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viernes 6 de noviembre de 2026
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Ysabel, la filipina que encontró su hogar en Dos Hermanas

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Ysabel en Dos Hermanas

Llegó a España hace tres años y, después de vivir en Oviedo, eligió Dos Hermanas para echar raíces

Ysabel Angelica Coronado ha encontrado en la ciudad tranquilidad, amor y una nueva forma de conectar con sus orígenes.

Ysabel Angelica tiene una palabra favorita en bisayo, una de las lenguas que se hablan en Filipinas: «Padayón». Significa seguir adelante, no rendirse. Una expresión que encaja con su propia historia.

Es la historia de una joven que dejó atrás una gran ciudad de su país para descubrir mundo. Después de recorrer miles de kilómetros, ha encontrado en Dos Hermanas el lugar donde echar raíces.

Llegó a España hace tres años. Su primera parada fue Oviedo, pero el clima no terminó de convencerla y decidió poner rumbo al sur.

Hace un año se instaló en Dos Hermanas, donde trabaja como profesora de inglés en una conocida academia de idiomas. Antes de establecerse en tierras andaluzas, había viajado a Japón, Singapur y Estados Unidos. También recorrió distintos países europeos como auxiliar de conversación.

«Me encanta el ambiente local y el ritmo de vida de Dos Hermanas. Aquí todo es más tranquilo y me permite disfrutar de las pequeñas cosas», explica.

Una tranquilidad a la que se ha acostumbrado después de vivir en Makati, una de las principales ciudades financieras de Filipinas.

De esta tierra le gusta todo: «el clima, la gastronomía, la cultura y, sobre todo, la gente». Entre sus platos favoritos están «el salmorejo de mi marido o las espinacas con garbanzos que prepara mi suegra».

Porque aquí también ha encontrado el amor junto a un sevillano. Una relación que se ha convertido en un pilar fundamental de la vida que ha construido lejos de casa.

Sus rincones favoritos de Dos Hermanas

Ysabel asegura que le gusta «habitar la ciudad», recorrerla y descubrir sus rincones.

Entre sus lugares favoritos están la Plaza de los Jardines del Ayuntamiento y el parque de la Alquería. Allí encuentra espacios para desconectar y disfrutar del entorno.

La natación ocupa también un lugar importante en su rutina. Acude casi a diario al polideportivo Ramón y Cajal, donde disfruta compartiendo momentos con personas de distintas edades.

Asimismo, destaca el apoyo recibido por la comunidad de San Hermenegildo, que también cuenta con presencia en Filipinas.

De hecho, varios sacerdotes del país asiático han viajado hasta Dos Hermanas para conocer la realidad de la comunidad local. Estos encuentros permiten compartir experiencias e intercambiar puntos de vista. También contribuyen a estrechar los lazos entre ambas comunidades.

Mientras descubre Dos Hermanas, Ysabel continúa aprendiendo. «Veo series en español y leo mucho para perfeccionar el idioma, también me interesa conocer las costumbres locales», señala.

«Para mí, es fundamental integrarme en el lugar en el que vivo, comprenderlo y formar parte de él», sostiene.

Un apellido que conduce hasta Andalucía

Su conexión con esta tierra, sin embargo, viene desde mucho antes de su llegada.

Ysabel aprendió español, entre otros motivos, por sus raíces familiares. Sus antepasados proceden de Motril, en Granada, desde donde emigraron a Filipinas a finales del siglo XIX.

Su propio nombre y sus apellidos son una muestra de los vínculos históricos entre ambos territorios.

Filipinas permaneció bajo dominio español desde 1565 hasta 1898. Aquel periodo dejó una profunda huella en su cultura, su gastronomía y su lengua.

Fue al instalarse en España cuando Ysabel comenzó a ser consciente de hasta qué punto esa historia seguía presente en su vida cotidiana.

«Cuando vine a vivir a España, había palabras que entendía y que había utilizado toda mi vida pensando que eran tagalas, pero descubrí que procedían del español», recuerda.

Palabras como silla, cuchara, iglesia, galleta o agosto forman parte de esa herencia lingüística.

También son frecuentes en Filipinas los nombres y apellidos de origen español. Su propio nombre y su apellido, Coronado, son una muestra de esa conexión compartida.

La influencia también se aprecia en la cocina. En Filipinas se preparan platos como el adobo y el mechado. También existen elaboraciones que recuerdan al puchero o a la paella, aunque «la hacemos un poco diferente», comenta.

Filipinas, un mosaico de lenguas y culturas

Filipinas es un país marcado por la diversidad lingüística y cultural.

El filipino, basado en el tagalo, y el inglés son sus lenguas oficiales. Sin embargo, en el archipiélago se hablan numerosas lenguas regionales, como el bisayo o el chabacano. Este último cuenta con una importante influencia del español.

Esa variedad refleja la historia de un país que ha recibido influencias de distintas culturas a lo largo de los siglos.

También se percibe en sus tradiciones religiosas. El catolicismo es la religión mayoritaria entre la población filipina.

Las celebraciones de Semana Santa guardan muchas semejanzas con las andaluzas, según explica Ysabel.

«Allí también tenemos procesiones que recorren las calles como aquí, incluso tenemos una réplica de la Virgen de la Macarena», cuenta.

«Mi marido, que es muy capillita, cuando vio todo aquello a miles de kilómetros alucinó», rememora entre risas.

Dar a conocer Filipinas desde Dos Hermanas

A Ysabel le sorprende que Filipinas siga siendo un país tan desconocido para muchos españoles, pese a la larga historia que comparten ambos territorios.

Cuenta que, cuando la gente la ve, suele pensar que es japonesa o china. Sin embargo, rara vez identifican su origen filipino.

«No los culpo, es por desconocimiento», reconoce.

Por eso, siempre que puede, aprovecha sus clases para acercar a sus alumnos la cultura de su país. Les habla de sus costumbres y tradiciones y les muestra imágenes de sus espectaculares playas.

Para ella, conocer otras culturas es fundamental para favorecer el entendimiento y el respeto.

También es una manera de «mantener vivas sus raíces y compartir con los demás una parte de quién es».

Quizá por eso su palabra favorita, Padayón, encierra tanto significado. Seguir adelante, no rendirse y continuar descubriendo.

Porque a veces viajar lejos no significa dejar atrás las raíces, sino encontrar nuevas formas de comprenderlas.