
Isa Caballero, de profesión psicóloga, vivirá su segunda Romería de Valme como hermana mayor. Así respira a 17 días del tercer domingo de octubre
Si Dos Hermanas es un hervidero en octubre, no registra menor actividad la cabeza de Isabel Caballero Holgado, la primera mujer en la historia que ostenta el cargo de Hermana Mayor de Valme.
Tu primer colegio fue la Sagrada Familia. ¿Es verdad que, antes de entrar en el cole, te parabas a ver a la Virgen?
Sí. La iglesia a esa hora ya estaba abierta y me encantaba entrar y sentarme un ratito. Me encontraba en paz y tranquila. La Virgen de Valme siempre me ha hablado, y yo sé que me escucha. El Sagrario es el sitio de referencia en mi vida.
¿Quién te inculcó esta fe en Valme?
Mi madre, que en paz descanse.
¿Qué estudiaste después del colegio?
Estuve en la Doctrina Cristiana, en el Instituto Gonzalo Nazareno y después estudié la carrera de Psicología.
¿Siempre quisiste ser psicóloga?
Barajé Psicología e Historia, pero acabé dándome cuenta de que para mí la Historia era más un hobbie que un oficio. Desde hace años trabajo en el CAIT, el Centro de Atención Infantil Temprana del Ayuntamiento.
¿Una de tus virtudes es saber escuchar?
Tengo mucha paciencia y eso me lleva a saber escuchar. Mis amigas me dicen que soy del “Comité de la Paciencia Infinita”. Pero para ser Hermana Mayor me sirve mucho.
El día 15 se cumplen 19 meses de tu toma de posesión. ¿Has tenido algún inconveniente añadido a tu cargo por el hecho de ser mujer?
Ninguno. Todos los hermanos mayores soportan un peso y tienen mucha visibilidad, y eso para las personas tímidas es difícil. Para mí, dar este paso fue algo natural, porque yo llevaba desde 2002 en la Junta de Gobierno.
Te suena el teléfono cada rato, estás en plena vorágine de las vísperas de la romería. ¿Qué te quita y qué te da este cargo?
No me quita nada y me aporta mucho. Me aporta tanto que le dedico gran parte de mi tiempo. Forma parte de mi piel y no me cuesta.
Te busco en redes sociales y no te encuentro.
Es que no tengo redes. Solo WhatsApp. Era lo que me faltaba. ¡No tengo tiempo!
Entonces, ¿no estás viendo algunas críticas por el cartel de este año?
Bueno, sí, me hacen capturas de pantalla y me las envían.
No se si ha habido algún cartel anterior en que no se vea la cara de la Virgen de Valme.
A mí el cartel también me sorprendió, porque no es un cartel impactante ante el que digas “¡Ohh!”. Es un cartel lleno de simbología y en cuyo significado vas cayendo poco a poco. ¿Qué es lo que ven los que van detrás de Ella? ¿Qué es lo que ve el sacerdote cuando la sacan? ¡Siempre la silueta trasera de la Virgen, que es icónica e inconfundible! Yo misma, el día de la romería, es la imagen que veo cuando, al regreso, busco un momento de intimidad con Ella. Y el color naranja es el color del atardecer de octubre, según su autor.
¿Cómo llevas la crítica en general?
Intento aprender si es constructiva. Si es destructiva, la aparto de mi cabeza.
Hablemos de cosas que has aportado. Por ejemplo, me he dado cuenta de tu sensibilidad hacia las personas mayores.
Sí, porque ahora los niños tienen las necesidades muy bien cubiertas. Pero de esos jubilados activos me preocupa la soledad. No porque estén solos, sino porque son poco entendidos. Hay gente mayor muy válida a la que hay que escuchar y poner en valor. No solo se les debe ayudar en lo asistencial, sino también en el acompañamiento.
En la hermandad pusimos en marcha la actividad “Algo que contar”. El año pasado fue un encuentro con Los del Río, y este año, en la exposición de pintura de Braulio Ruiz, queremos que sean los mayores los que la expliquen.
¿Te gustaría recuperar algo de los valmes antiguos?
El campo, un camino menos de alquitrán. Pero eso ya es imposible.
¿Qué es lo que te dolería que se perdiera?
No me gustaría que se perdiera ninguno de los elementos tradicionales que conforman la Romería de Valme: los caballos, las carretas, las galeras, las flores de papel rizado, las campanas, los nardos y los cohetes.
¿No son un poco molestos los cohetes?
¡Es solo un día!
Esta será tu segunda romería como Hermana Mayor. ¿Cambiarías algo respecto a la de 2024?
Pido lo mismo que la anterior: sin incidentes y con los horarios cumplidos.
¿Cuántas veces miras las previsiones de la AEMET?
Sinceramente, no las miro. Decidiremos sobre la marcha. En 2015, por ejemplo, fuimos prudentes ante la lluvia y la Virgen no salió.
Dos Hermanas está creciendo mucho, con gente que llega de otros lugares. ¿Cómo les explicarías el Valme?
Efectivamente, Valme es una romería urbana, y Valme es el nexo que nos une. Valme es lo que identifica a Dos Hermanas. Para la hermandad, es un reto llegar a todos, abrir las puertas para compartir la devoción y la tradición.
¿La romería es también para los ateos?
Es una fiesta de origen religioso, pero también tiene su parte costumbrista. Hay quien no cree, pero disfruta de la artesanía efímera y admira el colorido de las carretas. En Valme no pedimos el DNI. Por ejemplo, a nuestra campaña de juguetes vienen también niños musulmanes a recoger los suyos.
A ti, ¿qué sentimiento te produce un ateo?
Tengo muchas amigas ateas y no tengo problema. Pero yo nunca me escondo, en esta época en que los cristianos estamos tan denostados. Intento demostrar mi cristianismo en todas las facetas de mi vida. Me considero una mujer con suerte. La fe te da alegría y te hace feliz. Creo en la alegría de Cristo.
¿Con qué momento de octubre te quedas?
Con el día del traslado y el del besamanos. Ves al pueblo expectante y emocionado.
¿Dormirás bien el 18, día de la víspera?
Lo justo para tirar “palante”. Me acostaré a la una de la noche seguro y me levantaré antes de que suene el primer cohete. Para mí, entre el viernes y el lunes es como si pasara un solo día. La tensión y el estrés me mantienen en pie.


































