32.4 C
Dos Hermanas
martes 15 de septiembre de 2026
Inicio Local Crónicas Nazarenas Luis Rivas: “Un día me compré 33 pollitas, empecé a vender huevos…...

Luis Rivas: “Un día me compré 33 pollitas, empecé a vender huevos… y hasta hoy”

0
Luis Rivas
Luis Rivas Castro, a sus 94 años, se encuentra bien mental y físicamente. La foto está tomada hace unos días en su tienda, “Huevos Ripe”, en la Avenida de Los Pirralos.

A punto de cumplir 95 años, sigue acudiendo cada día a su huevería, la única que hay en Dos Hermanas. De niño pasó hambre, pero supo ver el negocio de las gallinas

Cuando le llamé para hacerle esta entrevista, pensé que me recibiría en su casa. Me sorprendió que, a punto de cumplir 95 años, Luis Rivas “el huevero” todavía acuda cada día a su huevería, en la avenida de Los Pirralos. 

Pero, ¿no estás jubilao?

¡Claro, hace 30 años! Pero me da vida estar aquí. No sirvo para estar en casa. Vengo por las mañanas, después me echo la siesta y veo películas de muertos. ¡Lo digo porque en las películas del Oeste los actores están ya todos muertos!

Naciste en plena República, en 1930. ¿Qué recuerdas de tu infancia?

De chico pasé hambre. Recuerdo que un día, en carnavales, estaba yo jugando en la puerta de mi casa, en la carretera, y un hombre enmascarado le dijo a mi madre: “Dolores, ¿me conoces?”. Y mi madre se asustó y me quitó  de enmedio. En carnavales solía haber muchos líos. 

Mira, toca este bulto que tengo en la cabeza. Eso es una brecha que me hice de chico. Estábamos tirando piedras a unas palmeras para comernos los dátiles, y una piedra rebotó y me dio en la cabeza.

Antes que huevero,  fuiste carpintero, ¿no?

Es que mi padre, José Rivas Doval, era carpintero, y también lo hemos sido sus cuatro hijos, aunque mi hermano el mayor murió muy joven, de un corte de digestión que le dio en Chipiona en 1952. Mi padre montó el altar mayor de Santa María Magdalena cuando se quemó en la guerra. Adaptó un retablo que trajeron de Carmona.

Con 12 años entré a trabajar en un taller de material avícola que había donde hoy está Entrenaranjos. Hacíamos ponederos, bebederos, incubadoras… En 1947, al dueño le fue mal el negocio y se lo llevó a Sevilla. Me iba a Sevilla en mi bici a las 7 de la mañana y volvía a las 8 de la tarde. Me ponía con mi amigo detrás del autobús de Los Amarillos, que andaba con carbón. Nos tragábamos todo el humo, pero íbamos calentitos.

Entonces, ¿lo de la carpintería…?

Eso fue después. En 1951 me metí en la carpintería de mi tío, porque mi padre había muerto en 1947. El taller estaba en calle Canónigo,  al entrar por Antonia Díaz a la derecha. Éramos unos 30. Hacíamos de todo: persianas, puertas… La barriada del Rocío la hicimos nosotros, y también todas estas casitas de aquí delante, que se construyeron en 1954 y se conocen como “las casitas de Don Juan Lara”. Como había restricciones de luz, íbamos a trabajar de noche. Hasta 16 horas diarias. 

Se nos va el tiempo y todavía no hemos hablado de los huevos, Luis…

Ahora viene. Yo tocaba el clarinete en la banda, pero sabía que la música no me iba a dar de comer. Hacía mis chapuces y tenía ahorradas unas 500 pesetas. Tenía el gusanillo de bregar con las gallinas, y sabía que los huevos entonces eran un artículo de lujo, así que con ese dinero me compré 33 pollitas hembras, teché los 18 metros que tenía de corral en las Casas Baratas, y así empecé a vender huevos, por las tardes. Hasta que llegó un momento en que empecé a ganar más dinero con los huevos, y en 1973 dejé la carpintería.

¿Vendías los huevos de puerta en puerta?  

Empecé repartiendo en bicicleta, y después en una moto Gucci, con dos cajas en el transportín. Iba por ejemplo a La Moneda, una vez por semana. Dejaba la moto abajo y subía a los pisos. Le ganaba una peseta a cada docena.

Y todo eso, ¿solo con 33 gallinas?

No, llegué a tener 640 gallinas, puestas en dos filas a tres niveles. Pero hubo un momento en que cerré mi nave y me dediqué a comprar los huevos. De una granja de Marchena, El Limonar, me traía 600 cajas por semana. Por entonces ya repartía con el 4L; me iba con mi mujer a vender a Sevilla. Tenía clientes en tiendas de barrios como El Tardón o el Barrio León. Y más tarde ya me compré la furgoneta, y repartía a tiendas aquí en Dos Hermanas. 

¿No bajaron las ventas cuando llegaron los súper?  

No, porque nuestra clientela es fiel, saben que los huevos son frescos aunque paguen un poco más. Aquí entran huevos dos veces por semana, están recién puestos. 

Esta tienda, Huevos Ripe, ¿cuando la abriste?  

“Ripe” significa Rivas y Pérez, los apellidos mío y de mi mujer, que ya falleció. En 1986 compré el local que ocupó el Cine Paz de verano. Eran 850 metros. Llegué a un acuerdo con la promotora para que se quedara con las viviendas de arriba y yo me quedé con todos los locales. Uno de ellos es la huevería (que llevan mi yerno y mi hija Chari) y el resto los tienen alquilados mis dos hijos.