Obras pictóricas de la parroquia mayor de Santa María Magdalena

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Santa María Magdalena

Son muy valiosos dos cuadros de Escuela Veneciana que se guardan en la sacristía de nuestro principal templo

Vuelvo hoy a hablar de las pinturas de nuestra Iglesia Mayor y más antigua de Santa María Magdalena.

Hablaré de dos cuadros que se custodian en la sacristía. Uno de ellos es de fines del siglo XVII. Mide 0’95 por 0’15. Erróneamente se dice que  representa el Encuentro de Cristo con la mujer adúltera (Jn. 8, 1-11) en la Guía artística de Sevilla y su provincia y en el Inventario artístico de Sevilla y su provincia Tomo II. En cambio en los inventarios de 1885 hecho por el cura don Felipe  Tarancón, 1898-1899, realizado por el mismo presbítero y 1921, hecho por don Manuel López Doval -que aparte de cura de la  parroquia era hijo del pueblo- dicen los curas que se trata de Cristo con la Cananea. Y, desde luego, estamos con los sacerdotes y, además, en el cuadro aparece el perrillo del momento de la cananea. El hecho contado por los Evangelios es que (Mc. 7, 24-30 y Mt. 15, 21-28) una cananea se acerca a Cristo para que libre a su hija de los demonios. El Salvador en principio no quiere curarla “Contestó Él y dijo: No es bueno tomar el pan de los hijos y arrojarlo a los perrillos” (Mt. 15, 26) y “Él le dijo: Deja primero hartarse a los hijos, pues no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los cachorrillos”(Mc.7-27). Después, como es sabido, la cananea aduce que los perros comen el pan que se cae de la mesa (Mt. 15,27 y Mc. 7,28). Lo cierto y lo importante de la historia es que Jesús admirado de su fe cumplió su deseo.

El cuadro destaca por su suave colorido, su tono eminentemente costumbrista reflejando una escena evangélica con un abigarramiento muy notable. Se ha dicho que este cuadro, y  el que hace pareja con él, son de escuela veneciana. El historiador del Arte nazareno Juan Antonio Gómez Sánchez opina en un documentado trabajo en el que me cita, dice que su filiación estilística debe buscarse en la escuela sevillana en el tránsito entre los siglos XVII y XVIII, como se muestra tanto en el sustrato de la obra de Bartolomé Esteban Murillo presente en algunos  de sus personajes y la  tipología de  Juan Valdes Leal de otro. Como señala el doctor Gómez Sánchez, esta doble influencia y una factura más suave y ligera –como ya he dicho- resultan, de hecho, propios de gran parte de la pintura de la época, que respondían a la demanda de unos clientes hechos a modelos formales ya consagrados. Como muy bien apunta el doctor Gómez Sánchez, esto, a la larga, resultaría fatal para el desarrollo de la pintura en la Capital del Betis.

Por ello, debido a este eclecticismo impersonal, resulta dificultoso encuadrar los cuadros que estudiamos  en un ámbito de seguidores y epígonos de valor secundario.

Según la opinión del doctor Gómez Sánchez, podrían encuadrarse ambas pinturas en la producción de Matías de Arteaga  y Alfaro (1633-1703). Según Ceán Bermúdez era discípulo de Valdés Leal y conocido sobre todo por sus series pintadas para la Parroquia del Sagrario de la Catedral –llamada también San Clemente- (ca. 1690) y la Capilla de San Laureano de la misma Catedral (ca.1700). De todas formas, las pinturas que hoy analizo están muy próximas a las escenas conservadas en una capilla de la Iglesia de San Pedro  que han sido atribuidas al artista. Es importante anotar, como dice nuestro historiador, que presentan, a pesar de las incorrecciones de dibujo, una factura más elaborada y cuidada que lo habitual en este  artífice. Hay que decir que Matías de Arteaga era dado a despachar sus encargos sin excesivo interés en la composición o en la técnica pictórica como aparece, según el  doctor Gómez Sánchez, en sus obras firmadas y documentadas. 

Por otra parte, es fácil establecer los modelos  visuales de los que derivan los cuadros. Las composiciones se basan directamente en los dos grabados correspondientes incluidos en las ‘Imágenes de la Historia Evangélica’ del jesuita mallorquín Jerónimo Nadal, obra posiblemente encargada por San Ignacio de Loyola según se explica en el prefacio y  terminada en 1579, aunque no publicada hasta 1593-1594, en la flamenca Amberes, más de un siglo antes que fueran pintados los cuadros nazarenos. Es importante que esta obra de este padre de la Compañía de Jesús, como era Jerónimo Nadal, haya sido calificada como “una de las contribuciones más notables al espíritu y al arte de la Contrarreforma católica”. Es notorio que tuvo gran importancia en la evangelización de América y Asia.

En Sevilla, Francisco Pacheco cita a Nadal es su ‘Arte de la Pintura (1649)’ como modelo a seguir  en el instante de representar con el máximo rigor “las escenas que se ofrecen pintar”. 

Hay que decir que el tratadista tuvo relación con los padres de la Compañía, entre los cuales Gaspar de Zamora fue su confesor.

Es revelador el cambio de actitud ante la imagen religiosa que media entre la edad “férrea”  y de la Compañía de Jesús posterior a  Trento y la Sevilla de 1700 lo encontramos en los dos personajes femeninos vestidas de manera mundana. La Cananea y La Samaritana visten a la manera de las mujeres sevillanas del Barroco, según modelo que siguieron otros pintores como Francisco de Zurbarán o Juan Valdés Leal. Ciertamente el atuendo de ambas mujeres destaca por su elegancia.

Pero antes de un colofón a este artículo me queda hablar con más detalle del cuadro de Jesús y la Samaritana. Tiene las mismas medidas que el anterior (0’95 por 0’15). Representa el momento evangélico de encuentro de Jesús con la samaritana (Jn, 4, 4-45) junto al pozo de Jacob, momento en que el Redentor, aparte de sacarle sus pecados (cinco maridos y un amante) habló del agua de la vida eterna que sacia toda sed. Lo cita ya el inventario de 1895. Destaca como el otro cuadro por su colorido y la factura suelta. 

Pues bien, ya que he hablado de ambos cuadros en la parte artística es hora de referirse, siquiera un poco, a la parte devota de ambas bellas pinturas.

Es público y notorio como es muy importante el patrimonio arquitectónico, escultórico y pictórico que atesora Santa María Magdalena. Pero lo importante no es que se traten de obras artísticas sino sobre todo su valor catequético pues son obras de tema religioso con un sentido bíblico sean del Antiguo Testamento –recuerdo el Sueño de Elías del altar mayor del que ya hablaré- sean del Nuevo Testamento. 

Desde este punto de vista, los cuadros de la Samaritana y la Cananea son dos ilustraciones de dos momentos claves en el Evangelio, en los cuales Jesús muestra su apertura hacia los gentiles sean unos judíos heterodoxos como los samaritanos sean unos extranjeros como la sirofenicia –otro nombre que se da a la Cananea-. Al mismo tiempo no se debe olvidar el papel tan grande –más notorio por el pequeño papel que tenía en la sociedad judía- que se da en los Evangelios a las mujeres a las que Cristo muestra amor y respeto. Destaca sobre todo María, su madre pero también están las tres Marías- Magdalena, Cleofas y Salomé- Marta y María las hermanas de su amigo Lázaro y varias más. Sólo anotar que la tradición identificó durante mucho tiempo a María, la hermana de Lázaro, con la pecadora y María Magdalena. Hoy se tiende a diferenciarlas.

Que Cristo fue un defensor de la mujer no cabe duda y muchas aparecen en momentos claves a lo largo de los Evangelios.

En fin, con esto quiero acabar diciendo que el Arte Sacro sirve sobre todo para guía del fiel que lo contempla en las verdades de los Evangelios y de la Fe. Desde este punto de vista estos dos cuadros que he analizado aunque se hallan en la sacristía sirven, como todos de catequesis. Aparte de eso, su belleza formal es evidente lo que hace que  sean dos de los  cuadros más valiosos de nuestra Iglesia Mayor de Santa María Magdalena.

BIBLIOGRAFÍA

• Calderón Alonso, Germán: ‘Apuntes histórico-artísticos sobre cuatro templos nazarenos y evolución de las devociones en Dos Hermanas’. Excelentísimo Ayuntamiento de Dos Hermanas, 1992, pps. 69-70.

• Gómez Sánchez, Juan Antonio:  ‘Las imágenes de Jerónimo Nadal, en torno a dos cuadros en la Parroquia de Santa María Magdalena’, en Feria de Dos Hermanas 1995. Excelentísimo Ayuntamiento de Dos Hermanas, 1995. pp. 84-87.

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