Los Collantes de Terán Legallois de Grimarest: una conocida familia (y III)

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Collantes
Pepe Collantes

Nos quedamos el otro día en la persona del poeta Alejandro Collantes de Terán Delorme, primo hermano del padre de la familia que estamos tratando, de José Collantes de Terán Bulnes. Y, dijimos que íbamos a hablar, siquiera brevemente de la vinculación con nuestro pueblo. Tanto él como su familia pasaban temporadas, sobre todo la Navidad y el Verano, en la Huerta Collantes, en la zona de Vistazul. Fue un enamorado de Dos Hermanas a la que cantó como pocos. Mantuvo amistad con muchas familias del pueblo. Queremos recordar en este momento la que mantuvo con los hermanos Plaza Muñoz, los ‘Grazalema’, la tan conocida familia del centro de la villa que siempre estuvo vinculada a la familia de los Ybarra. Conocimos, por ejemplo, a Antonio Plaza Muñoz, encargado del almacén del Arsenal –casado dos veces, con Ana Sánchez Soto, nazarena, mujer muy adelantada a su época, y con Natividad Jiménez Iglesias, bollullera de Bollullos par del Condado, mujer devota donde las hubiera-. Fue Antonio Plaza al parecer Presidente de los Requetes de la villa aparte de persona muy vinculada a las hermandades de Santa Ana y la Oración en el Huerto –como todos los Plaza del centro y como lo son muchos del barrio de San Sebastián-. Pues bien, existen fotografías de Alejandro Collantes de Terán Delorme con los hermanos de esta familia lo que demuestra la amistad que los unía. Además, la huerta de los Collantes recibía la visita de los primos Collantes de Terán de los que tratamos. Desgraciadamente, al morir Alejandro Collantes joven, sin dejar siquiera descendencia, no fue conocido por gran parte de la familia. Pero, sin entrar en más honduras que nos llevarían por un camino interminable, lo que nos interesa es la vinculación de Alejandro Collantes por esta su segunda residencia, por este Versalles sevillano que fue Dos Hermanas, al que en alguna ocasión hemos llamado prolongación de la Avenida de La Palmera, por el tipo de familia que la habitaba o bien permanentemente o bien temporalmente, familias pertenecientes en muchos casos a la más rancia nobleza o a la alta burguesía sevillana. Dadas las características del apellido Collantes de Terán quizá podríamos considerarla una familia de la pequeña nobleza sevillana, no titulada, y no tan emparentada con la nobleza titulada de Sevilla como fueron los Legallois de Grimarest. De nuevo, volvemos a sostener que la figura de don Jesús de Grimarest y Villasís, abuelo de la familia que nos ocupa, representa el caso más depurado de noble sevillano implicado profundamente en los problemas de Dos Hermanas, sea el auxilio de los necesitados sea en el ayuntamiento –fue alcalde como ya se ha dicho- sea la participación en la vida de sus hermandades como Valme, Vera-Cruz y Santo Entierro. Ello no quita para que otras familias como los Ybarras participaran en la vida política del pueblo o se implicaran en tareas sociales por todos reconocidas como la creación de las Escuelas del Ave María, que tanto bien hicieron a Dos Hermanas en el orden de la enseñanza o la promoción social de los vecinos del pueblo.

Ahora bien, es hora de pasar a temas más pedestres, de andar por casa. Y vamos a hablar de los hermanos Collantes de Terán Legallois de Grimarest. De Pepe hemos hablado suficientemente en estas páginas y es personaje que ha merecido una serie de artículos. No sabemos bien de donde le venía la afición por el flamenco. Desde luego, no es de origen familiar. Canta por Marchena y por Manolo Caracol y es ferviente bético, lo que es muy importante en una familia donde ya veremos que existe una gran afición al Deporte Rey. En cuanto a Gloria, que ha permanecido soltera, tiene entre sus principales aficiones la costura, el punto y el bordado. Ella misma bordó con las hermanas Díaz Ramos, de apodo ‘Rueda’ –María, Rosario y Anita- en la calle Aníbal González –nuestra popular calle Patomás- el ajuar de sus hermanas Concha y Luisa. Se confiesa gran devota de la Virgen de Valme y sevillista de pro, ya veremos la razón de lo último. Con respecto a Luisa, casada con José Rodríguez Gómez, sus principales aficiones han sido la casa y la cocina. También se confiesa sevillista y gran devota de Nuestra Protectora la Virgen de Valme. La familia que formó con su esposo vivió primero en la calle del Canónigo –en casa frontera a la gran casa de los Moras como ya hemos dicho- pasando luego al Recreo San Antonio, en la carretera de Alcalá de Guadaira, que felizmente todavía se conserva, y, por último, al desaparecido Recreo San Francisco, en los comienzos de la calle Esperanza, de las Pedreras, que era propiedad de la familia Lissen. Y es el momento de decir algunas palabras sobre Pepe Rodríguez Gómez, el esposo de Luisa. Fue un gran contratista de obras públicas toda su vida –los duendes de la redacción nos hicieron escribir en el primer capítulo corredor de aceitunas como su hermano Jaime- y arregló numerosas calles de nuestra ciudad entre ellas la Plaza de Menéndez y Pelayo –la popular ‘Plazoleta’ que hoy los modernos llaman ‘Plazoleta de Valme’, no sin parte de razón pues en ella se levanta el singular monumento a nuestra Virgen, símbolo de identidad para gran parte de Dos Hermanas-. También arregló la Plaza de la Constitución, los Jardines, espacio urbano sólo comparable quizá en la provincia al Salón de Écija aunque con menos iglesias pues en nuestros Jardines se levantan las Casas Consistoriales como en Écija y nuestra Parroquia Mayor de Santa María Magdalena y en Écija se levantan el viejo convento de San Francisco, la antigua Parroquia de Santa Bárbara y muy cerca la Parroquia de Santa María de la Asunción. Pero, a lo que vamos, son los Jardines como el Salón una plaza de tan entidad y belleza –aunque con los añadidos urbanos menos bellos- que forman acaso dos de los conjuntos urbanos más bellos de la provincia. Y en la reforma de este espacio trabajó nuestro personaje. También es importante Pepe Rodríguez Gómez por ser un gran sevillista, nada amigo, por cierto, del Betis, y presidente de la Peña Sevillista de nuestro pueblo. Este amor hacia el club rojiblanco se los transmitió a su mujer y a su cuñada Gloria.

En cuanto a Concha, que murió muy joven, formó una elegante y conocida pareja de la Dos Hermanas de la época con su marido el médico Juan José López Gómez, como hemos dicho un ‘Chamorro’, hombre muy aficionado a los caballos y a todo lo relacionado con el campo. Era, por otra parte, una mujer muy aficionada también a la cocina y a las labores de su casa, tónica que parece común en todas las hermanas.

Pero nos queda Pepa, mujer cosmopolita como pocas en Dos Hermanas y que merece una mención especial en estas páginas. Marchó de nuestra ciudad primero a Suiza y luego vivió en Madrid, esa Villa y Corte de una España que hoy desgraciadamente se despedaza. Posteriormente se fue a vivir a la caput mundi, a la cabeza del Mundo, a Roma donde se alojó en un colegio de religiosas españolas. Allí le salió trabajo en la casa de una riquísima familia judía. Laboró cuidando a los niños de una familia de jóvenes judíos formados por Leone y Lucetta Limentani. El matrimonio tenía tres vástagos: Sara, David y Ruth. Los padres de la cabeza de familia eran también otro matrimonio de adinerados judíos formado por Ángelo y Rosetta Piperno. Todos se dedicaban a negocios de la construcción. Aunque vivían en el Trastevere, el bello barrio romano del otro lado del río Tíber, la familia pasaba temporadas en Jerusalén y Nueva York, donde también poseían negocios. Es de destacar que, como muchas familias judías fueran de la clase social que fueran, habían perdido familia en la persecución nazi y fascista. Nuestra protagonista, Pepa, se hizo cargo de la dirección de la casa, en la que trabajaba numeroso servicio y en la que se vivía el ambiente típico de la casa de opulentos judíos, en esa ciudad como la Roma de los Césares y de los Papas donde se alternó la tolerancia hacia el judaísmo con períodos de menos tolerancia aunque hay que decir que, en la Roma papalina, no les fue, en general, nada de mal. También nos gustaría decir, que, en un momento que hubo amenaza de bomba en el colegio donde estudiaban, los dos pequeños del matrimonio –David y Ruth- fueron mandados a España pasando una temporada en el recreo de Pepe Rodríguez y Luisa Collantes. Los Collantes devolvieron la visita a la familia romana alojándose con ellos en el Trastevere. Gloria rememora todavía esta estirpe con los que establecieron unas relaciones muy familiares. Pero Pepa cuando regresaba a España no lograba acostumbrarse a nuestro país. Era, como hemos dicho, una mujer cosmopolita y que había vivido mucho tiempo fuera de nuestra patria. De todas formas, al jubilarse, se vino a España donde vivió con la familia hasta prácticamente su muerte, falleciendo en una residencia de Montequinto. Es, sin duda, un personaje que llama la atención por el gran número de vivencias que atesoró, por la vida evidentemente tan interesante que llevó, por ser una adelantada a su tiempo al marchar de nuestra semicerrada sociedad nazarena -sobre todo para una mujer de su condición- a otra más lejana y desconocida. Fue, por cierto, como toda la familia mujer muy aficionada a las labores y a la cocina, singularmente a la repostería. Su historia creemos que ha merecido la pena narrarla siquiera de forma breve. En fin, ya decimos que existió otra hermana María, que falleció joven pero en las que se daban las características de la familia, de esta estirpe de grandes nazarenos, grandes valmistas y personas muy aficionadas a lo propio de nuestro pueblo. Y unas últimas palabras para Carmen Quintano Morales ‘Meme’, esa segunda mujer de José Collantes de Terán Bulnes, que tanto quiso a sus hijos y que tanto los cuidó portándose como una verdadera madre.

Sólo nos resta decir que nos hubiera gustado tener más espacio para hablar de los hermanos, sobrinos y nietos del matrimonio Collantes de Terán Legallois de Grimarest, lo que es imposible dado el número de ellos. Sólo decir que se ha distinguido siempre por ser una familia muy católica y de exquisito trato y finura como puede ser atestiguado por todos los que lo conocen. Sirvan estas líneas como homenaje a esta conocida y distinguida familia nazarena.

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