Eva García Fornet, una nazarena que ha vivido la pandemia en Suecia

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Eva García Fornet

«Ha sido surrealista y bastante traumático», resume Eva García Fornet

La nazarena Eva García Fornet lleva 13 años viviendo en Suecia. Nos cuenta cómo ha vivido la pandemia en este país una experiencia que describe como «surrealista» y «traumática».

Eva García Fornet responde a nuestras preguntas:

¿Cuánto tiempo lleva viviendo en Suecia?

Llevo desde el 2008 viviendo en Suecia, aunque he vivido también algunos años en Noruega. Tengo la doble nacionalidad sueco-española.

¿Por qué decide ir a vivir a este país?

Emigré como tantos, en busca de trabajo, y atraída por la cultura nórdica. Trabajé en turismo y de profesora de español. Soy filóloga y estos últimos años me dediqué a sacarme lo que sería el equivalente a oposiciones de secundaria en Suecia, una especie de licencia estatal para poder optar a plaza fija y sueldo regulado, algo que obtuve en abril, pero sigo sin poder trabajar.

¿Cómo ha vivido la pandemia allí?

Ha sido surrealista y terrible, estresante. Es como vivir en el mundo al revés. Cuando en el resto del mundo se aconseja la mascarilla aquí las autoridades decidieron que eran muy complicadas de usar y que no eran útiles para frenar los contagios, así que todo el mundo iba y va sin mascarillas, eso incluye colegios, ambulatorios, tiendas, supermercados, es decir, todos van sin mascarillas.

Desde el principio no le dieron importancia al virus, comparándolo con la gripe, nos dijeron que la mayoría la pasaría sin problema pero el que era frágil y viejo se moriría (tal cual, literal).

La agencia de salud sueca solo recomienda lavarse las manos como única medida para frenar los contagios, y hace poco aprobó la recomendación (que no obligación) de usar la mascarilla en hora punta en el transporte público (cosa que nadie hace). Es decir, las medidas son solamente recomendaciones, no hay nada obligatorio.

Hay una medida de dejar de servir alcohol en los restaurantes a partir de las ocho y media de la noche, pero luego si entras a cualquier bar, todo el mundo va sin mascarillas, incluyendo los empleados.

También está la recomendación de trabajar desde casa, cosa que no todo el mundo puede hacer, con lo que trabajar de cara al público aquí es exponerse a contagiarse porque nadie usa mascarilla, de hecho muchas empresas suecas, tanto públicas como privadas, prohíben a sus empleados llevar mascarillas.

A los niños menores de seis años no se les testea, la mayoría de mis amigos profesores se han contagiado porque nadie usa mascarillas en los colegios. Todo el mundo a mi alrededor se ha contagiado, menos yo, y fue porque decidí seguir las recomendaciones que se daban desde España y usar mascarilla (que por cierto, los primeros meses me las mandaba la familia desde Dos Hermanas porque aquí tardaron muchísimo más tiempo en comercializarse).

Cuando usaba la mascarilla se reían de mí por la calle, me insultaban, me tosían, en fin, ha sido muy estresante y muy duro, no me esperaba este comportamiento de los suecos. Llevo aquí muchos años y me han decepcionado muchísimo.

Con este panorama, los contagios por supuesto son altísimos, uno de los índices de contagios más altos de Europa, pero eso no preocupa a la gente. Las muertes son también las más altas de los países escandinavos (han muerto también niños). Los hospitales han estado siempre al límite, con el único descanso en el verano pasado donde la ola remitió, y hay listas de esperas para tratamientos de años. En la primera ola muchos ancianos que vivían en residencias no fueron llevados al hospital por lo que muchos murieron sin poder ver a un médico.

Las autoridades de salud suecas nunca han declarado abiertamente la estrategia pero se insiste mucho en la inmunidad de grupo, y todas las decisiones tomadas, en mi opinión, han ido dirigidas a ese objetivo (que por cierto nunca se alcanzó, nunca hubo ni hay inmunidad de grupo por infección natural)

¿Ha sido difícil compatibilizar la seguridad contra el covid y la vida laboral?

Sí, como ya he contado, cuando vi la situación en los colegios y que no iba a tomarse ninguna medida, ni siquiera el uso de mascarillas o hacer grupos más pequeños de alumnos o testear a los niños menores de seis años, decidí dedicarme a estudiar a tiempo completo. Era elegir entre la salud o contagiarse. Elegí la salud.

¿Ha habido confinamiento domiciliario?

No, en ningún momento ha habido confinamiento, a pesar de que el gobierno sueco sacó una ley para poder cerrar si era necesario. Pero no lo estiman oportuno, ni siquiera cuando los contagios son altísimos.

¿Ha sido duro estar alejada de su familia nazarena?

Ha sido duro porque lo he pasado y lo estoy pasando muy mal, es muy estresante, no me esperaba esta actitud de los suecos, me han decepcionado muchísimo. Nunca les perdonaré que cuando salía a la calle con mi mascarilla intentando protegerme me insultaran o me tosieran. Y esto ha sido constante.

¿Algún mensaje para Dos Hermanas?

Por favor, que tomen todas las precauciones necesarias y que se vacunen cuando les llegue el turno. El pueblo de Dos Hermanas ha tenido un comportamiento admirable, continuamente seguía las noticias y veía una actitud de respeto y de cuidados que no he visto aquí durante toda la pandemia. De verdad, sois admirables.

¿Tiene proyectado regresar a la localidad?

Sí, iré durante las vacaciones de verano y a corto plazo espero volver, lo que he visto aquí me ha abierto los ojos. Si puedo encontrar trabajo volveré a Dos Hermanas, y si no emigraré a Noruega. Pero ahora necesito descansar de este país, ha sido un año durísimo, de vivir en alerta constante y de sentirme impotente.

Eva García Fornet insiste en que en Suecia se ha primado salvar la economía antes que salvar vidas.

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