Nacido en Benin, es el único cura africano en Dos Hermanas. A las puertas de la Nochebuena, nos habla de su vida y de su nuevo cargo en la Parroquia del Rocío
Desde que el pasado 10 de septiembre tomara posesión de la parroquia de Nuestra Señora del Rocío, se siente uno más del barrio. Es el único cura africano que hay en Dos Hermanas. Tiene 41 años y se llama Mahugnon Romuald Eleuther Hounkpe Sagbo. Para todos, el padre Romualdo. Antes de recibirme en su despacho, presidido por una foto del Papa León XIV y un busto de Juan Pablo II, ha estado conversando con unos operarios sobre la forma de colocar el techo del patio, para que el agua caiga fuera y no dentro cuando llueva.
Ha sido coadjutor en Santa María Magdalena, pero esta es su primera experiencia como párroco. ¿Cómo se siente en Dos Hermanas?
En Dos Hermanas sois cálidos y acogedores. Me siento muy bien acogido e integrado, y eso me ayuda. Si no hubiera sido así, no habría podido. La gente ha visto en mí una potencialidad, y me ha dado la posibilidad de darme a ellos.
¿Hay mucho trabajo?
Por supuesto. Como es mi primera experiencia como párroco, lo que hago es observar y continuar la labor que hacía D. Carlos Carrasco, que estuvo aquí 12 años y ha sido trasladado a Los Bermejales. Si se me plantea alguna cuestión que no conozco, pregunto: “¿Cómo lo hacíais el año pasado?” Intento fomentar las bases y hacer de la iglesia una casa abierta.
Las barriadas del Rocío, Casas Baratas y todas las de alrededor son populosas. ¿Participan en las actividades de la parroquia?
Tenemos dos misas los domingos, y una el resto de días salvo el lunes, pero entre semana viene poca gente. Me gusta ver a la juventud, pero no la veo aquí y sí en las procesiones. A las iglesias la gente viene mucho para ver a su cristo, pero poco a misa, que es donde cogemos la fuerza. En las bodas, pocos comulgan. Hemos perdido el sentido del sacramento de la Comunión, que es el alimento del alma. Eso me da pena, porque todos los días comemos pan, pero el pan de vida es Jesucristo.
Nació en Zinvié (Benin), donde se habla francés. ¿Ha sido difícil para usted el español?
Yo fui ordenado en 2014 y al año siguiente me mandaron a Sevilla sin saber nada de español. Pero todo se aprende. Estuve dos meses en una academia y no me costó trabajo. Tenía ganas de comunicarme y celebrar la misa en español. Lo que me costó un poco más fue el andaluz…
¿En serio? ¿Hablamos muy rápido?
¡Más bien os coméis algunas partes de las palabras! Estando de capellán en un hospital, una señora me pasó a su hija por teléfono y me decía una frase que no entendía: “Eso no es ná”. Tuve que pedirle a la madre que me tradujera, y así entendí que “na” es nada. Pero no me da vergüenza que me corrijan si digo alguna palabra incorrecta. A veces pregunto en plena homilía.
¿Siempre quiso ser sacerdote?
De pequeño quería ser sacerdote o médico. Mis padres y abuelos son muy creyentes y yo soy el mayor de los cinco hijos. Mi madre era secretaria en la parroquia y mi abuelo me llevaba en hombros a la iglesia. Desde pequeño tuve vocación. Era monaguillo de los “camilos”, una congregación conocida por ser “ministros de los enfermos”. Eran tres y tenían un hospital. Tras acabar el bachillerato, entré en el seminario con los camilos. Yo los veía curar a los enfermos y por eso decía que quería ser médico y sacerdote. De hecho, estudié diez años en el Seminario entre 2004 y 2014 pero, una vez en España, he estado estudiando Farmacia y Óptica y he hecho un posgrado de Humanización de la Salud. Ahora ya no tengo tiempo.
¿Nunca dudó de su vocación?
Yo me esforzaba por ser cura, pero no quería imponer nada. Decía: “Que sea lo que Dios quiera”, pero si este no es mi sitio, que Él lo decida.
Está a más de 3.000 kilómetros de su país, Benin. ¿Echa de menos a su familia?
Es verdad que a veces me he encontrado solo, pero desde los años del seminario te acostumbras a estar lejos de la familia.
¿Sabe cocinar?
Sé cocinar, hago arroz, pasta…aunque la gente del barrio me trae cosas. En Sevilla también hay sitios donde venden comidas de mi tierra, hechas con harina y verduras.
¿Un cura tiene tiempo libre?
Te diría que no, porque esta es una parroquia con mucha actividad. Cuando voy en el coche suelo escuchar la radio, sobre todo Radio María. Y en casa tengo el bono de los canales de televisión de pago, pero no lo uso. Si tengo algún rato libre, hago lecturas espirituales sobre compasión, para entender y ayudar a la gente.
Feliz Navidad, padre.
Feliz Navidad para ti y todos los nazarenos. Celebremos el nacimiento del Señor.



































