Los están esperando. Fernando toca la guitarra, Lito las palmas. Empieza la fiesta. Cantan y bailan. Alguien entona una saeta. Se abrazan con el Himno de Andalucía
Es viernes. Las once menos cinco. En la puerta de ANIDI, en el corazón de Vistazul, varias personas con discapacidad intelectual esperan impacientes a Fernando Pueyo y a Miguel Castillo “Lito”.
Son dos jubilados que desde hace meses dedican una hora de los viernes al voluntariado. En concreto, se inventaron (junto a la gerencia del centro) el “taller de palmas”: una hora de guitarra, cante y baile, una bendita locura de la que voy a ser testigo en breve. Este es uno de los diversos talleres que organiza ANIDI, que atiende a 104 personas, de las cuales 34 residen aquí mismo. Este año celebra su 50 aniversario. Una institución.
Besos y abrazos
Otros se han apuntado al baloncesto (que también es los viernes). El taller de palmas va a comenzar. Hoy han venido 22, que reparten abrazos y alegría. Este salón transpira un aprecio mutuo. “Dicen que los niños lo pasan bien, pero los que lo pasamos bien somos nosotros”, me dice, emocionado, Lito, el mítico palmero de Los del Río y María Jiménez.
En cuanto Fernando comienza a rasgar la guitarra, todos colocan sus sillas alrededor. Esperan las rumbas y sevillanas de siempre, pero permanecen callados al escuchar el primer tema. Fernando ha compuesto una canción nueva, “Ani di que sí”, dedicada al 50 aniversario. Es emocionante. La letra habla de ellos: “Un mundo por descubrir”, “su felicidad está aquí”. También homenajea a los 60 pedagogos, técnicos en enfermería, integradores y trabajadores sociales que ofrecen lo mejor de sí para procurar la mejora de la calidad de vida de estas personas y sus familias: “Medio siglo ya ha pasado /tantos años trabajados / dedicándole sus vidas / a esta noble profesión”.
Un divertido sarao
Suena ya la primera sevillana. Antonio ha cogido el cajón. Algunas parejas salen a bailar; otros tocan las palmas. May no baila, pero saca de su bolsillo su pony mágico y me lo enseña. Jorge le dice a Fernando que va a cantar “Tengo en mi casa un tambor”. Y la canta. La afinación… ¡es lo de menos! Lo mejor es que esto se está animando y que todos participan de una forma u otra en este divertido sarao. Lito palmea como si estuviera en un tablao y no escatima en oles al final de cada cante. Borja, que no ha parado de bailar, es ahora quien canta “Caminando hacia Jerez”, pero Rafael se le pone a la cola porque se sabe una saeta y va a cantarla hoy, que está aquí la prensa. La fiesta termina con todos de pie, abrazados, cantando por rumbas el Himno de Andalucía. Dos voluntarios, veintidós sonrisas.
La magia del voluntario
Fernando y Lito han venido acompañados hoy por sus nietas Carmen y Ángela, de 8 años. Se han divertido mucho y han visto a sus abuelos felices como voluntarios. “No lo vamos a dejar mientras Dios nos de salud”, dicen ambos. ANIDI (Asociación Nazarena para la Integración de las personas con Discapacidad Intelectual) organiza 24 actividades de voluntariado. A través de la web, valoran las motivaciones de las personas interesadas. Si este reportaje ha animado a algún lector, el teléfono es 954720012 o por correo electrónico.



































