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Dos Hermanas
martes 15 de septiembre de 2026
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“En el mundo de la música he hecho de todo, pero me ha faltado una cosa: triunfar”

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Fernando Pueyo
Fernando, con su guitarra Josefina, en la puerta de la casa palacio de Manuel Andrés Traver, situada muy cerca de donde él vive, en calle Romera.

Fernando Pueyo canta bien por todos los palos. Con su guitarra Josefina va a tocar donde le llamen. La historia de su vida responde fielmente a su lema: dejarse llevar

No es de Dos Hermanas quien no ha visto alguna vez a Fernando Pueyo en algún sarao con su guitarra y su armónica.  Lo mismo te canta “Yesterday” de Los Beatles por rumbas, que “Alfonsina y el mar”, y de ahí se pasa a un bolero. Es una delicia escucharlo cantar, pero más conversar con él. 

Tú no eres de Dos Hermanas, ¿no?

Me siento nazareno porque llevo aquí toda la vida. Nunca pude imaginar que pasaría aquí el resto de mis días cosechando amigos. La primera vez que pisé Dos Hermanas tenía 13 años. Vine en Los Amarillos con Juani, el de los Cantores de Híspalis, a pedirle unas sevillanas a Federico Alonso Pernía.

¿Qué relación tienes con los Cantores?

Yo me crie en el Polígono San Pablo, me encantaba la música. Con 13 años me compré a plazos mi primera guitarra. Allí me juntaba con toda esta plebe. Con Juani, el de los Cantores, yo tenía un grupo llamado “Los Giraldillos”. Yo era el guitarrista. Fali (padre de Falete) y Juanito el Farruquito eran íntimos amigos míos. También vivían allí Raimundo Amador y Jesús de la Rosa. Había un buen ambiente de música, pero también es verdad que había mucha droga. Y con 16 años me fui. 

¿A dónde?

Me quité de en medio para evitar ese mundo y me fui voluntario a la mili. Estuve cuatro años en la Marina. Ahí fue donde empecé con la armónica. Me gustaba la música moderna y tocaba por Bob Dylan y Simon & Garfunkel.

¿Y qué aprendiste en la Marina?

Muchas cosas. Estudié “Máquinas” en El Ferrol. Y me embarqué en el portaviones “Dédalo”. Nos fuimos a América a recoger ocho aviones y nos volvimos con siete, porque uno se estrelló en el mar en unas maniobras. Pero lo mejor de aquel viaje fueron los tres meses que me pasé en Miami.

¿Escapaste del barco?

No, es que teníamos tiempo libre y yo me iba a cantar por Miami. Cantaba en un centro comercial, en un bar… Un día caí en Jacksonville en un club de exiliados cubanos. Me puse a cantar y no me dejaban irme de allí.

Antes de recalar en Dos Hermanas, viviste otra experiencia en Alemania… 

Sí, en 1978 me fui para estar 15 días de vacaciones en Berlín y al final estuve un año.  

¿Y eso por qué?

Porque yo soy mucho de dejarme llevar. En un restaurante portugués vi una guitarra y me puse a tocar. Y me ofrecieron trabajo y un apartamento. Un día, un cliente del restaurante me preguntó si quería cantar con él. Había sido el primer guitarrista de los “Amigos de Gines”. Y formamos un dúo con dos coristas. 

¿Qué es lo mejor que te trajiste de Alemania?

A Josefina. 

¿Una novia?

No, Josefina es mi guitarra. Uno la vendía y yo se la cambié por otra. Es mi compañera fiel. Mírala. ¡Todavía sigo con ella!

¿Qué hiciste al volver?

En la Marina aprendí de tuberías y colectores. Y como de algo había que vivir, me coloqué en las minas de Aznalcóllar. Pero por las noches me iba a cantar. A salas como Garden, Samoa… Eso sí: a las siete estaba en la mina.

Desde que empezamos a hablar estoy intrigado por saber cómo te quedaste en Dos Hermanas…

Pues yo estaba cantando en un pub de Sevilla y me vino Eustaquio, el dueño de la discoteca Barrabás. “Te pago el doble si te vienes ahora conmigo”, me dijo. Terminé el pase y me llevó en un coche a Barrabás . Aquello estaba vacío. Él quería que le cantara “Che Guevara” y se la canté. El caso es que empecé a ir y a los veinte días allí no se cabía. Se había corrido la voz de que cantaba un sudamericano, pero era yo. Cantaba al ritmo de charangos que aprendí en Berlín. Ya ves que estaba al liquindoi de todo.

Total: que en Barrabás estuve tres meses y allí conocí a Carmen Rubio, mi mujer. La vi von unas amigas tomando café. Estuvimos ocho meses de novios y nos casamos el 15 de mayo de 1980…

… y tuvisteis a vuestros hijos Fernando y María José. ¿Y de qué vivías? 

Todas las noches, de casado, iba a cantar a La Carbonería, pero mi suegro fue el que me apalancó. Era dueño de “Muebles Eulalio” en Bellavista y me puse a trabajar allí. Tres años después me fui a Merkamueble, y por último estuve 22 años en Picomán, donde me jubilé en 2021. 

Con 69 años, ¿te sigue apasionando la música?

¡Más que nunca! Sigo tocando en eventos esporádicos. He aprendido a tocar el piano yo solo y he tenido tiempo para sacar mi disco, “Toda una vida soñando”, con letra y música mía. Una de las canciones está dedicada a Dos Hermanas, y otra, “I love to live en Miami”, la pusieron hasta en Los 40 Principales. Y sigo componiendo canciones y villancicos.

¿Qué te ha faltado en la vida, Fernando?

Triunfar. Mucha gente me prometió el oro y el moro, pero nada. Los cantautores hemos pasado a la historia. Ya no hay quien se siente a escucharte. Ojalá venga Manolito Lombo y cante alguna canción mía.

¿Qué más cosas haces?

Todos los viernes voy con el Lito a ANIDI. Tenemos un “Taller de Palmas” con los niños. Esos sí que te quieren de verdad. ¡Me dan unos abrazos…!