Historia de un bar de estilo americano en Dos Hermanas, el Soberao Jazz (I)

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Sagrada Familia

La vida del dueño de este fascinante negocio destaca por ser muy cosmopolita y atrayente

Como dije la semana pasada, en la que interrumpí la lógica de mi discurso por el lamentable robo de El Catalino y los hechos sacrílegos acaecidos en Carrión de los Céspedes le debía uno al jazz, a los negros y, por extensión a San Pedro Claver, clérigo de la Compañía de Jesús, que siguiendo la vocación jesuítica de los apostolados de frontera tanto hizo en Cartagena de Indias –Colombia- por evangelizar a los morenos. A él, por cierto, lo siguió en África la beata María Teresa Ledóchowska, fundadora de las hermanas misioneras de San Pedro Claver, la llamada ‘Madre de las misiones de África’. Pero, dejémonos de temas estrictamente religiosos, para pasar al mundo del divertimento y de la vida sencilla de los hombres.

Hoy viene a nuestras páginas el bar de un nazareno de pura cepa, de los hijos antiguos de Elvira y Estefanía -como es la versión más común la de nuestro pariente el provincial franciscano nazareno Fray Isidoro de Castro y ‘Castros y Govantes honran Osuna con sus blasones’-, Teodora y Ángela –como dice el culto sacerdote alcalareño don Leandro José de Flores- o María y Ana -como es la versión acaso más auténtica la del canónigo don Ambrosio José de Cuesta y Saavedra siguiendo a don Juan Ponce de León-, que con los tres pares de nombres –Elvira y Estefanía, Teodora y Ángela, María y Ana- así son conocidas en la Historia las dos hermanas, míticas fundadoras de Dos Hermanas.

Pero, volviendo al principio del párrafo diré que se llama nuestro protagonista José Luis López Jiménez, hijo de Rafael López Monge y Amparo Jiménez Carret. Como muchos habrán ya adivinado, se trata de un nazareno de la gente de los ‘Ratones’, apodo o mote auténtico y antiguo del pueblo, como tantos y tantos que llenan nuestras calles desde los barrios a la calle Real y desde la calle Real al más lejano extrarradio.

Su padre, Rafael López Monge, fue un reputado albañil hijo de Rafael López Gil y de Josefa Monge. Fue persona, como es sabido, de fuerte temperamento y mayor carácter, persona muy de Iglesia y de fuertes y grandes ideales religiosos. Vivió toda su vida queriendo estar en el seno de la Iglesia Católica en la que murió, edificando a su familia y al pueblo. Fue, persona también, como es sabido de acrisolados ideales de Derecha, una de las personas más de Derecha que he conocido y que ha conocido Dos Hermanas. Nunca ocultó sus pensamientos y, con licencia de su esposa, hijos y nietos aquí los expongo pues tengo conciencia de que él, que nunca los ocultó sino que los mostró, no se hubiera enfadado en lo más mínimo y, menos, conmigo. Fue gran devoto de todas las devociones del pueblo, de la Virgen de Valme, por supuesto, y también de la Virgen del Rocío y de los amores cristíferos de la ciudad. Recuerdo, con verdadero gozo, un traslado que viví con Él de la Blanca Paloma de Almonte a su villa, a su pueblo, vestida de Pastora. Pasé con él una gran noche en el Chaparral, esperando que viniera la Reina de las Marismas y que Marí Carmen y Ani –Carmen Rocío sería entonces, creo recordar, muy pequeña-, sus camaristas y el cura de turno, creo, y no recuerdo bien, que don Diego Capado Quintana, le quitaran el pañito. Fue una noche mágica, como todas las del traslado, y Rafael, puso su grano de mirra, en esta fiesta. Recuerdo que una señora de Villalba del Alcor, hoy que es día de Santa Águeda en el que escribo, bailó sevillanas. La he visto en varias ocasiones en el Rocío y sé que es una ferviente rociera, una rociera de a pie, como Rafael, de los que a mí me gustan. Pero, resumiendo, sólo me queda decir que el padre de nuestro protagonista fue un gran alarife, un gran valmista, un gran rociero y un gran nazareno, que pienso que goza de la alegría de los justos.

Pero también tengo que hablar de su madre, de la que su padre vivía apartado. Era Amparo Jiménez Carret. Yo también la conocía. Era hija de José Jiménez y de Dolores Carret Humanes. Son apellidos muy del pueblo aunque Humanes, por cierto, es un gran apellido de la nobleza de Arahal como Andrade, Arias de Reina, Guajardo-Fajardo, Jiménez, Parrilla, Tamariz, etc. etc. Era una mujer con fama de guapa. Lo decía todo el pueblo. Yo, me acuerdo, que me la encontraba mucho por la calle pero nunca tuve la amistad que tuve con su marido, que era muy estrecha.

Pero, centrándonos en la persona de José Luis López Jiménez, digamos antes de adentrarnos en los vericuetos de su poderosa biografía, que nos llevará por los caminos del mundo, que está casado con Carmen Ávalos Galván, natural de Dos Hermanas, hija de José Avalos y del Carmen Galván Naranjo. La segunda es natural de Algodonales –cuyos patronos por cierto son Santiago y Santa Ana, llamados como nuestras viejas fiestas en honor de la segunda y, en que, de camino, salía el Señor en el primer día-.

Estudió nuestro hombre, hasta los diez años, en el colegio de la Sagrada Familia, de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl –fundación esta sociedad de vida apostólica de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac-, hasta los doce, en el Colegio de San Hermenegildo, de Terciarios Capuchinos de Nuestra Señora de los Dolores, vulgo ‘Los Frailes’, fundación esta congregación del capuchino administrador apostólico de Solsona y luego obispo de Segorbe, hoy Segorbe-Castellón de la Plana, Padre Luis de Amigó y Ferrer en el mundo, en religión Fray Luis de Massamagrell. Estos dos colegios, son fundación en nuestro pueblo de don Manuel Juan Alperiz Bustamante y doña Juana González Morales, habiendo recibido para el primero una manda piadosa de doña Dolores Armero Benjumea, que entró a monja visitandina o salesa en la Visitación de Sevilla, en la plaza de las Mercedarias, en la collación de San Bartolomé. Luego, nuestro hombre, pasó al instituto más antiguo de todos, a Nuestra Señora de Valme, en el que he sido profesor. Por último, se sacó el título de Electricista en la Escuela de Formación Profesional El Arenal, instituto que cumple en la actualidad 50 años y en él, el que escribe estas líneas, también ha sido profesor. Todo se enlaza.

Luego, nuestro hombre, que corre y corre por los caminos de la vida se fue, cuando sus padres se separaron, a Barcelona, la ciudad condal, inmersa en los jaleos que traen los disturbios, las rencillas y los pecados de los hombres, bellísima ciudad, que vive trágicos momentos de los que le sacará la Mare de Déu de la Mercè -la Madre de Dios de la Merced-, su patrona y también su otra patrona Santa Eulalia. Allí, nuestro protagonista, empezó a trabajar en Bañolas -Gerona- deshuesando pollos. En ningún momento, lo que le honra, y nos remite a las ideas de respeto a los seres vivos y a la naturaleza, tan propias de Budismo y el Jainismo, quiso matar pollos por lo que sólo le quitaba los huesos, trabajaba pues en un ‘desosador’. En la misma Barcelona, estuvo soldando tuberías de presión.

Me gustaría hablar de donde vivía pues habitaba en calles muy típicas de la ciudad condal, la cual por cierto me enorgullezco de conocer muy bien, aunque, para mi desgracia sea lo único que conozco de Cataluña. Nuestro personaje, estaba establecido en la calle 2 de mayo -¡En una ciudad dónde se está formando el 2 de mayo!- esquina con Industria al lado del Hospital de San Pablo, cerca de la Sagrada Familia, iglesia obra del genial arquitecto Antoni Gaudí i Cornet -Antonio Gaudí-, autor también por cierto del palacio del señor obispo de Astorga -León- diócesis a la que pertenece el lugar de Manzanal de Abajo -hundido en un pantano- de Zamora, pueblo de dónde venimos los Alonso de mi apellido. Su residencia, estaba cerca de la parada 2 de mayo y en las inmediaciones del Parque Guell, obra del citado Antoni Gaudí y del también arquitecto Josep María Jujol y Gibert -José María Jujol-.

Pero, nuestro personaje, siguió recorriendo mundo y siguió por las tierras dónde se hablan lenguas parecidas al catalán. Cuando era un niño, me enseñaron que los dialectos del catalán eran el valenciano, el mallorquín y el alguerés. Meteré en esta historia el menorquín y el ibicenco, a sabiendas de que hay muchísimos más y de que no soy un filólogo. Me gustaría escribir sobre los dialectos del catalán. Es un tema apasionante pero, éste, es ‘El Nazareno’ no la Biblia en pastas.

Y, siguiendo con nuestro hombre, digamos que se fue a Ibiza donde trabajó como su progenitor, en la albañilería y en el puerto descargando barcos de cementos. Nos describe con emoción, e incluso pesar, que descargaba enormes naves llenas de cemento. Desde allí, desde Ibiza, volvió a la pacífica Dos Hermanas.

Pero, ésta es otra historia, otra parte de la historia de este músico de jazz nazareno que, continuaremos, el próximo día, si Dios quiere y la Reina de los Cielos lo permite.

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