Víctor Díaz es arquitecto. Transcurridos 25 años de la remodelación de la Plaza de El Arenal que él llevó a cabo, confiesa que han llegado a insultarle por la calle
Se cumplen 25 años de la aprobación, en un Pleno del Ayuntamiento en 2021, del proyecto de remodelación de la Plaza de El Arenal. Tras dos años de obras, fue inaugurada el 23 de abril de 2003. El arquitecto designado fue el nazareno Víctor Díaz López, al que entrevisto en su casa de la calle Botica. Su despacho está repleto de libros. Los hay de arquitectura y de paisajismo, pero también de filosofía griega.
¿Ese de ahí es “La Odisea”?
Sí, ya lo he leído unas ocho veces, y “La Ilíada” también. Estoy muy enganchado a la literatura griega. Uno de mis últimos viajes lo he hecho en moto a Grecia. Me encanta observar las ruinas y comprenderlas.
¿Esta casa la has levantado tú?
Le he hecho remodelaciones, pero yo nací en esta casa, en la cama de mi madre. Mi padre, Joselito Díaz, fue concejal en el Ayuntamiento.
¿Era suya la “Huerta de Joselito Díaz”, donde hoy se levantan algunos barrios de Dos Hermanas?
La huerta era de mi abuelo. Comprendía tres hectáreas, desde la calle Ávila hasta la espalda de la parroquia del Rocío. Allí estaban los naranjales de mi abuela. Mi padre era químico y montó una fábrica de desecado de cáscaras de naranja. Mi infancia son los veranos en la alberca de la huerta, en bañador y sandalias de goma.
¿Dónde estudiaste?
En Los Frailes y después en el Instituto Virgen de Valme. Fui de los alumnos que estrenaron las aulas en 1966. Recuerdo que vino a inaugurarlo el cardenal Bueno Monreal y que se instaló un altarcillo.
¿Soñabas con ser arquitecto?
No. Había demostrado habilidad con las ciencias. Con 13 años, mi padre me llevó a Sevilla a un psicólogo, que me hizo un test. Le dijo: “Este niño puede ser arquitecto”. Me licencié en la Facultad de Reina Mercedes con 22 años.
¿Cómo fue el encargo de la remodelación de El Arenal?
Fue una sorpresa para mí. Me llamó el concejal de Urbanismo, Paco Sánchez. Me dijo que el alcalde, Francisco Toscano, estaba muy interesado en que fuera yo quien se encargara de la reforma integral de El Arenal. Acepté. Hice propuestas y al final sacamos adelante el proyecto. Toscano venía mucho por la obra y le gustaba coincidir conmigo. Me escuchaba muy atento cuando le razonaba de dónde salían mis ideas y la ejecución de las mismas.
¿Te dieron alguna premisa?
Sí, dos: debía tener un aparcamiento subterráneo y mantener la funcionalidad de la plaza como nudo de tráfico y lugar de esparcimiento ciudadano.
La antigua plaza tenía cuatro palmeras y la actual tiene dos. ¿Cómo conseguiste mantenerlas si debajo, en vez de tierra para las raíces, había un parking?
En efecto, me preocupaba cómo el aparcamiento iba a condicionar a la vegetación. Cuando se eliminó la corona de naranjos de la plaza primitiva y, dado que el aparcamiento subterráneo lo ponía muy difícil, hice mía la idea de las pérgolas de la Expo 92. Procuré que una parte de la plaza se asentara sobre tierra, que es donde están las magnolias. De las cuatro palmeras que había en el centro, salvé dos, a costa de dos contenedores de hormigón a modo de grandes maceteros que se pueden ver en el interior del aparcamiento.
Hubo quien no entendió que en la plaza no volviera a aparecer el histórico tablao o kiosco de la música, a pesar de que este ya fue derribado en 1977, ¿no?
Yo sabía que habría reacciones, pero no imaginaba que me llegarían a insultar por la calle. Incluso pasé miedo. Y por eso me he negado todo este tiempo a explicar nada. Esta es la primera entrevista que concedo en 25 años, y porque has insistido mucho.
¿Qué les explicabas a esas personas que te insultaban?
Nada. Todo el mundo cree saber de todo. No quiero explicarle nada a quien me grita. ¿A alguien que me da voces porque le han quitado el kiosco le voy a explicar mi filosofía?
Cuando califican a un arquitecto de “moderno”, suele ser un calificativo peyorativo. Ser arquitecto es un oficio para el que la sociedad me ha preparado, y yo fui consecuente y coherente con mi tiempo. Un kiosquito con varios arcos y un tejadito gusta, pero esa es una arquitectura regionalista y extemporánea. Por ejemplo, para mí la Plaza de España de Sevilla es provinciana.
Explícame el porqué de la concha acústica del centro de El Arenal. ¿En qué te inspiraste?
Me inspiré en la capota de un charré que había en la huerta de mi abuela y en el que mi padre llevaba a sus niños a la romería de Valme. Tiene forma de concha al alojar en su apoyo vertical unos conductos de ventilación, la escalera y el ascensor de los aparcamientos.
¿De qué obras importantes te sientes orgulloso?
En 1986 me adjudicaron el proyecto para restaurar el monumento a Bécquer del Parque de Maria Luisa. El ciprés calvo sobre el que se apoya el conjunto se estaba secando. Nosotros rescatamos el ciprés, y pusimos las figuras en un vuelo. El conjunto quedó muy bien.
Como arquitecto de la Diputación de Sevilla he construido la ermita de María Auxiliadora en Fuentes de Andalucía, la Plaza Mayor de Cazalla de la Sierra, 30 viviendas de VPO en Cantillana o el pabellón cubierto de Villaverde. De todas estas obras me siento muy orgulloso y satisfecho, incluyendo sin duda la Plaza de El Arenal de Dos Hermanas.
Dime tres de tus pasiones…
La primera, mi mujer, Paqui, con quien me casé en 1984. Las otras, el conocimiento y la música. Soy un melómano. Me crie con los Sex Pistols.



































