Belindo, el bar nazareno al que dio nombre un perro

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Belindo
Sirve unos vinos, tras el mostrador del Bar Belindo, José Jurado, imitandole en el gesto su hijo. Observa la escena , con un lápiz tras la oreja, el camarero Diego Félix. Colgada de la columna, junto a las botellas de coñac, una fotografía de Manolete.

1983

José Jurado y su esposa Mercedes Granado, que abrieron el negocio en 1951, lo dejan ahora en manos de su hijo Pepe

Cuando, en el verano de 1951, José Jurado Alcocer se afanaba en finalizar la obra de su nuevo negocio para poder abrirlo en las fiestas de Santiago, nunca imaginaba que hoy, en 1983, el “Bar Belindo” iba a ser uno de los bares de referencia en Dos Hermanas. La competencia, entonces, se antojaba reñida: a un lado, el “Bar Campos”; al otro, “Casa Borujito” (más tarde “Bar Fifa”). En la puerta, la parada de Los Amarillos y, en frente, El Arenal. Han transcurrido 32 años y el emblemático bar (“Pidan Manzanilla Clásica”, reza el anuncio bajo el mostrador, en letra azul sobre azulejos amarillos) permanece abierto. Mas un cambio importante se va a registrar en los próximos días: a partir de ahora quien pida un tercio de cerveza o un “Pico Plata” (el vino dulce que traen de Sanlúcar de Barrameda), comprobará cómo es su hijo, José Jurado Granado, quien se lo sirva. José padre, a sus 65 años, ha decidido abrazar la merecida jubilación.

Belindo
José ante su padre (con gorra), apodado “El Cigarrón”.

Belinda era Angela Channing

José abrió el bar con el dinero que había ahorrado trabajando en la tienda de comestibles que su tía tenía en La Pólvora, y después como camarero en los bares “La Resbalaera” (en Antonia Díaz), “La Cruz del Campo “ (en los Cuatro Cantillos) y “Échate pallá”, (en calle Real). Aquel verano de 1951 proyectaban en el Cine Español la película “Belinda”, protagonizada por Jane Wyman, que actualmente triunfa en Estados Unidos encarnando a Angela Channing en “Falcon Crest”. Belinda, la misteriosa sordomuda de la película, estaba en boca de todos aquellos días en Dos Hermanas. Cuando aún no estaba acabada la obra del bar, apareció por allí un perro callejero, con el que José se encariñó. Al ser macho, un cliente masculinizó el nombre de moda y llamó “Belindo” al can. Después se le puso el nombre también al negocio. Esa es la curiosa historia de su nombre.

Belindo
El presidente de gobierno, Adolfo Suárez, saluda a José Jurado hijo, el día que vino a pedir el voto a Dos Hermanas (17-2-1979). Suárez llegó de la mano de Juan Varela, candidato local de UCD y cliente habitual del bar, al igual que todos sus compañeros del Banco Central.

José partía con una ventaja al abrir el Belindo: se trajo con él a toda la clientela del bar donde trabajaba, el “Échate pallá”. Es lo que tiene ser buena gente. Pero el bar no habría llegado a lo que hoy es si a las dosis de esfuerzo y profesionalidad de José no se le hubiera añadido el ingrediente del verdadero éxito de cualquier bar: la cocina. En los inicios se hizo cargo de ella su padre, José Jurado de Dios “El Cigarrón”, pero a los pocos meses le sustituyó su esposa, Mercedes Granado. Pronto se hicieron famosas sus tapas de cazón en amarillo, la pavía de merluza, el hígado en salsa, la carne con tomate o la ensaladilla. Ella misma iba cada mañana a la plaza de abastos para seleccionar las mejores carnes y pescados. Para cocinar a su gusto sólo disponía una exigencia: que la dejaran sola con sus fogones.

Belindo
Mercedes Granado y su hijo José en la cocina.

El bar siempre tuvo el ajetreo de un hormiguero (como ahora) sobre todo a las horas del tapeo. Ni siquiera cerraba a mediodía. Abría las puertas a las seis de la mañana (con el aguardiente o el café – de la casa Moisés Cobo Abascal- servido a todos los trabajadores que se dirigían a los almacenes) y cerraba al filo de la medianoche. Los días grandes (Valme y Santiago) los veladores inundaban la acera.

José, nacido en 1918 en el seno de una familia nazarena dedicada al campo, es amante de los toros (currista, sobre todo) y en su bar siempre cuelga carteles y fotos de toreros famosos. El televisor, comprado en 1961, congrega a mucha clientela para ver las corridas. Ahora , tras más de tres décadas detrás del mostrador, José se siente cansado. Se jubila. Le echaremos de menos, aunque tiene relevo de garantía en su hijo, que junto a sus hermanas Josefa y Merchi, han echado allí los dientes. Deseamos a José padre una feliz jubilación y, al hijo, suerte para seguir adelante con el carismático “Bar Belindo”.

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