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martes 15 de septiembre de 2026
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Antonio y Manuel, corazón y alma de Kiosco Ukelele

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Kiosco Ukelele

Antonio y Manuel llevan casi 40 años al frente de Kiosco Ukelele, trayectoria de la que comparten sus anécdotas y vivencias

Antonio y Manuel son los propietarios del conocido Kiosco Ukelele. Un negocio con casi 40 años de existencia, 30 años como Kiosco Ukelele pero cuyo germen fue el establecimiento que tenían en la calle Carlos I y las terrazas de verano ocho años atrás.

Antonio Pérez y Manuel Martín regentan el Kiosco Ukelele situado en una de las zonas más dinámicas de Dos Hermanas, en la barriada de Vistazul, concretamente en la calle Tajo.

Ser pareja no ha sido una traba ni una desventaja a la hora de regentar el negocio, según indican.

Antonio nació en Algodonales (Cádiz) pero se vino a Dos Hermanas con tan sólo cinco años. Manuel es ‘macareno’, de la Avenida de Miraflores, y ha vivido en muchos sitios: Suiza -donde se fue con meses y residió hasta los 12 años-, Ibiza, París… aunque se siente nazareno porque lleva “aquí más años que en ningún otro lado”.

Kiosco Ukelele

Kiosco UkeleleKiosco Ukelele es un punto de encuentro muy transitado donde se puede disfrutar de «una cocina fresca, fácil y divertida», que va desde ensaladas, carnes pescados y sus pasteles salados que llevan acompañándonos casi 40 años, así como una extensa carta de vinos y postres caseros.

«Disponemos de una amplia terraza con jardines donde tenemos una carpa para días fríos o lluviosos, esta terraza es el gran reclamo de nuestro negocio, así como un salón interior acondicionado tanto para días fríos como calurosos», indican Antonio y Manuel.

«Y, lo más importante, el ambiente; estamos muy agradecidos a nuestra clientela, tanto a la que nos ha visto crecer como a toda la que se incorpora día a día, depositando en nosotros tanta confianza y afecto; ellos son el gran tesoro de Ukelele», subrayan.

Antonio y Manuel de Kiosco Ukelele responden a nuestras preguntas:

¿Cuándo nació Kiosco Ukelele?

El primer Ukelele lo tuvimos en la calle Carlos I hace 39 años.

¿Cómo surge la idea?

Yo quería estudiar Hispánicas pero me agobiaba mucho el tema de la Mili. Y, antes de estudiar, me la quise quitar de encima. Por que a mí, cuando me agobia algo, me lo quiero quitar de encima cuanto antes. Me mandaron a las Canarias donde estuve un año. Cuando volví me propuso un primo mío, antes de entrar a la Universidad, montar un bar a medias. Cogimos el antiguo Tropical que estaba en la Avenida Dr. Fleming, que era una especie de pub.

Allí montamos el primer bar donde se hicieron los primeros sandwiches vegetales de Dos Hermanas. Ya más tarde, con mi antigua pareja, montamos el primer Ukelele en un local que era de su padre. Al poco de tener el bar montado comenzaron a montar la Discoteca Cariban´s. Justo enfrente. Allí estuvimos unos seis años. A mi anterior pareja, lo destinaron a Huelva, él era profesor de Filosofía, me quedé solo con el bar. Conocí a Manolo y se vino conmigo.

Conocí a este y me puso a trabajar -bromea Manuel-.

¿En qué momento se traslada Ukelele a Vistazul?

Nosotros en verano, como el bar era interior, siempre buscábamos una terraza para alquilar. Teníamos una terraza, justo al lado del primer Ukelele, que se llamaba Maruja Limón. La tuvimos tres o cuatro años. Ya luego cogimos Las Palmeritas, la antigua Peña Bética y un año, Baremo, que eran los dueños del Kiosco nos propusieron alquilarlo. No te puedes ni imaginar lo que era cuando lo cogimos. Estuvimos un mes limpiando. No se podía ni abrir la puerta. Los vecinos nos decían: “no cojáis eso que eso está hundido con lo bien que os va el otro…”. Era la oficina de ventas de estas casas. Montaron después una heladería, empezaron a alquilarlo y todo lo que montaban no salía para adelante. Pero nos parecía un sitio tan bonito, pequeñito, pero muy bonito y no entendíamos cómo no funcionaba.

Y decidimos mantenerlo también en invierno. Un año tuvimos abiertos el de Carlos I y este. Y este iba muy bien, y dijimos, si va tan bien qué necesidad tenemos de trasladarnos en invierno y un sitio y en verano a otro. Y decidimos venirnos aquí. Arrastramos a mucha gente del otro lado. Los vecinos, cuando inauguramos, muertos, decían que no se imaginaban nunca que se pusiera esto así. A los seis o siete años ya lo compramos y ya tengo la hipoteca pagada (risas).

Con las zonas verdes que nos dan mucha vida. Vienen mucha gente con niños por la tranquilidad que pueden jugar ahí.

¿Desde primera hora la filosofía del local era la misma o ha ido evolucionando?

Nosotros somos autodidactas. Empezamos con un tapeíto que me hacía mi madre: ensaladilla, la pringa para los montaditos, chipirones en salsa… cosas muy básicas y vendíamos pizzas. Poco a poco nos especializamos un muchos tipos de sandwiches, en los pasteles salados, que es un clásico de aquí: vegetales, de atún, de pollo… No podemos quitarlos de la carta porque son un imprescindible, todo el mundo lo pide… Y poco a poco fuimos evolucionando con la carta. Desde la base, con toda la humildad del mundo, de que somos autodidactas. No somos un gastrobar de gente súper cualificada en cocina. El equipo que tenemos sabe mucho de cocina porque lleva muchos años trabajando y vienen de otros sitios. En principio éramos dos chavales que se querían buscar la vida. Y me lo pasaba tan bien que ya se me olvidó el tema de la enseñanza. Aunque después veía a mis amigos que tenían el verano libre, la Semana Santa, la Navidad… y yo aquí siempre. Lo que pasa es que hace 20 años tuvimos una mala experiencia y, a partir de ahí, hubo un antes y un después. Fue cuando yo empecé a aprender a delegar en la gente. Hasta ese momento era un esclavo de mi negocio, siempre había estado en barra y en cocina. Yo pensaba que si no estaba aquí el negocio no funcionaba. Y por necesidad aprendí a delegar y hoy por hoy tengo un buen equipo y si tengo que faltar no pasa nada. La gente te echa de menos porque están acostumbrados a que estemos por aquí. Cuando estoy aquí estoy más con los clientes. Si un día hago falta en barra me meto, que no se me caen los anillos. Pero no soy obsesivo de trabajo, trabajo, trabajo… Es calidad de vida y saber aprovechar mi familia, mis amigos, a la gente que viene aquí. A vivir un poquito que la hostelería es muy sacrificada.

¿El nombre de Ukelele de dónde viene?

Yo era forofo, superfan de una fotógrafa la movida madrileña que se llamaba Ouka-Lele. Me encantaba. Era la que le hacía las portadas de grupos de música de los 80 y los 90. Quise ponerle ese nombre  al bar pero mis amigos decían que la gente lo iba a reducir y le pusimos Ukelele sin saber que es una guitarrita hawaiana, la que toca la Marilyn en Con faldas y a lo loco, y coincide que soy un fan número 1 de Marilyn. Algo de magia hay aquí. Surgió el nombre por pura casualidad.

¿Qué significa Kiosco Ukelele para vosotros?

Uff. Pues es parte de nuestra vida. Siempre me he sentido súper respetado por la gente, con mucho cariño mutuo y por parte de la clientela. Me ha enseñado, sobre todo, a ser un tío con mucha gratitud porque a mí Dos Hermanas me ha dado mucho. Me ha permitido seguir viviendo.

¿Cuál fue el mayor reto que tuvisteis que afrontar al principio?

Al principio, no depender económicamente de mis padres. En el Maruja Limón dormíamos en el suelo, en colchones, con un palo en la mano, porque nos robaban. Salíamos a medio día a comprar el pan y teníamos que turnarnos porque nos robaban. También no tener ni un sólo día libre. Recuerdo que actuaba Radio Futura en El Viso del Alcor y es día pusimos en la terraza un cartel ‘Cerrado por si llueve’. Nos cogimos un día de descanso. Nuestros principios han sido duros. 

No quería encasillarme en lo tradicional y en la copa, con todos mis respetos. Para hacer el pastel de salmón teníamos que ir a Sevilla a por él porque aquí sólo lo había en Navidad. 

Poníamos una trucha ahumada estilo danés que nos hacía un hippy de Dinamarca, vivía en Rochelambert. Nos la traía en aceite metida. Era una tapa por excelencia. La poníamos en montaditos con cebolla caramelizada y mayonesa. Riquísima.

¿Cómo os acogió Dos Hermanas?

Muy bien. Ya te digo que estoy muy agradecido. Cuando la gente nos decía que Dos Hermanas es muy difícil para mantenerse por el público. Pues nosotros no podemos decir eso.

Yo que soy de fuera sí reconozco que es un público difícil -apostilla Manuel-.

¿Cómo ha evolucionado la cocina?

Empezamos con una propuesta con tapitas tradicionales. Después comenzamos a meter en expositores los pasteles, empezamos a hacer baguettes, fue meterla en carta y fue un éxito total. Éramos de los primeros en tener baguettes. Muchos tipos de sandwiches. A partir de ahí empezamos a trabajar el pescado con nuestras recetas, las carnes, postres caseros… con el tiempo. Tenemos recetas de todo tipo. La kitsch lorraine algo que no se conocía en aquella época, las endivias gratinadas, … Nunca nos hemos vendido como un gastrobar por que no somos un gastrobar donde se trabaja la cocina en otra dimensión. Siempre digo que trabajamos una cocina Mediterránea con un toque moderno, europea. Uno de los platos que más se vende es el bacalao gratinado que no podemos quitarlo de la carta. Poke la ensalada hawaiana. La ensalada de pasta o los pasteles que llevan con nosotros más de 30 años y no podemos quitarlos de la carta.

¿Tenéis alguna especialidad de la casa?

Sí, el bacalao gratinado, las minihamburguesas de langostino que es totalmente casera, los pasteles, pollo al curry muy suavecito, muy español.

¿La carta va cambiando según temporada o los productos que encontráis en el Mercado?

No mucho, vamos eliminando algunas cosas que por temporada se venden menos y además tenemos platos del día. Siempre hay fuera de carta: arroz los fines de semana, lubina, gamba blanca, ragú de pollo… Si hay una verdura de temporada la incorporamos. También tenemos comida vegana y vegetariana, sin gluten, sin lactosa…

¿Qué tipo de clientela tenéis en Kiosco Ukelele?

Variada. Súper heterogénea pero con muchísimo respeto de uno a otros. De todos los colores políticos, condición sexual… Siempre hay muchísimo respeto. Por que nos lo hemos currado. Siempre lo hemos cuidado muchísimo. Pero desde la primera clientela que tenemos siguen pasando ellos, sus hijos e incluso sus nietos. Es una clientela muy fiel. Miedo me da cuando veo a los nietos (risas).

Un cliente, que ha fallecido, siempre nos decía: “nos encanta vuestra terraza porque, aunque esté llena de gente, nunca hay ruido”. No es un sitio ruidoso. Los vecinos que tenemos son clientes nuestros. Cuando cerramos un día, nos dicen que cerremos porque se queda el barrio muy triste. Hemos cuidado todo para que se sientan a gusto. Estoy súper agradecido a mis clientes, a mi gente.

¿Contáis con actuaciones en directo?

Hemos tenido y en verano suele haber. Sólo hasta las 12.00 horas para no molestar a los vecinos.

¿Me podéis contar alguna anécdota después de tantos años al frente del Kiosco Ukelele?

Pues aquí ha habido no sé cuántas clientas nuestras que han roto aguas aquí, en plena cena. Muchas. Que después han venido con sus hijos, y ahora también vienen sus hijos con sus amigos. Estar en un servicio y llegar diciendo: “la de la 17 que acaba de romper aguas”. Y empezar a activar el protocolo (risas).

Bueno, y cuando llovía la calle Tajo volvía a su ser, era un río, después de la obra que han hecho, y mira que ha llovido este año, eso no ha vuelto a suceder. Después de nueve meses de obras que hemos pasado la peor racha económica, mucho peor que el covid.

¿Qué diferencia vuestro negocio de otros?

No se otros negocios pero aquí tenemos mucha cercanía entre el cliente y nosotros. Mucha comunicación. Sin desmerecer a nadie. Una de las cosas que me da pena si algún día dejo esto sería no ver con tanta asiduidad a gente que veo todos los días. Son mis clientes, mis amigos, como familia. Mi madre viene, y la gente la adoran.

¿Cuántas personas trabajan en Kiosco Ukelele?

Somos 14 personas contando conmigo.

¿Cómo es un día normal de trabajo en el local?

Nos venimos a las 10.00 horas a montar. Que esto es un puzzle por la noche todo metido en el kiosco. Y empezamos a trabajar sobre las 14 horas. Los días entre semana son más tranquilos. Funcionamos desde el almuerzo. Cuando llega el otoño y la primavera suele ser fuerte mañana y noche. Hay una racha desde que acaba la Navidad hasta marzo que sólo abrimos a medio día, porque las noches son muy flojas. Y en verano sólo abrimos para cena. En verano hacemos una ventas muy fijas. En primavera es más caos porque es en función del tiempo.

¿Cuál es la parte más difícil de gestionar en el negocio?

El personal. Encontrar personal cualificado es muy difícil. Sin desmerecer a mi equipo por supuesto.

¿Y la más gratificante?

El contacto con la gente. Yo ayer me iba a ir a las 15 horas y estuve aquí hasta las 17 horas o más porque llegaron unos amigos y ya me quedé con ellos.

¿Qué proyectos de futuro tenéis?

Jubilarnos (risas). Tirar para adelante con mucha ilusión hasta que el cuerpo aguante y aprovechar los buenos momentos que hay aquí que son muchos. Si nos jubilamos vamos a padecerlo porque venimos aquí y nos encontramos con nuestros amigos.

¿Cómo os gustaría que se recordara Ukelele dentro de 10 años?

Me gustaría que se recordara como el lugar de encuentro de varias generaciones. Es como nuestro niño chico, lo cuidamos todos los días, lo quiero como si lo hubiese parido. Cuando te ha costado tantísimo trabajo…

¿Hay algo que cambiaríais si empezarais de cero?

Por mi parte no, porque todos los errores que hayamos cometido a mí me han enseñado muchísimo. Al principio, cuando éramos jóvenes, y tan locos, cogíamos el dinero de la caja y nos creíamos que era nuestro y nos lo gastábamos… pero eso,  nos ha enseñado después a ser más cautos… además de lo bien que nos lo hemos pasado (risas).

¿Qué habéis aprendido de ser emprendedores?

Paciencia, adaptarnos a las circunstancias, saber empatizar con la gente, tanto con el personal como con los clientes.

¿Cuál ha sido el momento más emocionante desde que tenéis el negocio?

Cuando lo compramos. Una amiga nuestra inglesa, cuando vinimos del notario de firmar, nos puso una botella de champán en la puerta y una cuerdecita para la que cortáramos.

Y la fiesta de inauguración o la de la reforma que se colapsó, que fue en 2007. Siempre he tenido mucha confianza en el proyecto. Para la inauguración pusimos una mesa con frutas tropicales. Me sentí muy satisfecho después de haber trabajado tanto.

¿Qué consejos le daríais a alguien que va a emprender?

Paciencia y mucho trabajo. Que haga un pequeño estudio de mercado que es importante. Y que lo haga con muchísima ilusión y muchísimo cariño. La hostelería le pasa al contrario de lo que le pasa a la mayoría de los negocios. Cuando se abre un bar se ‘empeta’ los primeros días y después la gente te selecciona. Lo difícil es mantenerse. La riqueza de un negocio de hostelería es mantenerte en el tiempo, como yo siempre digo, no ganar mucho dinero los primeros años.

¿Cuál es vuestra principal motivación para seguir adelante?

Seguir divirtiéndome y pasármelo bien aquí con mi gente. Ahora que estoy fuera, el contacto con la gente lo estoy disfrutando al máximo. Cuando llego en los días de bulla, y veo esto con la gente, disfruto al máximo.

¿Algún mensaje final que transmitir?

Que estoy eternamente agradecido a mi pueblo de mi alma, estoy superagradecido a nivel profesional y a nivel personal.

Kiosco Ukelele no trabaja por reservas si no por lista de espera.