Don Salvador: “Los curas podemos coger años sabáticos, yo lo cogí por agotamiento”

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Don Salvador
El padre Salvador Andrade en el patio interior de la parroquia del Ave María y San Luis, donde es vicario desde 2015.

Muy querido en Dos Hermanas por su entrega y su carácter dialogante, tras 50 años de sacerdocio es actualmente vicario en la parroquia del Ave María

Salvador Andrade Holgado es uno de los curas más queridos de Dos Hermanas: su disposición para ayudar a los más necesitados se ganó el corazón de los nazarenos desde el momento en que llegó a Dos Hermanas. Acaba de celebrar los 50 años de su ordenación sacerdotal. Hoy lo bajamos del altar para que nos hable de él mismo.

Aunque usted es de El Cerro del Águila, se sentirá ya nazareno, ¿no?

¡Por supuesto! Me siento más nazareno que sevillano. Llevo aquí desde 1974, cuando para ir al cementerio las calles eran de tierra. Recuerdo que metía mi coche en el almacén de León y Cos, y que la calle Nuestra Señora del Carmen era un barrizal. Pero yo sigo siendo un cura del pueblo, todos me conocen por “Don Salvador”, aunque hay quien se confunde y me dice “Don Lorenzo”.

Dos Hermanas se ha transformado mucho desde que llegó. ¿También en la fe ha cambiado?  

Las iglesias se llenan con una comunión, una boda, un entierro, el día de la romería… porque Dos Hermanas es muy fuerte en la religiosidad popular. Pero a la hora de recibir los sacramentos, eso va a peor. La gente joven acude menos a misa que antes, se ha enfriado el catolicismo y hay mucho agnóstico, personas que no participan de nada. Pero no hay mucho de otras religiones. Los de la Iglesia Evangélica caben en un taxi.

¿Ha tenido alguna vez alguna crisis vocacional? 

¡Nunca! La vocación siempre más clara que el agua.  Yo soy el más pequeño de seis hermanos, fui el rejú, cuando mis padres (que tenían los dos más de 40 años) ni me esperaban. ¿A ese niño quién lo manda? ¡Lo manda Dios!

Entró en el seminario de Pilas en 1959, con 13 años. ¿Cuando sintió la llamada de Dios? 

Pues fue muy curioso. Con 5 años caí enfermo de tuberculosis y me ingresaron seis meses en el Hospital de San Lázaro. Allí una niña dijo una tontería: “Aquí los niños vamos a ser curas; y las niñas, monjas”. Y cuando salí de allí y alguien me preguntaba qué quería ser de mayor, yo contestaba siempre lo mismo: cura. Y así fue.

Estuvo tres años en Turín con los misioneros de la Consolata, pero parte de su formación la realizó en el Palacio de San Telmo, ¿no?

Sí, actualmente es la sede de la Junta de Andalucía, pero es el edificio más inhóspito del mundo. Se mete toda la humedad del río, y nosotros estudiábamos y dormíamos allí.

Tras ser ordenado sacerdote en 1971 y trabajar dos años en una escuela en Roma, en 1974 el cardenal Bueno Monreal  le dio un nuevo destino. ¿Por qué Dos Hermanas?

Porque el cura, José Mª Ballesteros, estaba muy agotado. Le mandaron a D. Valeriano Carrero y después a mí. En 1980 me destinan a la Parroquia del Rocío, donde he estado en dos etapas: de 1980 a 1988 y, tras un intervalo de dos años en Roma y otros dos en el Polígono Norte, entre 1992 y 2013. Y fue ahí cuando me pedí un año sabático.

¿Pero los sacerdotes pueden pedirse años sabáticos?

¡Claro, es que estaba agotado! Me metí en un berengenal superior a mis fuerzas. Hicimos una obra para rehacer el presbiterio del Rocío y construir salones parroquiales y despachos, pero no calibré mis fuerzas. Me fui un año a Boadilla del Monte, en Madrid, a retomar fuerzas y relajarme un poco.

Ha sido profesor de religión en el colegio Alminar, confesor de monjas en San Clemente, fue arcipreste de Dos Hermanas entre 2000 y 2008 y actualmente es vicario parroquial del Ave María y capellán en la residencia de mayores de San Rafael.  En todos estos años, ha trabajado con Cáritas, fue el artífice de que la Hermandad del Cautivo trasladara su sede a la parroquia del Rocío… pero hay dos cosas especiales que me llaman la atención. Fue usted el impulsor de “Alcohólicos Anónimos” y de ANIDI. ¿Cómo fue?

Lo de Alcohólicos Anónimos lo movimos en 1993 para que vinieran a poner una sede en la parroquia del Rocío. Y la puesta en marcha de ANIDI ocurrió a mediados de los 70. Me enteré de que había una familia en situación muy penosa en Las Pedreras. Fui y me encontré al padre ciego, a la madre impedida en un carrito y al niño con deficiencia mental. Se juntó gente extraordinaria para conseguir que a ese y a otros niños lo recogiera un autobús para llevarlo a un colegio especial. Y se creó ANIDI con gente tan maravillosa como José López “El Quito”, Antonio Claraco y muchos más. El acta fundacional la firmé yo, pero después los dejé volar y continué con mis tareas sacerdotales.

¿Cuántas misas ha dado hoy?

Una por la mañana con los abuelos en San Rafael y otra por la tarde aquí en el Ave María. También tengo a la vista comuniones y bautizos.

¿Qué es lo que más le reconforta a estas alturas, con 76 años?

La oración privada.

¿Cómo es su vida fuera de aquí?

Llevo la vida de un jubilado. Vivo con mi hermana Remedios ahí en Reyes Católicos. Todos los días me levanto a las 8 y me acuesto a las 12 de la noche. Cuando llego a mediodía almuerzo algo que no me haga daño (porque soy delicado de estómago) y a veces veo en la tele “Saber y ganar”. Anoche estaba viendo una película de la India pero no la vi terminar, porque a las 12, siempre corto. Rezamos las completas y a la cama. 

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