Crónica de la Cuaresma y la Semana Santa del año 2019 (y VI)

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Santo Entierro

La hermandad de la Amargura no procesionó, sí, en cambio, la del Santo Entierro

Esperando hoy, por fin –ya era hora- acabar con la crónica de la intensa Semana Santa del 2019 –llena, llenísima, de estrenos y acontecimientos- llegamos ya a la triste y luctuosa tarde del Viernes Santo. Los oficios de la Pasión del Señor llenaron las parroquias de la ciudad y los otros templos. Asistimos a los de la Obra de la Iglesia, siempre tan devotos, pero no nos cabe duda de que se desarrollaron con igual fervor en Santa María Magdalena –por algo es nuestra iglesia mayor y espejo donde se mira esta devota y compleja ciudad- y en otros muchos templos de esta querida Dos Hermanas.

Pero el tiempo amenazaba lluvia y una de nuestras hermandades más populares y famosas fuera de nuestras fronteras, la Amargura decidió no salir. Es una hermandad que en tan triste, entre comillas, día llena de luz y esplendor el centro de Dos Hermanas. Este año, la Virgen estaba magníficamente ataviada con su tocado que la singulariza mucho dentro de la Semana Santa nazarena y su manto liso negro. El paso es espectacular, ni más ni menos el que se merece tan bellísima e imponente imagen de Jesús y la no menos bellísima e imponente imagen de su Madre. Ambas tienen un innegable carisma y mueven a devoción. El paso se adornaba con clavel rojo. Lamentablemente, Dos Hermanas este año se quedó sin ver a esta cofradía cuya titular es faro y guía de tantos y tantos populares barrios de nuestra ciudad. La Amargura sin duda es una de las imágenes de María más veneradas y con más tirón de Dos Hermanas. Este año, iban a salir dos servidores de librea acompañando al preste, que se sumarían a los dos que van delante de la cruz de guía. Por otra parte, se han restaurado los ciriales, pértiga y estandarte.

Y llegó el sábado. Ese día procesiona una cofradía con mucho caché como ya hemos dicho: el Santo Entierro. Su procesión con la presencia del muñidor, las tres virtudes teologales –Fe, Esperanza y Caridad-, la Verónica –las cuatro salen también en la Amargura- y las tres Marías –Magdalena, Cleofás y Salomé-, el palio de respeto, la representación del Consejo de Hermandades y Cofradías, la representación de la Ciudad, etc. muestra una evidente espectacularidad. Antes, como es sabido, todavía mostraba más. De todas formas, siempre falta limar algo. Ya sabemos que en el duelo la ciudad debe presidir al consejo y no al revés como pasa hoy. No es lo mismo representar a quince hermandades que a una importante ciudad como Dos Hermanas. La lógica es apabullante. Además el duelo no debe ir en el paso de Cristo sino con la Virgen que es la doliente. Cumplimos con decirlo. Pero salvo estos detalles la procesión del Santo Entierro es una maravilla de seriedad, puesta en escena, espectacularidad, etc Todo dirigido a conmover a los fieles que la contemplan. El Cristo es hiperrealista y con grandes quilates tanto como obra de Arte que como obra que mueve a devoción. Su paso se ornaba con iris morado. En cuanto a la Virgen de la Soledad, es una bellísima dolorosa. Se tocaba con una blonda antigua regalada por sus fervorosísimos hermanos el sacerdote don Miguel Adolfo Vázquez Lombo y su hermano el cantante Manuel Vázquez Lombo, dos de los hijos más preclaros que tiene hoy Dos Hermanas y que forman en las filas de esta singular cofradía. También hay que decir que la imagen, se adornaba con la media luna de la Virgen de las Virtudes de Santa María Magdalena que le viene como anillo al dedo.

El paso llevaba jarras cónicas y bicónicas de clavel blanco, tipo de jarras muy propias de hermandades llamémoslas serias. La candelería ha sido pintada con motivos heráldicos por un grupo de cofrades dirigidos por Marco Antonio Moreno Acosta.

En ellas se presentaban los cuatro dogmas marianos es decir la Purísima Concepción, la Virginidad Perpetua, la Maternidad Divina y la Asunción. Es curioso que para representar a la última este polifacético artista ha elegido a la Asunción de Cantillana, carismática efigie que se encuentra sin duda entre las más conocidas y famosas del arzobispado de Sevilla. También hay que decir que la cruz de guía y el asta de la bandera han sido restauradas por Fernando del Toro. Para acabar, diremos que la cofradía se luce en todo su recorrido acaso porque no se trata tanto del recorrido como de la belleza del cortejo.

Y llegó la Resurrección y la clave de nuestra fe. Cristo ha resucitado ¡Aleluya!. Muy solemnes fueron las vigilias pascuales o la misa de Pascua de Vera-Cruz el domingo por la mañana o la solemne función de la Resurrección del Santo Entierro con el Resucitado presidiendo un bello altar con abundancia de cera y dos jarras con clavel rojo, amén de que estaba adornado con bandejas y sacras. En fin tenemos que acabar. Sólo nos resta decir cuatro puntos. Primero que el traslado de la Borriquita la tarde del Domingo de Pascua, de la Oración en el Huerto la noche del Lunes de Pascua fueron epígonos de la Semana Santa. Segundo que numerosas bandas locales o no con el estreno de varias marchas llenaron de color con sus acordes la Semana Santa. Tercero que, como siempre, fue indispensable el trabajo de los costaleros, en lo que es una de las grandes aficiones de la juventud de las cofradías nazarenas. Y cuarto que numerosos carteles, programas de mano y, sobre todo y ante todo, la gran revista Azahar han contribuido a caldear el ambiente. De entre los carteles, por supuesto, queremos citar el oficial de Juanmi Martín Mena con su palio de la Estrella, su Verónica con el Cristo de la Vera-Cruz en el lienzo, su nazarenito de la Borriquita, su guiño a Santa Ana, su nazareno del Gran Poder, etc. Se trata de una obra muy medida y tan innovadora y fresca como todo a lo que nos está acostumbrando el autor. En cuanto a Azahar, se trata de una magnífica guía con artículos que acompañan de personas tan relevantes como Jesús Barbero Rodríguez, Manuel Ángel Jurado Fernández, Fernando Pérez Serrano, Alejandro Jurado Mejías, Juan José Domínguez González, Antonio J.Ortega Avilés, Antonio Miguel Bascón Román, Macarena Romero Gómez o incluso el autor de estas líneas que contra su costumbre escribe un artículo corto.

Por los textos, la información y las imágenes Azahar se ha convertido ya en toda una revista imprescindible para conocer nuestras Semana Santa.

A ello, tenemos que añadir dos grandes exposiciones Ars Pietatis y la de pintura de Joaquín Alcántara en que retrata muy acertadamente las imágenes de nuestra devoción.

En fin, dejamos atrás una movida Cuaresma y una movida Semana Santa. Sólo nos queda lo más importante, la Pascua en la que celebramos la Resurrección del Verbo Encarnado y en la que hoy, en plena Feria, nos encontramos inmersos, cercanos ya también los gozosos días de Pentecostés en los que también vibra Dos Hermanas.

Fe de erratas

En el artículo de la semana pasada los duendes de la redacción nos jugaron una pasada y donde debía decir Paco Camero apareció Pepe Camero.

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