Francisco Anquela Moriana, un destacado bancario y un gran cofrade veracrucista

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Francisco Anquela

Francisco Anquela murió siendo el número uno de la fervorosa y centenaria Hermandad de Vera Cruz

Aunque al parecer Francisco Anquela ya ha salido en estas páginas, hemos considerado conveniente escribir hoy sobre el que ha sido hasta hace muy poco el número 1 de la hermandad de Vera-Cruz, inmersa como está en los actos de su 475 aniversario, entre los que destacan la procesión con el Santo Cristo de la Vera-Cruz el próximo 23 de noviembre. Pero Francisco Anquela Moriano, Paco Anquela, no sólo destaca por su fuerte vinculación a la cofradía del típico y viejo barrio de San Sebastián sino también por ser un destacadísimo bancario.

Nace nuestro hombre el 30 de marzo de 1929 en Villanueva de la Reina, pueblo del Noroeste de la provincia de Jaén, en la comarca de La Campiña, y cuya patrona es la eremita Santa Potenciana, de curioso nombre. Los padres de nuestro biografiado fueron Francisco Anquela Martín y Dolores Moriano Polaina, natural ésta de Villanueva de la Reina. El matrimonio tuvo además tres hijas: Carmen, Juana y Antonia.

Muy pronto se vinieron a Dos Hermanas, donde el padre trabajó de tractorista en la hacienda del Rosario, propiedad del matrimonio de ricos terratenientes formados por Joaquín Pérez-Tinao López y María Gómez Valera, ella hija del famoso José Gómez Martín, Joselito ‘La Culebra’, primer contribuyente de la villa, alcalde y hermano mayor de Vera-Cruz y de Faustina Valera García.

Pero siguiendo con Paco Anquela, diremos que vivió en primer lugar en una huerta y después en la calle Tarancón, en el populoso barrio de San Sebastián, que siempre estaría tan vinculado a su existencia.

En cuanto a su vida académica, nuestro biografiado estudió en el prestigiosísimo colegio San Hermenegildo de los Terciarios Capuchinos de Nuestra Señora de los Dolores, vulgo ‘Los Frailes’, donde no sólo iban niños con mal comportamiento, en plan reformatorio –carisma propio de esta congregación franciscana-sino también alumnos sin especiales problemas de comportamiento, entre los que estaban muchos niños del pueblo entre los que podemos citar al conocido cofrade, enfermero y escritor Casimiro Rivas Cordero.

Pero, en lo que descolló sin duda nuestro personaje fue en su vida laboral en la que llegó al empíreo, ocupando altos cargos. Entró, primeramente, a trabajar en el Banco Central de Dos Hermanas como cajero. Luego pasó a la sucursal de la Avenida de la Constitución de Sevilla, conocida simplemente como la Avenida y cabe la catedral, como Jefe del Departamento de Extranjeros. Posteriormente pasó a Madrid a la Casa Central también como Jefe del Departamento de Extranjeros. Por último, fue destinado a la bella y cosmopolita capital de Argentina, a Buenos Aires. Allí marchó un mes y, luego, volvió a España y se llevó a la familia.

Y en Argentina fue el representante principal del Banco Central. Este banco compró otros bancos, aparte de en Buenos Aires, en Santiago de Chile –capital de Chile- Asunción –capital de Paraguay- y Montevideo –capital de Uruguay-. Él era el encargado de inspeccionarlos, siendo uno de los cargos más importantes del organigrama del Banco Central.

En Buenos Aires, nuestro biografiado vivía en uno de los barrios más famosos y elegantes de la ciudad, el de La Recoleta que recibe su nombre del Convento de Nuestra Señora del Pilar de Franciscanos Recoletos –que fueron expulsados por los anticlericales en 1821- y es parroquia desde 1829, quizá uno de los templos porteños más conocidos y declarado monumento nacional. Nuestro biografiado residía más concretamente en la Avenida Intendente Alvear de este nombrado barrio porteño, sin duda uno de los más bellos de la capital argentina.

En cuanto a las aficiones de nuestro hombre, aunque le gustaba la lectura era sobre todo la típica persona enamorada su trabajo con el que disfrutaba. Aparte una afición muy grande era su Vera-Cruz del alma de la que ya hablaremos.

Pero igualmente debemos hablar de su vida familiar. El 31 de mayo de 1959 contrajo matrimonio con la nazarena Rocío Carballido Macías, nacida el 2 de octubre de 1931, en plena II República, hija del nazareno Rafael Carballido Ruiz, dueño de un taller de tonelería y de una de las mujeres más devotas y fervorosas que ha conocido Dos Hermanas, Rocío Macías Díaz, también nazarena, y una de las últimas mujeres que rezó los viernes, en San Sebastián, los Ejercicios de la Madre Antigua sobre la Pasión del Señor de los que prometemos hablar en su momento, porque es un tema histórica y antropológicamente muy interesante. El matrimonio tenía otras dos hijas: Valme, que fue sostén de la devoción a Santa Ana, junto con Anita Salguero López, y Dolores.

Pero, siguiendo con nuestro personaje digamos que él y su mujer han tenido tres hijos: María Valme, nacida en Madrid, abogada, casada con Eugenio Muñiz Durán, cacereño y empresario, matrimonio que vive en la Villa y Corte, en Madrid, y tienen una hija Rocío; Rafael Francisco, nacido también en Madrid, ingeniero agrícola, casado con Paula Balú Agnés, contadora pública, esposos que residen en Buenos Aires y tienen dos hijos Lucas y Catalina y, por último, Santiago Gonzalo, nacido en Buenos Aires, que permanece soltero, trabaja en Agrosevilla siendo delegado en Argentina, Chile y Brasil y que habita también en Buenos Aires.

Mas, para acabar, nos falta la faceta que Paco Anquela quizá hubiera querido que resaltáramos más. Por lo menos así lo pensamos.

Él era un ferviente veracrucista y pertenecía por influjo de su cuñada Valme a Santa Ana y quería como todo nazareno que se precie a la Virgen de Valme.

Pero, es muy significativo, que -en la bella casa de la calle del Canónigo, nueva, aunque de estilo tradicional, elevada sobre una antigua de sus suegros- presida la fachada un retablo cerámico de Santa Ana pero, en la entrada, se vea un bellísimo retablo de la cerámica trianera Montalbán de nuestro Santo Cristo de la Vera-Cruz, pieza muy interesante y muy desconocida del gran público.

Y es que Francisco Anquela era un veracrucista de pro, que llegó al puesto número uno de la cofradía, número que hoy ostenta- y por mucho tiempo- el tan conocido hermano Antonio Fernández Moguer.

¿Y por quién y cómo entró Anquela en Vera-Cruz? Pues fue por amistad con otro gran veracrucista, José Rodríguez Gutiérrez ‘Pachico’, hijo del no menos conocido Francisco Rodríguez Álvarez, también ‘Pachico’, el acaudalado comerciante de droguería y hermano mayor de nuestra cofradía de San Sebastián de la que tomó el apodo de Hermandad de Pachico, igual que la Oración en el Huerto el de Hermandad de Alvarito, por el famoso comerciante de mercería Álvaro Pareja Rivas. Pues bien, Paco Anquela frecuentaba mucho la casa de Francisco Rodríguez Álvarez y su mujer Josefita Gutiérrez Rivas y era muy amigo de sus hijos Pepe y Pepita. Era como uno más de la familia. Con tan importante pasaporte, es normal la vinculación a la vieja cofradía de Vera-Cruz.

Francisco Anquela, ocupó varios cargos en la junta. En la época esplendorosa en lo material y espiritual que fue la de Antonio León Cruz (21-V-1951-9-XI-1962) fue diputado mayor (13-IV-1953), diputado de cofradía –suponemos que es lo mismo que mayor- (7-V-1954), mayordomo (24-VII-1957, 11-IV-1958 y 30-IV-1959). Como vemos, se trata de cargos importantes y de mucha responsabilidad.

Otro hecho importante es que donó él y su familia el víacrucis que hoy hermosea el templo.

Por último, decir que entre sus amistades se encontraban un grupo de viejos veracrucistas como nuestro padre Manuel Calderón Martin, los hermanos Juan y Eugenio Morillas Ferrer de Couto, Manuel Mena Sousa, el ya nombrado, José Rodríguez Gutiérrez y José Postigo Ponce, amigos que normalmente habían ocupado cargos en la hermandad y de los que viven Manolo Mena y Pepe Postigo.

En fin, si fue un destacado bancario más fue un destacado veracrucista. Francisco Anquela Moriano pasará a nuestra pequeña historia local como persona que ocupó un importante puesto en el mundo pero también otro en el terreno espiritual, propio de las hermandades. Sólo queda decir que descanse en paz este gran veracrucista nazareno.

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