Adrián Martínez, un arquitecto nazareno en Harvard

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Adrián Martínez

«Como arquitecto, estoy impresionado con el crecimiento de Dos Hermanas en la zona de Arco Norte», explica Adrián Martínez en referencia a Entrenúcleos

El joven Adrián Martínez reside actualmente en Cambridge (Boston, EEUU) donde realiza una estancia de investigación en la prestigiosa Harvard University Graduate School of Design. Además, desarrolla su actividad profesional como arquitecto en la oficina que fundó en 2020 junto a su socio Guillermo Avanzini: MAAV Arquitectos.

Adrián Martínez estudió arquitectura en la ETSA Sevilla y en la ENSA París La Villette, graduándose por la Universidad de Sevilla en 2014. 

Su proyecto final de carrera recibió la máxima distinción académica y numerosos primeros premios en concursos nacionales e internacionales. Uno de los más destacados fue la participación en el Pabellón Español de la 16ª Bienal de Arquitectura de Venecia en 2018. 

Durante su último año de carrera, trabajó en la oficina MGM-Morales de Giles en Sevilla. Como arquitecto colaboró en la oficina del reconocido Rafael Moneo (Premio Pritzker 1996 y Príncipe de Asturias 2012) en Madrid desde 2015 hasta 2018, participando activamente en proyectos de diferentes escalas y programas, desde la fase de conceptualización hasta los detalles constructivos de obra. 

Desde finales de 2018 mantiene una enérgica labor como investigador y profesor, siendo miembro del Departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónica de la ETSA Sevilla desde 2018, donde combina su actividad docente con su doctorado.

Adrián Manuel Martínez Muñoz nació en febrero de 1989 en Sevilla. Creció en la urbanización Huerta Sola, en la calle Real Utrera. Su padre siempre ha estado vinculado a hermandades de la ciudad, perteneció durante muchos años a la cuadrilla de costaleros y más tarde al equipo de capataces de la Hermandad del Lunes Santo (Amor y Sacrificio). 

«Yo salí de nazareno en esta hermandad cuando tenía 5 años. Mi familia materna proviene de Lebrija y la paterna sí está enraizada en Dos Hermanas», nos explica Adrián Martínez. 

¿Cuándo y por qué decide estudiar Arquitectura?

Desde muy niño me recuerdo con un lápiz y un papel dibujando cualquier imagen o figura que nacía en mi imaginación, seguramente como la mayoría de niños en esas edades tempranas. Pronto aquellos primeros bosquejos se convirtieron en retratos a carboncillo de gran realismo. 

En la adolescencia comencé a pintar al óleo imitando a los grandes pintores impresionistas realizando cuadros para mi familia. 

Cuando tuve que decidir qué carrera estudiar, valoré Bellas Artes como una opción, pero entendí que Arquitectura englobaba esa parte creativa y artística que me interesaba, además de ser una profesión que aunaba otros intereses como la ciencia, la parte más técnica de la arquitectura.

¿Le viene de familia?

En mi infancia, mi padre solía construirnos castillos de cartón para utilizarlos como fortines de juguetes. Incluso a veces, aquellas cabañas de cartón alcanzaban suficiente tamaño para que mi hermano y yo jugásemos en su interior. Supongo que aquellas vivencias algo tuvieron que ver con mi interés por crear espacios habitables. 

Su proyecto de fin de carrera ha recibido diferentes premios, ¿sobre qué versaba?

Mi proyecto fin de carrera trató de repensar un modelo alternativo de construir en altura en un entorno de alta densidad poblacional como es México DF, ciudad en la que pasé varias semanas investigando para el proyecto. 

El proyecto era un edificio de cincuenta plantas con programa híbrido que albergaba viviendas, oficinas, un mercado y un jardín público elevado. 

El proyecto fue considerado con la máxima distinción por parte del tribunal evaluador (matrícula de honor) y fue premiado con varios premios a nivel nacional e internacional, entre los que destacan: Primer Premio de la Cátedra Holcim y el Premio en la XIII BEAU (Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo), dentro del apartado de la VI Muestra de Proyectos Final de Carrera. 

Además, ha sido expuesto en el Pabellón Español de la Bienal de Venecia 2018, evento de gran prestigio en el mundo de la arquitectura.

¿En qué momento decide salir de España?

Comencé a salir de España en la adolescencia con estancias de un mes en Gran Bretaña con becas de estudios de idiomas. Más tarde, viví en París un año mientras hacía un curso de la carrera en la universidad de La Villette. Cuando acabé la carrera en 2015, me trasladé a Madrid para trabajar en el estudio del arquitecto Rafael Moneo (Premio Pritzker 1996, Premio Príncipe de Asturias 2012 y Praemium Imperiale 2017) donde colaboré en proyectos de gran escala en China, Santo Domingo, Miami o Berlín. Antes de mudarme a Madrid trabajé, mientras era estudiante, en la oficina sevillana MGM Arquitectos.

¿Qué hitos importantes destacaría en su carrera profesional?

El hecho de haber colaborado codo con codo con Rafael Moneo, considerado el mejor arquitecto español del siglo XX es probablemente uno de los mayores hitos de mi carrera. Al tiempo que colaboraba en el estudio de Moneo en Madrid, gané un concurso de manera independiente para rehabilitar la Fábrica de Clesa, obra de Alejandro de la Sota en 1961. La participación en el Pabellón Español de la Bienal de Venecia de 2018 supuso otro paso importante en mi carrera. 

En estos momentos se encuentra en Harvard realizando una estancia de investigación, ¿sobre qué?

Desde que volví a Sevilla, pertenezco al Departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónica de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla donde imparto clases a alumnos de quinto año a la vez que desarrollo mi tesis doctoral sobre el concepto de ciudad vertical contemporánea. 

Actualmente resido en Cambridge (Boston, EEUU) donde realizo una estancia de investigación en el Graduate School of Design de la Harvard University. Allí investigo proyectos de arquitectura que exploraron otras formas de construir ciudad en altura como alternativa al canon dominante del Movimiento Moderno.

Ha fundado una empresa, ¿qué tipo de proyectos desarrolla desde su estudio?

En pleno inicio de la pandemia generada por el COVID-19 fundé junto a mi socio Guillermo Avanzini la oficina de arquitectura MAAV. 

En nuestro estudio desarrollamos principalmente obras públicas a través de concursos, así como a excepcionales encargos privados en toda la geografía española. En este momento estamos redactando el proyecto de 60 viviendas VPO en Bilbao, la reforma de una casa pasiega en la montaña cántabra, y dos casas privadas, una entre medianeras en un pueblo de León y otra aislada en Ojacastro, La Rioja. También estamos a la espera del fallo de un concurso de 35 viviendas en Sevilla. 

A la vez que desarrollamos proyectos, impartimos conferencias y clases de arquitectura. La última conferencia fue en la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo en Chiclayo, Perú.

¿Cuáles son los principales retos de la arquitectura actual?

Desde mi punto de vista la arquitectura debe adaptarse a los recursos menguantes del mundo que viene. Una arquitectura que sea capaz de responder de forma sensata a las necesidades habitacionales de la sociedad. Alejarse de aquella «arquitectura espectáculo» que a base de presupuestos desorbitados construye contenedores que quedan desfasados e inservibles por la falta de flexibilidad en la previsión de su vida útil.

¿Cómo ha vivido la pandemia?

La pandemia ha cambiado la manera de trabajar. Ahora hacemos reuniones virtuales con clientes y colaboradores, hemos desarrollado una forma de trabajar que nos permite adaptarnos a la carencia de presencia física. Sin embargo, la arquitectura es una profesión que requiere de la construcción física de los espacios, de pisar una obra, de tocar los materiales y constatar la reacción de los clientes al ver sus sueños hechos realidad.

¿Ha afectado mucho a la arquitectura?

La pandemia ha afectado a la arquitectura relevando las carencias que las viviendas en las que habitamos tienen. Ahora somos más conscientes de la necesidad de tener una terraza o un balcón al que salir a respirar aire fresco en un confinamiento estricto como los vividos. Además, hemos tenido que adaptar nuestras casas para poder trabajar en ellas, hacer ejercicio, etc. Eso va a hacer que a partir de ahora, cuando queramos adquirir una vivienda, prestemos más atención a los espacios exteriores de las viviendas.

¿Algún arquitecto o arquitecta que sea su inspiración?

Desde luego un arquitecto que me inspira es Rafael Moneo, con quien tuve la suerte de trabajar durante cuatro años. No solo son de inspiración sus proyectos, sino la forma en que afronta la profesión dedicándose a la práctica, la teoría y la crítica. También los arquitectos franceses Lacaton & Vassal, distinguidos con el último Premio Pritzker (Nobel de Arquitectura), son un referente por cómo gestionan los presupuestos y transforman los espacios de habitar reutilizando edificios.

¿Cómo definiría su trabajo?

Intentamos construir aquella arquitectura en la que creemos, alejándonos en muchos casos de intereses comerciales. Buscamos una arquitectura que responda a las necesidades de sus usuarios y sobre todo, del lugar en el que se inserta, respondiendo de manera sensible a la cultura de esos lugares, a su clima y a su forma de construir. De alguna manera, tratamos de dar respuesta a una escala global y local al mismo tiempo. 

¿Qué significa para usted la Arquitectura?

La arquitectura es una disciplina que me permite expresar mis intereses plásticos y técnicos. Por otro lado, se ha convertido en mi forma de vida, la arquitectura me proporciona las herramientas con las que analizo y comprendo el mundo en el que vivimos.

¿Piensa regresar a Dos Hermanas en algún momento?

A Dos Hermanas regreso como mínimo una vez cada dos meses y suelo pasar el día con mis padres y tíos, que continúan viviendo en la ciudad. 

Por cuestiones de trabajo mi vida y la de mi mujer están lejos de Dos Hermanas en estos momentos, pero no descartamos en algún momento regresar, o al menos, visitarla con mayor frecuencia. Intentamos no perdernos las fiestas mayores de la ciudad, como la Semana Santa, la Feria o la Romería de Valme. 

Por supuesto, sueño con volver a Dos Hermanas por trabajo, lo que significaría que tendría la oportunidad de construir un proyecto en mi ciudad. Permanezco atento a los concursos públicos por si se publica la construcción de algún equipamiento público y participar en el concurso. Desgraciadamente hasta el momento nadie nos ha llamado para un encargo privado en Dos Hermanas. Ojalá pronto se dé esa ocasión.

¿Qué opina del desarrollo de Dos Hermanas desde su punto de vista profesional?

Como arquitecto, estoy impresionado con el crecimiento de Dos Hermanas en la zona de Arco Norte. Cada vez que paso por aquella zona en coche veo que algún edificio residencial nuevo ha eclosionado, lo que me recuerda a aquellas míticas frases de los abuelos que solían decirnos que todo lo que ahora vemos, en sus tiempos era campo. Ojalá a esa nueva zona de expansión se le dote de la necesaria infraestructura pública, tanto de transporte como de espacios de relación y convivencia de la ciudadanía, es decir, plazas y parques con un diseño cuidado y pensado para los nazarenos.

¿Y a nivel personal?

A nivel personal, cada vez que visito Dos Hermanas, me llevo el ambiente familiar y cercano de pasear por sus calles y reencontrarme con conocidos de la infancia. Después de haber vivido en grandes metrópolis, visitar una ciudad de la escala de Dos Hermanas reconstruye esa dimensión humana tan importante en nuestras vidas. 

Adrián Martínez siente Dos Hermanas desde la distancia.

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