso me licencio en junio en la Pablo de Olavide, de Traducción y Humanidades, y mi hermana va a comenzar ahora Bellas Artes.
¿Cómo te metes en el mundo de la cerámica?
Yo estaba frustrada con la carrera, no era lo mío. Pasé por un momento duro, porque lo que siempre me gustó fue el teatro y la danza. Mi sueño era dedicarme al Arte Dramático. Pero no veía muchas puertas abiertas a la danza en España.
¿Entonces…?
En el verano de 2024 me apunté a un taller de cerámica en Sevilla, y me enamoré. Salía hipnotizada de allí. Para matar el gusanillo en casa, hice una mini inversión de 80 euros y pasé por el taller de mi tío Paco, ya fallecido, que era artista, y heredé algunos de sus materiales. Estuve un año haciendo cositas para amigos. No lo veía como opción laboral, pero era una forma de disponer de unos ingresos extra.
Hasta ahí parece que todo era un hobby. ¿Cuándo se desbordó el asunto?
Hace un año, en mayo de 2025, me apunté a un mercadillo de artesanía en el Casino de la Exposición. Me llevé 250 piezas ¡y se vendió todo! Y me dije: “¡Ostras! ¡Aquí hay algo!”
Así que decidí darle caña y le pedí a mis padres que vaciaran el trastero este que hay en el jardín y lo convertí en mi taller. Con ahorros y ayuda de mis padres me compré ese horno refractario que ves ahí.
A ver…
¡No lo toques, que puedes quemarte! En la primera cocción lo pongo a 980º, pero en la segunda llega a 1100º.
¿Y con este horno propio empezó a irte bien?
Bueno, tuve mi momento de crisis. Un día salí a correr por la mañana, dándole vueltas a la cabeza sobre qué hacer con mi vida. Y, justo a la vuelta del running, tenía en el correo un mensaje que lo cambió todo de repente. Una empresa malagueña que se dedica a eventos había recibido una petición de una empresa de Estados Unidos, que quería hacer un regalo a sus trabajadores. En concreto, querían un “dip bowl” de cerámica, un platito para echar aceite y mojar pan. Les hice varios bocetos, les encantó y me hicieron un pedido de 210 piezas. Mira, son esas cajas de ahí. Estamos a punto de enviarlas.
¿Cómo te conocían los de Málaga?
Por instagram. Nuestra marca es “Margal”, que es la primera sílaba de nuestros apellidos. En instagram somos @margalceramics. A través de ahí recibimos muchos pedidos.
¿Cómo dirías que es vuestra cerámica?
Muy personal. En mi catálogo tengo colecciones que se basan en mi vida: “Lola” (dedicada a mi abuela), “Conil” (por los veranos que pasé allí)… etc. Soy autodidacta y voy desarrollando mis propias técnicas con los esmaltes y los óxidos.
Hay algo que a la gente le gusta especialmente y que es nuestro lema: “cerámica con intención”, es decir, hacemos piezas a medida, según lo que necesite cada persona, por ejemplo para el día de la madre. Mira, esto es un azulejo en el que he incluido el apodo de una familia y lo van a poner en la puerta de su casa. Por esa personalización no cobramos suplementos.
¿Te sientes en el abismo?
Un poco. Pero estoy confiada y quiero hacerme este regalo a mí misma, escuchar mi interior. Si no lo hago ahora, nunca lo haré. Y pienso que lo mío puede servir para que quien sienta que no está en su sitio, de el salto como lo he dado yo.
Diría que esto supone un antes y un después. A raíz del pedido de Florida hemos salido en Canal Sur Televisión y estamos recibiendo muchos encargos. Yo además trabajaba impartiendo clases en una academia de ballet y he tenido que dejarlo. Lo que no pienso dejar de momento es bailar. Formo parte de la Escuela de Danza de Mirko Vullo.
Visto el boom de tu empresa, puede llegar el momento en que tengas que decidir entre la cerámica y la danza. ¿Cuál eligirías?
¡Qué difícil pregunta! Me gusta ser productiva, me llena hacer lo que me gusta. Haría las dos cosas incluso sin cobrar.
Di un miedo y un deseo.
Miedo a quedarme estancada y no llegar adonde quiero. ¿Y un deseo? Seguir creciendo, llevar la marca a proyectos con hoteles y grandes empresas y abrir un local propio.



































