José Alonso Domínguez, un destacado dirigente vecinal de nuestra ciudad

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José Alonso Domínguez

Ha sido sin duda uno de los más importantes personajes de mi familia

Hoy, voy a hablar de un primo segundo mío que ha jugado un papel relevante en la Dos Hermanas contemporánea, siendo un famoso vecino. Se trata de José Alonso Domínguez, conocido por Pepe.

Nace nuestro biografiado el 10-VI-1959 y fallece el 26-IV-2019. Sus padres son Miguel Alonso Jurado y Carmen Domínguez Pliego, el primero natural de nuestra entonces villa y la segunda de Sevilla. Sus abuelos paternos, ambos nazarenos, se llamaban Miguel Alonso Madueño -hermano menor de mi abuelo Antonio- de la gente de los ‘Pelaos’ y Dolores Jurado Ponce, de la gente de ‘Coronel’. Los maternos, por su parte eran José Domínguez Carmona y Josefa Pliego Talaverón. Su padre trabajaba en Trueba y Pardo, almacenes de café y legumbres y su madre en sus labores. Tiene una sola tía por parte paterna: Francisca, auxiliar de clínica, casada con Jaime del Prado Jiménez.

Por otro lado, tiene cinco hermanos: Miguel, que trabaja de repartidor, viudo de Ana María Barbero Fornet y casado con Matilde Romero Lara, empleada del hogar. Son padres de tres hijos de oficio ingenieros de telecomunicaciones: Miguel, Daniel y José Luis. El segundo está casado con María Ángeles Rodríguez y tiene dos hijos: Hugo y María. Por cierto tanto Miguel como Daniel se parecen a mi abuelo, siendo sus sobrinos biznietos lo que no nos parecemos ni el hijo -mi tío Antonio el ‘Pelao’-, ni los nietos ni el biznieto. El segundo hermano es Antonio, que trabaja de dependiente en el almacén de mercería del difunto José Manuel Rodríguez Zambruno. Su esposa es María del Carmen Cordero Pazos, también empleada de hogar y, su única hija Cristina, que estudia Administración y Finanzas. El tercero es Francisco que trabaja en el Ayuntamiento de desbrozador y que tiene dos hijos: José Miguel, que estudia magisterio y Javier, que ha sido alumno mío este año en Tercero de E.S.O. en el Instituto Cantely.

El cuarto es Ángel, que trabaja como faenero en los almacenes de aceituna casado con María Isabel Martínez Cid, también empleada del hogar. El matrimonio tiene una sola hija Carolina, madre de Ángela Martín Alonso, fruto de una larga relación de 15 años.

Por último, Pepe tiene una hermana, Ana María, que es la que más tiempo ha convivido con él y que trabaja en la Plaza de Abastos de dependiente en una panadería.

Pero dado que ya he encuadrado a mi primo dentro de su familia, tengo que sincerarme y decir que tanto a él como a sus hermanos los quiero como si fueran primos hermanos lo que me sucede con otros primos segundos -los Sánchez Muñoz, por mi madre, o los Domínguez Martín, por mi padre- o terceros -los Sutil Rubio, los ‘Macandros’, por mi madre, o las numerosas ramas de los García-Miña, por mi padre-. Ello me ha hecho sentirme a lo largo de mi vida muy próximo a ellos. Por eso, y por sus muchos méritos considero fundamental este homenaje a mi primo Pepe.

Estudió de pequeño en el Colegio Nuestra Señora del Amparo. Pero lo dejó para irse a trabajar con nueve años en la albañilería o en lo que saliera. Trabajó por ejemplo en unos bloques en la calle General Olleros de Sevilla. Pero también laboró en los almacenes de aceituna. Pero donde más trabajó fue en una mítica discoteca como la antigua Mólibar y sobre todo en la famosa 2001, en ambas de camarero. Se jubiló en la segunda por enfermedad, concretamente problemas de corazón.

Más si por algo destaca mi primo es por su papel en el movimiento vecinal de nuestra ciudad en el que ha ocupado un papel de primerísimo orden. Él siempre ha residido en el popular barrio de La Pólvora, uno de los barrios más antiguos del pueblo que hemos conocido, lo mismo habitado por la masa obrera como por ricas familias y lleno también de almacenes de aceituna. Desgraciadamente han desaparecido la magnífica casa de la familia Oñós, quizá una de las más bellas de Dos Hermanas, o la de Rafael Monge Santana y Ana María Jiménez Pérez. Ahora bien, el barrio conserva todavía mucho de su esencia y tiene una bella barriada en torno a la calle Corredera. Para mí, entre los barrios populares es uno de mis preferidos.

Pues bien, en la calle de mis primos, en la calle Velázquez se fundó en 1985 la Asociación de Vecinos. Luego pasó a la calle 19 de Abril –antes 18 de julio- y la llevaba Francisco Díaz -el ‘Chico’, de la gente de los ‘Garbanzos’- y, por último pasó a la calle Corredera, que es donde hoy se encuentra.

En los dos primeros lugares mi primo, fuertemente comprometido con su barrio y sus vecinos, fue vicepresidente mientras que en la tercera fue presidente. Era su forma de mostrar su amor no sólo a su barrio, sino también a Dos Hermanas, a sus gentes y a sus amigos. Dejó la presidencia porque tenía que cuidar a su madre.

Ahora bién, cabría preguntarse cuáles eran las aficiones de mi primo. Era un gran aficionado al fútbol y era bético, como el autor de estas líneas.

Pero también, como es sabido, me gusta adentrarme en el mundo de las devociones de las personas que me dan una medida segura del universo religioso de la persona, de su imaginario, de sus tendencias. Pepe era hermano de Valme, del Rocío y del Gran Poder, cuya túnica vistió. Aunque como buen ‘Pelao’ era rociero e iba al Rocío, su gran devoción era Santa María de Valme, eficaz Protectora de nuestro pueblo, la Guebirah mesiánica.

Por otra parte, no sólo le gustaban las fiestas religiosas en las que participaba con fervor, religiosidad y entusiasmo sino que disfrutaba en las laicas como la Feria o el Carnaval -bien entendido que este último es una fiesta que la Iglesia consiente como preludio de los rigores cuaresmales-. A mi primo se le podía ver en todas las fiestas de Dos Hermanas haciendo uso de su bonhomía, de su simpatía natural, de su espíritu de servicio, etc.

Pepe, por su parte, tenía muchas amistades en todo el pueblo. Era conocidísimo, tanto en el mundo de las hermandades como en el del Ayuntamiento. Era muy amigo por ejemplo del teniente de alcalde de Coordinación Francisco Rodríguez García, ‘Paco Rodríguez’, del P.S.O.E. muy apreciado también por el autor de estas líneas. En la Policía Local era muy amigo de Antonio Blanco. Pero, su círculo de relaciones en las Casas Consistoriales, era mucho más grande.

Según vino en este periódico, en su número del 18 de junio del 2019, en la Asociación de Vecinos, se le dedicó un rincón en su memoria entregándole a mis primos una placa que recogió mi prima Ana María, en recuerdo y honor a los méritos contraídos por mi primo en el servicio a los vecinos de su querido barrio. Al mismo tiempo, se inauguró una muestra de fotografía. Al acto asistió el concejal del P.S.O.E. de Hacienda y Participación Ciudadana, Juan Antonio Vilches Romero.

Y tengo que ir acabando. Fue mi primo una persona, humilde y sencilla, sin estudios pero con la sabiduría de los hombres buenos que es la verdaderamente importante. Una persona que lo puso Dios en el mundo para servir a los demás, para ayudar a todo el que pudo. Su profundo marianismo, tan centrado en las que son, sin duda, las dos grandes devociones de nuestras gentes, de los Caros, los ‘Pelaos’ como son la Virgen de Valme y, cómo no, la ‘Virgen del Rocío’, de la que con orgullo, tengo que decir, que con los Jiménez, los ‘Cocoreras’ y los De Dios, los ‘Caques’ somos con casi toda seguridad los abanderados en el pueblo, dice mucho de él. Igualmente dice mucho de él su devoción al Señor de la Madrugada, a nuestro Gran Poder, al que Dos Hermanas reza con enorme cariño y que recorre en silencio las calles de nuestro pueblo.

En fin, mi primo ha sido un gran nazareno que con sencillez y buen hacer ha logrado alzarse al empíreo de nuestra sociedad local. Sean estas páginas mi más sincero homenaje.

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