El Niño Jesús montañesino del Sagrario de Santa María Magdalena

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Niño Jesús

El Divino Infante procesiona el día del Corpus Christi por las calles de Dos Hermanas

Pocas veces escribimos en estas páginas artículos de Historia del Arte, la cual no es, en ninguna manera, nuestra especialidad, y muchas veces los que en ella aparecen se suelen referir a la arquitectura, singularmente la moderna y, preferentemente civil. Hoy, nos vamos a centrar en cambio en una destacada pieza de Arte Sacro que se guarda en la Capilla Sacramental de Santa María Magdalena de Dos Hermanas, verdadero relicario de las mejores esencias de Dos Hermanas, donde se venera el Niño Jesús que vamos a estudiar junto a imágenes tan significativas como nuestra Virgen de Valme, San Fernando, San Juan Evangelista, San Antonio de Padua, San Francisco de Paula y la virtud teologal de la Fe. No entraremos en honduras sobre este hermoso y lleno de referencias simbólicas recinto sacro, bellísimo sagrario lleno de experiencias místicas.

Nos centraremos, pues, en la imagen del Niño Jesús que se venera en una credencia en el lado derecho del Sagrario. Se trata de una obra de plomo de estilo montañesino, seguramente del siglo XVII. Fue donado por la devota Isabela Gómez Fernández de la Vega en escrito fechado el 7 de abril de 1967.

En efecto, esta señora se dirigió al cardenal arzobispo de Sevilla doctor don José María Bueno Monreal, de tan feliz memoria, Por lo que se ve, hacia un año había tenido que abandonar su vivienda en la Avenida de la Cruz del Campo, número 16 de Sevilla, quedándose sin techo y sin sustento pues en esa casa tenía abierto su negocio.

En esos desafortunados momentos, pudo llevarse a su Niño Jesús conocido como El Mudito. Y este apodo lo consideramos muy interesante pues nunca hemos oído que haya sido llamado así por los feligreses de Santa María Magdalena y, en cambio, su primitiva dueña lo denomina así. Lo cierto es que la dueña tenía miedo de verlo en la vía pública o de tener que verse obligada a venderlo. Optó por llevarlo entonces a la Parroquia de Santa María Magdalena de nuestra ciudad y allí lo puso “bajo el Amparo de la Imagen de la Virgen de Valme”. Y, lo cierto, es que deseaba donarlo a la Parroquia de Santa María Magdalena para que fuese depositado en el Sagrario. Y deseaba nombrar padrinos de la entrega de la dicha imagen al matrimonio formado por el hermano mayor honorario de Valme Carlos Delgado de Cos –que lo había sido efectivo entre 1950 y 1954 y entre 1956 y1959 – y Rosario Soldat Brozek.

Lo cierto es que el cardenal Bueno Monreal, con fecha del 24 de abril de 1967, aceptó la donación de la imagen que quedó expuesta al culto en la Capilla Sacramental de Santa María Magdalena, donde se encuentra en la actualidad, aunque también ha sido venerada en el manifestador del retablo mayor.

Y antes de hablar de esta bella imagen montañesina queremos decir algunas palabras sobre una de las obras cumbres del alcalaíno Juan Martínez Montañés. Se trata del Niño Jesús de la Hermandad Sacramental de la Parroquia del Sagrario –o de San Clemente I- de la Catedral de Santa María de la Sede de Sevilla. Fue tallada por este genial escultor en 1606. Es de bulto redondo esculpido en madera salvo las manos que están realizadas en plomo y que son obra de Pablo Legot. Se desconoce porque se modifican estas manos. Está policromado al óleo tanto en las carnaciones como en el cabello

Tiene forma de S. Presenta un contrapuesto con una pierna más adelantada que otra. Se sostiene que Montañés logra con esta zancada del pie derecho del Divino Infante un ensayo previo a la ejecución del portentoso Jesús de la Pasión de la Excolegial del Divino Salvador, también de Sevilla.

Este Niño es, sin duda, el paradigma del Niño montañesino, en el que se inspiran los demás.

Pero, centrándonos en nuestro Niño del Sagrario diremos que se venera, como se ha dicho en una credencia. Mide 0’62 metros. Poseía potencias de plata al parecer del siglo XIX y en la mano izquierda portaba mundo con cruz de plata al parecer del siglo XVII.
Es una efigie de una gran belleza. Destaca su mirada de almendrados rasgos y su rizada cabellera. Bendice con la diestra mientras que en la siniestra, como hemos dicho, portaba un mundo. Hoy se le coloca en la procesión del Corpus Christi en esta última mano un ramo de uvas y unas espigas, con clara simbología eucarística.

La imagen fue restaurada en 1988, tras dos desgraciados accidentes. En la parte de orfebrería fue restaurada en los talleres de la viuda de Villarreal en Camas, siendo policromada de nuevo en las partes que había perdido y restaurada en general por las restauradoras María Sierra Muñoz Mejías y Rocío Viguera Romero, que la dejaron tal como hoy la vemos. El arreglo fue costeado por los feligreses de la parroquia y el dinero aportado por el templo en la persona de su párroco que lo era a la sazón don Juan Manuel García-Junco Caballero, el cual, dicho sea de paso, siempre estuvo a punto a intervenir en todas las necesidades materiales que tenía la parroquia cuya cura de almas se le tenía encomendada.

Pero nos interesa saber que significa el Niño Jesús del Sagrario para Dos Hermanas. Es una imagen muy venerada por la piedad de los nazarenos. A ello contribuye y mucho que procesiona desde el año 2011 en la procesión del Corpus Christi de la ciudad. En efecto, esta imagen, donada a la parroquia para ser venerada en su bello Sagrario al lado de Jesús Sacramentado y de la Virgen de Valme, recibe ese día el amor de los nazarenos. La Hermandad Sacramental que saca ese día a Jesús Eucaristía y a su titular mariana la Divina Pastora de las Almas –preciosa obra de José Montes de Oca, epígono del Barroco sevillano- también se encarga de sacar a este Niño Jesús montañesino. Hoy por hoy la procesión saca cuatro pasos: el Beato Bienvenido de Dos Hermanas –en el mundo José Miguel Arahal-, la Divina Pastora, el Niño y el Santísimo.

Pero antes de acabar nos gustaría siquiera mencionar a otras dos imágenes del Niño Jesús veneradas en Dos Hermanas. Una es el Santo Niño de la Alegría, venerado en el Colegio de Santa Ana de Dominicas del Santísimo Sacramento el cual se encontraba antes en la Capilla de Santa Ana. Se dice que era el Santo Niño de la Paz, venerado por la Madre María Antonia de Jesús Tirado, la gran mística jerezana fundadora del Beaterio del Santísimo Sacramento de Jerez de la Frontera, casa madre de la citada congregación. En Dos Hermanas era una gran devoción de las aceituneras y le estaban concedidos privilegios a los que rezaren ante ella que se guardaban en el desaparecido coro bajo de la capilla, donde alcanzamos a verlos. Es muy bello y está impregnado de mucha dulzura y misticismo.

Por otro lado en el Oratorio de la Obra de la Iglesia se venera el magnífico Niño Jesús de la Esperanza, atribuido a los hermanos del siglo XVII Ribas, sea a Felipe, Gaspar o a Francisco Dionisio. Fue donado por las hermanas Varo. Es también muy bello y está lleno de empaque y elegancia.

Pero estas obras como otras imágenes del Niño Jesús veneradas en Dos Hermanas merecen otros trabajos. Sólo nos queda decir que el que es absolutamente delicioso es el Niño de la Virgen de Valme, el Niño de nuestra singular protectora, que lleva en su mano un pajarillo que simboliza en alma del fiel que se encuentra bajo su divina voluntad. Y lo que no cabe duda es de que en la devoción a Santa María de Valme tiene mucho que ver el cariño que los nazarenos le tenemos a su Divino Infante, imagen tan familiar para todos que nos ponemos, cual pajarillo, en sus delicadas y, a la vez, poderosas manos.

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