Se fue Paco Peralta: el ‘loco’ que revolucionó el fútbol en Dos Hermanas

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Paco Peralta
Paco en el banquillo del Montequinto (temporada 1998/99). También dirigió en nuestra ciudad al Valme y al Ibarburu.

Tras su abrupta salida del Betis, en 1986 se hizo cargo del equipo juvenil del Dos Hermanas, al que llevó a cotas inesperadas de éxito

La fatídica noticia voló por las redes sociales en la mañana del pasado viernes, 12 de febrero. Paco Peralta murió fulminado por un edema pulmonar cuando se encontraba en su trabajo, en el Depósito Municipal. Hacía solo unas semanas le dijo a su sobrino que había pasado un reconocimiento médico y estaba como una rosa. Dos días antes del infarto vivió con intensidad, desde el banquillo, un partido de los que le gustaban: el derbi Ibarburu-Dos Hermanas. Nada hacía presagiar su prematura muerte, a los 62 años, que ha conmocionado al fútbol nazareno y al de otras poblaciones donde entrenó. Era un tipo con personalidad; a nadie dejaba indiferente. Reservado en su vida personal, pero apasionado en lo único que existía en su vida: el fútbol.

Paco Peralta
Equipo Juvenil del Dos Hermanas C.F. (temporada 1986/87) que Peralta asciende a Primera Nacional. De pie: Gandullo (delegado), Jesús Rafa, Rafa, Olmedo, Monda, Beni, Buito, Gandullo, Cañas, Chaves, Leo y Peralta (entrenador). Agachados: Frutos, Fernández, Luna, Rodri, Raúl, Isco.
Paco Peralta
Peralta, Benito, Francisco Morales Zurita y Zurita hijo. Fue el presidente Zurita quien supo ver sus capacidades y lo fichó en 1986 para el Dos Hermanas cuando dejó el Betis.

Su visionario concepto del juego, desconocido en Dos Hermanas, se adelantó varios años al que después consagró a Guardiola en los banquillos. En sus equipos no se daban voleones. Con su voz grave (“Escúchame, nene…”), daba un grito y paraba las jugadas en los entrenamientos. Enseñó a levantar la cabeza, a sacar el balón jugado. Conceptos tácticos como la marca, el amago, la ruptura, el desdoble, la búsqueda para la recepción de la pelota, los espacios libres… eran habituales en sus entrenos. Las individualidades no servían si no había antes un equipo que jugaba unido. Pero sobre todo, cuentan los que fueron sus pupilos que Peralta les transmitió mentalidad ganadora. Y tuvo éxito. Porque fue llegar y dar su gran golpe.

Ascenso a Liga Nacional

Quien acertó a ver su potencial fue Francisco Morales Zurita. Una de sus primeras decisiones al acceder a la presidencia del Dos Hermanas fue hacerle una oferta para dirigir el equipo de juveniles, aprovechando que Peralta estaba libre tras unas sonadas desavenencias que le habían sacado de la cantera del Real Betis. Venía de hacer campeón de Andalucía a su equipo de infantiles. Aunque tenía otras ofertas (Manacor, Mallorca B), se decidió por el Dos Hermanas, donde se instala. Corría 1986. Pepe Benítez, director de la cantera del Dos Hermanas, le facilita una concentración de pretemporada en Prado del Rey. Paco supo optimizar aquel grupo, sacar el máximo rendimiento a aquella fantástica hornada de jugadores nazarenos. En sus dos primeras temporadas logra un hito histórico en nuestra ciudad: asciende a los juveniles de Primera Provincial a Preferente y a continuación a Liga Nacional. Su prestigio se dispara y lo catapulta al primer equipo del Dos Hermanas, que se encontraba en un apurado puesto de descenso en la categoría de Tercera División. Peralta no solo lo saca del descenso: lo deja séptimo clasificado, subiendo al primer equipo a varios juveniles.

Paco Peralta
Congreso Mundial de Entrenadores (2005). Peralta posa junto al entonces presidente de la Federación Andaluza de Fútbol, Eduardo Herrera, y su amigo Raúl Carmona, que lo acompañó como segundo entrenador en el Dos Hermanas y en el Ibarburu. Más tarde Peralta fue segundo de Carmona en Los Palacios C.F.

A partir de ese momento su carrera, como la de otros técnicos, lo lleva por un carrusel de banquillos con éxito dispar: Pozoblanco, Puente Genil, Carmona, Lebrijana, Ibarburu, Valme, Montequinto. Se hizo experto en ascensos. Hasta 20 logró. También ejerció de director deportivo de la U.D. Jerez y regresó en distintas etapas a la cantera del Dos Hermanas. Porque si Paco tenía un don especial, ese era su ojo para ver el talento. Como expresó su íntimo amigo Raúl Carmona en el responso en su memoria (celebrado el sábado pasado en el campo de Ibarburu), “le encantaba ver a los jugadores en proyección, se desvivía en aconsejarles y ayudarles en lo personal y en lo futbolístico. Su máxima era: para el que maneja bien el balón, no hay edad”.

El Betis en las venas

Francisco Javier Peralta Díaz nació el 28 de agosto de 1958 en el sevillano barrio de La Calzada. Era el menor de los diez hijos de Manuel Peralta (militar, mutilado de guerra) y Trinidad Díaz, su madre (natural de Albaida), a la que adoraba. Los Martes Santos no faltaba a su cita para acompañar, con su hábito de nazareno, a los titulares de la Hermandad de San Benito. A pesar del vínculo tan especial de esta cofradía con el Sevilla F.C., Paco llevaba al Betis en las venas. De jovencito jugó de lateral derecho en El Fontanal y más tarde en categorías inferiores del Betis; pero a los 23 años supo intuir que su futuro podía estar en los banquillos. Cuelga la botas y se saca el Título Nacional de Entrenador. Sus primeros éxitos los vive dirigiendo al Revilla, un equipo de barrio. De ahí, por mediación de Antonio Quijano, en 1982 salta a entrenar al segundo equipo de infantiles del Betis, integrándose en el grupo de formadores que capitaneaba Germán Vaya “Mani”, el mismo con el que tuvo la sonora bronca que le hizo salir del Betis. Paco no entendió que él formara futbolistas para que después se lo llevaran otros técnicos del club. Quizá alguien quiso alejarlo del Betis para que no le hiciera sombra. Y lo logró.

Paco Peralta
Entrenadores de la cantera del Real Betis (1984/85) en el Benito Villamarín. De pie: José Angel Moreno, “Joaqui”, Paco Benítez y Frasco. Agachados: De la Torre, Luis del Sol, Mani y Peralta. Paco se integró como técnico de la cantera bética en 1982.
Paco Peralta
El equipo de la A.D.Carmona, al que ascendió a Preferente en 2004. Era un experto en ascensos. Hasta 20 logró en su carrera.

El futbolista nazareno Zurita, que estuvo bajo sus órdenes en estos años del Betis, nos relata esta anécdota. En un partido, su portero salió a despejar con el pie al lateral del área y el balonazo se dirigió al banquillo y le dio fortuitamente a Peralta, que cayó al suelo. Al incorporarse, preguntó quién le había dado. Le dijeron que fue Chacón, el portero, y ¡lo cambió al momento!

Otros cuentan que daba sus paseos por el “poli” para cerciorarse de que ninguno de sus jugadores practicara otros deportes, como el fútbol sala, para que no se lesionaran. Exigía compromiso, competitividad y profesionalidad; no comprendía a jugadores que se fueran de marcha si había partido al día siguiente. Así era Peralta: quizá tosco en sus formas, puede que de apariencia huraña, pero honesto, fiel, modesto, generoso e implicado. Su capacidad para gestionar los grupos le llevaba a preocuparse por el estado de ánimo de sus chicos, por el bienestar de sus familias. Siempre se mostraba dispuesto a auxiliar a quien lo necesitara. Incluso ayudaba a los chavales a encontrar trabajo. Y aunque hubo quien le hizo ver que esa cercanía podía ser inapropiada (“No te puedes tomar una cerveza con tus jugadores, Paco, eres el entrenador”), nunca renunció a su forma de ser y trabajar. Genio y figura.

Un legado de trabajo

“Único e irrepetible, siempre en constante aprendizaje, innovador sin tener miedo a nada”, decía Carmona en el responso. En Dos Hermanas hizo su vida, aquí trabajó muchos años en el Patronato de Deportes, también en el llamado “Equipo Antialgas” que en los veranos se encargaba de la piscina del campamento de El Pintado, donde lo adoraban niños y monitores.

Sin duda ha dejado aquí su huella. Sembró una semilla que perdurará en el tiempo. Ha dejado un legado de trabajo, sacrificio y sabiduría. Muchos, que lo sentían como un padre, han llorado su pérdida, su discreta despedida, sin avisar. Echaremos de menos su carismático ceceo, su bonhomía, su inteligente mirada. Descansa en paz, Paco.

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