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Dos Hermanas
martes 15 de septiembre de 2026
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“Estuve tres años encerrado para fabricar una máquina de serigrafiar cristales”

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Antonio Piñera Morote
Antonio Piñera y su hijo Dani, en su nave de fabricación de cristales en Fuente del Rey.

De niño, Antonio Piñera fue arriero en las Casas Baratas. Hoy dirige en Fuente del Rey una fábrica de cristales. Su afán por progresar le llevó a inventar todo tipo de maquinaria

La industria nazarena no solo está formada por grandes multinacionales. Dos Hermanas cuenta con un potente tejido de pequeñas empresas que, con su esfuerzo diario, hacen grande a esta ciudad. Una de ellas es Aciglass, situada en una pequeña nave en Fuente del Rey. Posiblemente, algún cristal de su casa haya sido fabricado aquí, ya que surten a cristaleros de toda Andalucía. Es una empresa familiar. Me reciben Antonio Piñera Morote, su esposa Esperanza Albarrán y sus hijos Dani y Ainhoa.

¿Qué fabricais?

Hacemos la manufactura del vidrio, todo lo que un cristalero necesita para atender a sus clientes. Entre otras cosas, fabricamos el canto pulido y el vidrio curvado.

¿Para qué sirve un vidrio curvado?

Por ejemplo, para la vitrina de una carnicería. ¿No te has fijado en que es curvada? También se usa en muebles de salón. 

Veo aquí un lavabo de vidrio. ¿Eso también lo comercializáis?

No, eso fue un invento mío, pero no continuamos porque me dio un infarto y ya no soy el de antes. Pero, como ves, siempre estamos innovando.  Últimamente estamos fomentado los tragaluces, que son vidrios pisables que fabricamos con varias capas de laminado. Son irrompibles.

¿Ni aunque saltes sobre ellos se rompen?

¡Ni aunque saltes sobre ellos! Este cristal no lo ofrecen las multinacionales y los cristaleros nos lo piden a nosotros.

¿Cuántos sois en la empresa?

Somos una empresa familiar y artesanal. La formamos mi mujer y yo, dos de mis hijos y el repartidor, Sergio. 

Para llegar a ser un profesional de prestigio como eres, el camino no habrá sido fácil. ¿Cómo empezaste, Antonio?

Cuando era un niño, yo  salía de la escuela que había frente a las Casas Baratas y por la tarde trabajaba de arriero con mi padre. Él tenía un mulo y nos dedicábamos a llevarnos los escombros de las obras de la barriada del Rocío y de otras. Pero él quería para mí algo mejor, y con 15 años solté el pico y la pala y me metí en Fontanería Andaluza. Y con 18,  entré en Aluminios Berlanga. en Ibarburu. Ahí empecé a trabajar con los cristales. Con 20 años, estaba haciendo la mili en Mallorca y me daban permiso para trabajar por las tardes en una cristalería. Y a todo esto, mi mujer embarazada en Dos Hermanas… 

¿Pero… no estabas en Mallorca?  

Sí, pero la dejé embarazada en uno de los permisos que vine a Dos Hermanas. Cuando volví de la mili, Aluminios Berlanga había cerrado. Había mucho paro y no encontraba nada. Mi padre me ayudó a pagar un terreno industrial en Las Portadas y, en 1983, mi hermano Pedro y yo levantamos un taller de cristalería que se llamó “Decoración Nazarena del Vidrio”. No teníamos ni teléfono. Lo pasamos muy mal, preocupados por cómo pagar las facturas.  Pepe Berlanga me prestó una gran ayuda llevándome a sus proveedores. Eso me abrió muchas puertas. También me regaló un “dos caballos” averiado, que me hacía falta para el reparto. 

 ¿Cuándo empezaste a despegar?

Todo cambió cuando construí la máquina de serigrafía.  

¿Inventaste una máquina? ¡Cuéntame eso!

Mi mente no paraba, yo quería hacer algo diferente, no solo cierres de aluminio. En mi casa había una lámpara decorada con ácidos. Yo la miraba  y me preguntaba cómo podría fabricar un cristal así. En 1987 había en Sevilla una Feria de Muestras de Artes Gráficas y vi una máquina de serigrafía, que sacaba los cristales decorados con tinta.  Costaba 1.800.000 pesetas. La observé y… decidí hacerla yo mismo. 

¿En serio? ¿Y cuánto tardaste? 

¡Tardé 10 días!

¿Y funcionaba? 

¡Bueno, estuve tres años perfeccionándola! Yo quería una máquina perfecta, que fabricara sin fallos. Estaba obsesionado. Me encerré en la parte de atrás del taller para que nadie viera lo que estaba haciendo. Algunos se reían de mí. Tenía que lograr la fórmula del ácido (que es la que matea el vidrio). Iba al desguace y le quitaba los rodamientos a las ruedas de las motos. Y para no depender de nadie, necesitaba un dibujante, máquinas para tensar el tejido de la malla y el mobiliario para lavar el vidrio. 

¿Y lo conseguiste? 

Sí. En 1989 puse la maquina a funcionar y empezamos a fabricar vidrios decorados al ácido o “mate”. Pasamos a llamarnos “Expograbados”. Metimos de socio a Eloy, un dibujante, y a Eduardo, de Artes Gráficas. Se pusieron de moda las puertas con cristales mateados y entonces en Dos Hermanas no había gran competencia. En poco tiempo despegamos. Llegamos a ser 8 trabajadores. Fuimos líderes a nivel nacional en el vidrio artístico. Con la crisis del 2008, los centros comerciales tipo Leroy Merlin se cargaron a los carpinteros, porque llegan con el cristal colocado. Nosotros hemos sabido transformarnos y desde 2008 somos “Aciglass”. Trabajamos el vidrio de forma artesanal, y en la lucha seguimos.