Rafael Gutiérrez Fernández, un vicario parroquial de Santa María Magdalena

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Rafael Gutiérrez Fernández

Ha servido en nuestra Iglesia Mayor y Más Antigua con gran contento de los fieles

No recuerdo ahora mismo si he tratado en mis artículos de los vicarios parroquiales que han servido a nuestra Parroquia Mayor. Han sido muchos y de gran valía. Me vienen a la memoria don Salvador Andrades Holgado, que fue eficiente coadjutor en tiempos de ese gran párroco, tan celoso del templo, que fue don Valeriano Carrero Carmona; don Adolfo Petit Caro, también tan cuidadoso, que lo fue en el mismo curato; don Luis Carrillo Andrade, tan trabajador, que lo fue durante el curato de don Lorenzo Nieto Frutos; el sacerdote jubilado, aunque no fue vicario, don Andrés Martín Cordones, que para mí que tuvo una gran influencia en la vocación del hoy flamante canónigo don Miguel Adolfo Vázquez Lombo, al que desde aquí felicito por su nombramiento, orgulloso como estoy de haber sido su catequista de confirmación; don Fernando Reyes Rico, hoy nuevo párroco de Nuestra Señora de Valme y Beato Marcelo Spínola, don José Manuel Martínez Santana y, cómo no, el canónigo, hijo del pueblo, que tampoco fue vicario don Juan Miguel Rivas de Dios. En fin, un plantel de venerables sacerdotes han servido a la parroquia en los últimos curatos: los de don Valeriano Carrero Carmona, don Juan Manuel García-Junco Caballero, canónigo y excelente sacerdote, don Lorenzo Nieto Frutos y hoy don Manuel Sánchez Heredia que ha traído aires nuevos a la Parroquia. En la actualidad tenemos un adscrito, el hijo del pueblo, don Francisco Vega Durán.

Pero yo hoy quiero hablar de nuestro querido don Rafael Gutiérrez Fernández. Nace en la monumental Carmona el 21 de marzo de 1962 hijo de Rafael Gutiérrez González y Dolores Fernández Vázquez, ambos de esta ciudad. Tiene un solo hermano Manuel, casado con Isabel Márquez y padres de una sola hija, María. Su hermano es profesor de Latín en el instituto carmonense El Almendral. Es bautizado en la Parroquia Prioral de Santa María de la Asunción, de la que dependen como filiales las iglesias, antiguas parroquias, de Santiago y el Salvador. Vivía, a la sazón, en la calle General Chinchilla, llamada hoy Hermanas de la Cruz. Luego se va a vivir al barrio de San Blas, antigua zona tartéssica, concretamente a la calle Diego Navarro, número 17. La Iglesia de San Blas junto con la de San Felipe eran filiales de San Bartolomé. Él, a pesar de vivir en el barrio de San Blas, tomó la primera comunión en Santa María de manos de don Francisco Márquez Sánchez, sacerdote nazareno, conocido como ‘El Norisco’ y párroco, a la sazón, de la prioral.

Y tenemos que preguntarnos cómo surgió su vocación. Ya en la más tierna infancia, sentía inclinación hacia el sacerdocio. Sentía veneración por los sacerdotes. Por ejemplo, a don Francisco Márquez le besaba la mano.

Pero, cabía preguntarse, cuando entró en el seminario. El año del golpe de estado de Tejero, que fue el 23 de febrero de 1981 estaba estudiando Primero de Filología. Dejó los estudios, y en octubre de ese mismo año entró en el seminario, dónde permaneció cinco años. El 19 de marzo de 1987, fue ordenado de diácono y el 4 de octubre del mismo año de sacerdote.

Muchos han sido sus destinos pastorales. En primer lugar, estuvo tres años en la parroquia de Santa María de Gracia del pueblo serrano de Almadén de la Plata, con su famoso Cristo del Crucero. Luego, estuvo un año en la Parroquia de San Roque de las Cabezas de San Juan. Posteriormente, permaneció tres años en las Parroquias de San Francisco de Morón y San Pedro de Coripe. Luego marchó a Misiones, concretamente, a Perú gracias, sobre todo, a su amistad con don Eduardo Martín Clemens. Se fue a la costa concretamente a la diócesis de Trujillo. Fue profesor y formador del Seminario de San Carlos y San Marcelo, párroco de San Lorenzo de Trujillo y profesor de un centro pedagógico. Por problemas de visión, concretamente por una maculopatía en el ojo izquierdo, se vino a España. Aquí fue destinado un año a la Parroquia de San Juan Bautista de Alcolea del Río, que tiene por patrona a la Virgen del Consuelo. Después, volvió dos años a San Francisco de Morón y San Pedro de Coripe. A continuación, su próximo destino fue la Parroquia de San Bartolomé de Aguadulce, donde permaneció tres años. Luego marchó dos años a la Parroquia de Nuestra Señora de la Estrella de Palomares del Río.

Pero todos estos nombramientos fueron de párroco. Luego se abrió una nueva etapa. Fue nombrado vicario parroquial de la Parroquia de San Román, siendo párroco don Antonio Hiraldo Velasco, donde permaneció siete años. En esta etapa se licenció en Historia.

Luego es trasladado como vicario parroquial a Dos Hermanas en el curato de don Lorenzo Nieto Frutos, habiendo seguido en el de don Manuel Sánchez de Heredia, hasta que en los últimos nombramientos ha sido designado vicario de la Parroquia de San Luis y San Fernando de la barriada sevillana de Rochelambert. En Dos Hermanas ha permanecido 10 años. Al principio de entrar en nuestra parroquia, tradujo el texto en latín, sobre las indulgencias de la Virgen de Valme respecto a la unión con la basílica liberiana de Santa María la Mayor.

Y qué se puede decir de don Rafael y su labor en nuestra parroquia. Ha sido muy intensa. Ha conectado mucho con los jóvenes con los que se ha juntando mucho y a los que ha atraído mucho a la Iglesia, en parte por lo que le ha gustado el mundo de las hermandades a las que ha estado presto a servir y también, por su afición al fútbol, siendo como es un gran bético. Famosas y anecdóticas han sido sus discusiones con los sevillistas. Pero, también, es una persona que desde la Sagrada Cátedra ha defendido los derechos de la Iglesia con todas sus fuerzas lo que ha llevado a algunos a acusarle de meterse en política. Lo cierto es que en sus sermones ha mostrado su gran cultura, su conocimiento de las lenguas clásicas -que tan bien domina-, su conocimiento de la situación del país y de otros países, su amplio conocimiento del magisterio de la iglesia, etc. etc.

Por otra parte hay que decir que ha sido capellán del Hospital de Nuestra Señora de Valme durante siete años, habiéndole cogido toda la pandemia del coronavirus, tarea difícil para cualquier sacerdote.

En fin, qué más podemos decir de Don Rafael. Yo lo voy echar mucho de menos. Mis relaciones con absolutamente todos los sacerdotes, excepto acaso uno, que han pasado por Santa María Magdalena han sido excelentes. Me enseñaron en la infancia a venerar y querer al clero. Lo he llevado siempre por divisa. Ahora me siento entristecido, como me consta que están muchísimas familias de la Parroquia. Se me va a permitir que nombre a tres porque es cierto y lo he hablado con ellos. Una es la familia López Jurado, los ‘Quitos’, otra la familia Moreno García y otra la familia Asencio Becerra. Pero son muchas las familias que van a echar de menos a este sacerdote reservado, tímido pero que no cabe duda de que tiene y aquí lo ha demostrado madera de profeta.

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