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martes 15 de septiembre de 2026
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“Si naciera de nuevo, volvería a ser maestro. Es una profesión gratificante”

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José Manuel Álvarez
José Manuel Álvarez y Pepi García, el pasado 24 de septiembre.

José Manuel Álvarez fue profesor en el Valme Coronada, Cantely y La Motilla. Nacido en León, aquí conoció a Pepi, su inseparable pareja durante 55 años, fallecida días después de esta entrevista

Tras 20 años escribiendo semanalmente sobre asuntos de Dos Hermanas, confieso que esta entrevista es una de las más difíciles que he escrito. De hecho, la realizamos en septiembre y me he demorado nueve meses en publicarla. La dificultad no estriba en José Manuel Álvarez (una bellísima persona, un gran profesor) sino en el inesperado fallecimiento, solo unas semanas después, de su esposa Pepi García (también profesora), con quien, en la foto adjunta, José Manuel posa en el jardín de su casa el mismo día de la entrevista.

¿Quién no ha tenido un profesor que marca, que influye para toda la vida? Para mí, ese profesor fue José Manuel. A través de él, esta entrevista pretende ser un homenaje a todos los docentes necesarios que él representa.

¿Cómo te encuentras tras la marcha de Pepi?

David, ha sido un mazazo. Llevábamos juntos desde que nos conocimos en 1970. Como no tuvimos hijos, ella lo era todo para mí, nunca nos hemos separado en 55 años. Desde que le detectaron el cáncer, todo fue muy rápido y no llegó a dos meses. Intento recuperarme como puedo. Su familia, que es de Hinojos, no deja de estar pendiente de mí. 

Pepi y tú llegasteis a Dos Hermanas de la mano. ¿En cuantos colegios habeis estado?

Yo comencé un año en Coria y después estuve dos más en Santiponce; y ese año, en una excursión que hice con los alumnos a Camas, me encontré con una amiga, que me invitó a ir a Hinojos, adonde fui con mi seíta recien estrenado. Allí conocí a Pepi y los dos nos enamoramos perdidamente. Nos casamos once meses después, el 6 de junio de 1971. Para poder dar clases en el mismo colegio, nos fuimos seis años a Guadajoz. Y en 1977 nos destinaron a Dos Hermanas. Estuvimos dos años en el Valme Coronada, cinco en Cantely y, en el curso 1985-85, fuimos dos de los profesores que inaugurábamos el nuevo colegio de La Motilla. Ahí he estado 20 años (siete de ellos como director), hasta que me jubilé en 2004.

Yo fui alumno tuyo entre 1985 y 1987. En la excursión de fin de curso de 8º de EGB nos llevasteis a Asturias y paramos en tu pueblo, que nos enseñaste con mucho orgullo. Háblame de tu infancia.

Yo nací en Montrondo, un pueblo montañés de León con 150 habitantes. Crecí entre prados verdes, ovejas, cabras y vacas.  No había agua ni luz. La luz llegó en 1950, pero solo por la noche. Mi madre me mandaba con dos cubos a por agua a una fuente. Con cuatro años, ya salía yo a pastorear las vacas. M padre se dedicaba al campo, pero como era miope, era yo el que cabruñaba a la guadaña.

¿Qué es cabruñar?

Sacarle filo a la guadaña. Había que hacerlo varias veces al día durante la siega.

¿Siempre quisiste ser profesor?

No, de hecho en la familia fue una tragedia que, tras siete años estudiando en un seminario, yo volviera sin ser cura.

No te veo de cura…

¡Ni yo! Mi madre tenía un hermano sacerdote y decidió mandarme al seminario. Cuando me preguntó si quería ir, lo primero que yo dije es si allí se jugaba al fútbol. Así que entré en el seminario de Orense en 1955, con 11 años. Mi madre me acompañó. Eran solo 150 km. pero tardamos 14 horas, primero andando (con las maletas en un caballo) y después en varios trenes.

Estuve allí siete años, decidí no ser cura y preparé oposiciones a policía secreta, funcionario de prisiones y contador del Estado. Finalmente hice Magisterio por libre y me convertí en profesor en 1966. Tras hacer la mili, oposité en Sevilla porque aquí había una profesora de mi pueblo que me dijo “vente para Sevilla”. Y en 1968 ya era profesor en Coria. 

¿Cómo se adaptó a Andalucía un leonés de la montaña?

Me chocaba todo: la gente, la comida. No entendía la retahíla de la gente, los giros al hablar. Pensé que pedía carne y me dieron pescado. La primera vez que comí caracoles fue en Umbrete. Mientras yo comía uno, mis amigos comían cinco. 

Yo siempre soñé con volver al terruño. Cuando conocí a Pepi, pensé arrastrarla para arriba, pero ella no quería, y a mí empezó a gustarme la vida aquí. Y nunca me he arrepentido de haberme quedado.

¿Cómo era aquella Dos Hermanas de 1977 a la que llegasteis?

Era un pueblo grande, casi sin servicios, donde solo había una fonda. Hemos visto cómo se ha convertido en una gran ciudad, sobre todo en cultura y en parques. Nos compramos esta casa y nos tildaron de locos: con agua de pozo, sin correo, sin tiendas en la urbanización, el panadero venía en furgoneta… pero hoy La Motilla es un lugar de ensueño.

¿Ha habido una evolución en la docencia?

Los niños antes eran respetuosos, te dejaban explicar.

¿Y qué ha cambiado?

Los alumnos son el ejemplo de la pérdida de valores de la sociedad de hoy. De 25 años para acá, la educación adolece de cuatro males: la falta de autoridad de los maestros, las redes sociales  (son armas que los niños no manejan, los padres no los protegen de eso), la hiperpotección de los padres (que no dejan madurar a sus hijos) y los políticos, que no preguntan a los docentes y se dejan llevar por el cortoplacismo. Hay una falta de leyes y de continuidad. Los que llegan cambian la ley del anterior.  

A pesar de eso… si volvieras a nacer, ¿volverías a ser profe?

Sí, sin duda. Es una profesión gratificante poder enseñar, ver esas caritas en las que despiertas el interés, el mostrarles horizontes… Esa es la base de la educación: crear curiosidad. También gratifica que los alumnos vengan a contarte cosas íntimas que no le cuentan a sus padres. Por eso un profesor debe dar cariño y saber escuchar. Y ya de jubilados, vamos por la calle y nos sonríen. Te saludan con mucho cariño. 

José Manuel ha escrito varios libros, toca el acordeón y es un amante de la lectura, los viajes y la jardinería. En nombre de todos sus ex alumnos, le doy las gracias por su dedicación, su humanidad y por ser, para muchos, aquel profesor que despertó nuestra curiosidad.